De eso me hablaba siempre Víctor.
- Tienes que ver la verdadera magia.
Y yo miraba como movía sus veloces y delgadas manos, veía como un 7 de diamantes desaparecía entre sus dedos, dejando un 8 de trébol a la vista de todos, y sorprendiendo a su publico.
- ¿Esa es tu carta? -le decía a una chica, completamente seguro de la respuesta.
- ¡Si!
Entonces comenzaban las preguntas sobre como lo hacía, pero Víctor les negaba cualquier explicación:
- Se perdería la magia.
Todos se alejaban, y Víctor se acercaba a preguntarme.
- ¿Y, viste la magia?
- Vi dedos rápidos.
- No estas mirando bien.
Esa era la verdadera rutina, nuestra rutina. Los trucos variaban, algunas veces una carta desaparecía y se materializaba detrás de la oreja de alguien, otras fingía equivocarse para aparecer la carta correcta de la nada, cada truco era distinto y mas sorprendente que el anterior, pero la pregunta siempre era la misma:
- ¿Viste la magia?
Y mi respuesta siempre buscaba resolver como se había llevado a cabo el truco, pero Víctor me reprendía:
- No estas mirando bien, tienes que ver la verdadera magia.
Y les juro que la busqué, intente ver la magia en los trucos, intenté creer en lo que hacía, pero no pude.
Hasta que un día la curiosidad me venció, y le pregunté a Víctor:
- ¿Cual es la verdadera magia?
- La has visto tantas veces, pero no observas bien.
- Entonces que, ¿eres un verdadero mago, de verdad haces magia?
Soltó una pequeña carcajada.
- Obvio que no hueón, solo tengo manos rapidas.
- ¿Entonces?
Se puso pensativo, y me hizo una proposición.
- Hagamos una cosa, te voy a dar una ultima oportunidad. Haré un ultimo truco y tu deberás ver la verdadera magia.
- ¿Y que será distinto a las otras veces, que hará que esta vez funcione?
- Que esta vez no podrás ver mis manos.
- ¿Que, pero entonces como? ...
- Esas son las condiciones, ¿aceptas?
- Hecho.
Se levantó y se acercó a un grupo de personas.
Comenzó con su rutina. Al haber aceptado la condición de Víctor, me limité a ver todo de lejos sin prestar gran atención al truco en si, y sin haberlo querido, comencé a fijarme en los rostros de los que miraban el show de Víctor.
El truco terminó, y yo vi la verdadera magia.
Vi los ojos del publico, como brillaban.
Como parecían ser niños que se sorprenden al ver algo nuevo.
Es que, lamentablemente, a mi corta edad, ya existen pocas cosas que nos sorprendan, cosas que den brillo a nuestros ojos y nos hagan sentir que aun hay algo mas, ese algo que no entendemos.
Y cuando nos volvemos a sorprender, cuando nuestros ojos vuelven a brillar
Esa, esa es la verdadera magia.
-
De la verdadera magia.
martes, 14 de febrero de 2012
Publicado por DAguito De Lefént en 17:19 | Etiquetas: De Lefént. | Enviar por correo electrónico Escribe un blog Compartir en X Compartir con Facebook |
0 comentarios:
Publicar un comentario