Rss Feed
    Mostrando entradas con la etiqueta De Lefént.. Mostrar todas las entradas
    Mostrando entradas con la etiqueta De Lefént.. Mostrar todas las entradas
  1. La Mujer Erizo.

    lunes, 13 de enero de 2014

    Yo amé a La Mujer Erizo.

    De aquello no reniego.

    No suena bien, pero nos encontramos por algo bastante parecido a la necesidad
    con gusto a nuevo
    con aires de locura
    con ganas pocas y de sobra.

    Y sin tener claro como, un día, me vi atrapado en el departamento de La Mujer Erizo.
    Pasamos la mañana haciendo el amor.
    La tarde cocinando fideos con mantequilla y queso rallado.
    Las noches no las pasamos.

    Había solo una regla.

    No puedes pasar la noche aquí.

    No pregunté, no quise hacerlo. Temí que la verdad me superara, quizá vi venir lo que ocurría.

    Pasaron meses, realmente comencé a pasar mucho tiempo con La Mujer Erizo.

    En algún punto comenzaron los problemas.

    ...

    Me encantaría decir aquello, escribirlo grande y en una sola línea, convencer al lector, a ti, de paso convencerme a mi un poquito. Lo cierto es que los problemas para mi empezaron el mismo día que La Mujer Erizo me dijo que no podía pasar la noche con ella.

    Pronto comencé a buscar otras cosas.

    Llegaba oliendo a cerveza, y ella se quedaba en la cama, acariciándome, preguntándome, esperando.

    Y hasta en esos tiempos, debo decir que fue bastante lindo.

    El tener siempre un lugar al que llegar, aunque ella no me quisiera siempre ahí, y cada vez le interesara menos.

    Comencé a sentir un hedor aplastante a rutina. Yo escapaba de mi vida y terminaba llegado al departamento. Ella me recogía como una especie de perro borracho/hambriento y luego me dejaba ir.

    Nunca le hice saber cuanto detestaba que me dejara ir, ni que jamás abandonara su departamento.

    Lo poco que entregaba.

    .

    Olvidar pareció más fácil.

    Pronto dejé de llegar.

    Hasta que un día me llamó La Mujer Erizo.

    Esa noche a las nueve estaba yo frente a la puerta de su departamento, y desde ahí la vi en la cama.

    Hicimos el amor, dormimos, y la habitación quedó en penumbras.
    Antes de cerrar los ojos, vi la silueta de su rostro entre las sombras,
    y pareció tan única, que la guardé para siempre.

    Horas más tarde desperté, entonces la vi.

    A mi lado, en su lado, acurrucada sobre las sabanas, dormía una tierna y pequeña erizo.

    No me moví. Cerré y abrí los ojos tantas veces como pude, pero fui incapaz de moverme. La habitación comenzó a dar vueltas y yo creí entender algo.

    Eso era todas las noches, todas las noches ella se transformaba en una preciosa erizo, la más preciosa que yo haya visto.

    Las cosas comenzaron a ponerse mejor.
    Mis apariciones fueron, lenta, muy lentamente, en aumento

    Amé a la mujer erizo y ella me amó.
    Cocinamos todos los fideos del mundo y comimos y dormimos e hicimos el amor hasta que no quedó nada.

    Una tarde llegué al departamento y eso había: nada.

    Dejó solamente los sillones y una carta sobre ellos:

    Amor, lamento tener que hacer las cosas así. Ya no puedo con tus inseguridades, y siento que tu tampoco. Necesito cosas nuevas, y no creo justo que me sigas esperando. Amé cada mañana, tarde y noche, y por un tiempo de verdad volviste este refugio un hogar. Pero (que horrible suena ese pero) la rutina me consume, y tengo que hacer esto. Te amo, pero no me hace bien.

    Me quedé quieto, esperando que algo pasara.

    El sol se escondió y la oscuridad reinó el departamento que alguna vez fue nuestro.

    Mi ropa cayó.

    La habitación se volvió gigante.

    El mundo cambió para siempre y sentí el suelo tan cerca como nunca.

    Yo fui quien escapó

    Yo fui quien no se atrevió a entregarse.

    Yo era el de las púas.

    Yo soy El Hombre Erizo.

  2. Para levantarme cada día.

    miércoles, 21 de marzo de 2012

    ¿Quieren saber un secreto?

    Cada mañana me levanto con la certeza de que el día va a ser mas insignificante que ayer.
    A menudo es así.
    Tampoco es la gran profecía, pero es cierto.

    Pero ese no es el secreto.

    Me dejo caer en la ducha esperando que mi madre me grite diciéndome que es tarde.
    Entonces subo desnudo a mi cuarto, y vuelvo a meterme en la cama.
    Me contraigo y pego las rodillas al pecho, escondido del mundo bajo el cobertor

    Y sueño.

    Sueño en como el mundo se levanta.
    Como el mundo se va a trabajar.
    Despiertan para hundirse en otro sueño, uno donde no se sueña.
    Y yo descanso, riéndome del mundo.

    Entonces vuelvo a soñar, y despierto muy lejos.
    Allá en la patagonia, a los pies de un lago, tendido en la hierba.
    Todo era tan hermoso allá.

    Uno se cuestiona como llega a abandonar esos lugares, lugares lejos de la gente,
    lejos del mundo.

    Y recuerdo.

    Recuerdo como extrañaba a alguien, como me hacía falta.
    Y como ese alguien era mas que suficiente para abandonar ese sueño,
    para volver a la realidad.

    Y despierto.

    Es entonces que uno aprende, y se graba en el alma
    que hay cosas mas grandes que los sueños
    cosas por las que vivir el mundo
    y levantarse cada mañana, pensando que el día, podrá ser mejor.

    Y así, cada amanecer, vuelvo a despertar, un poco mas fuerte.

    Eso, y un poco de amor.

    Ese es mi secreto.

  3. Sobre un enemigo que necesitamos.

    domingo, 19 de febrero de 2012

    Cada cierto tiempo, mis padres me llevan a San Antonio. Allá viven mis abuelos y a pesar de que cuando voy a visitarlos prácticamente no hago nada, es algo que realmente me agrada.

    Cuando era mas pequeño, no me gustaba mucho ir, porque siempre estaba solo. Me preguntaban porque no salía a hacer amigos o algo así, pero la verdad es que era muy tímido para eso, y fui aceptando a la soledad como compañera.

    Con los años dejó de importarme la soledad. Dejó de ser un latente temor (temor, que a mi parecer, habita en los corazones de todos cada cierto tiempo), y la visita, junto con la sensación de soledad, se trasformó en algo placentero, donde normalmente me desconecto de todo, y termino de leer algún libro.

    Hace algunos días, yo me encontraba medio dormido leyendo en el sillón de mis abuelos ,cuando mi madre me llamó.

    - Hijo, ven un poco.

    - ¿Que pasa?

    Ella se encontraba afuera con mi abuela y una tía, y desde donde yo me encontraba se podía escuchar otra voz.

    - Es que está una prima mía y quiere conocerte.

    Me levanté tratando de arreglar la cara de culo que tenía, y cuando salí, vi a una señora con un niño a su lado.

    Eran la prima de mi madre y su hijo, Juanito.

    - Yo te vi en la mañana -le dije a Juanito.

    - No sé...

    - ¿Llevas puesta una polera del Rey Misterio, no?

    Cuando lo dije el movió ambos brazos que tapaban su pecho, y dejo ver su polera donde aparecía imponente el falso luchador, mientras en su pequeño rostro se dibujaba una sonrisa enorme.

    - ¡Si!

    Y yo le sonreí.

    Me quedé un rato mas por cortesía, pero ademas, algo extraño ocurría con Juanito, sentía que el no era normal, y mi atracción por la gente extraña siempre ha sido una de mis cualidades.

    - Igual me da lata por el Juan, porque pucha ... acá no tiene amigos -decía su mamá, con el niño entre sus brazos.

    - Es que acá vivimos puros viejos -dijo mi abuela.

    - Si po'. Osea, ahora se junta con un niñito, pero no me gusta mucho. La otra vez el Juan llego diciendo que lo había ahorcado y como que quedó con miedo. Yo le diría que no se junte con el, pero como no tiene mas amigos...

    Todas comenzaron a hablar, a comentar sobre el horrible bullying que acontecía al mundo, a ese que siempre a existido pero ahora es mas terrible por aparecer en internet, y desde los brazos de su madre, rozando el silencio, Juanito dijo algo que nadie se preocupo de oir:

    - Me gustaría que el Rey Misterio fuera mi amigo.

    Y su mirada se perdió en el cielo, soñando que luchaba junto a su gran héroe.

    Al rato, yo me acerqué a Juanito.

    - ¿Tienes un problema con un niño?

    - No es un niño, pero mi mamá no me cree.

    - ¿Y que es?

    - No sé, pero me ahorca, aveces me desgarra algunas partes, pero no deja heridas, y nadie me cree.

    Pensé un instante.

    - ¿Te gustaría que el Rey Misterio te ayudara?

    Los ojos de Juanito emanaron una luz que yo no veía desde hace tiempo, y luego de afirmarme que le encantaría, yo le prometí que su héroe esteroídico se presentaría mañana en la plaza que había frente a su casa.

    Juanito se fue a ver la lucha libre, yo a acostarme, y a pensar en la estupidez que había prometido.

    Tuve que levantarme a las 9 de la mañana a recorrer las tiendas del centro buscando una mascara del Rey Misterio, y dos horas después, cuando lo había logrado, mi aspecto aun no lucía como el de un gran luchador.

    Cuando llego la hora del encuentro, me puse mi traje, y salí a la plaza, donde Juanito me esperaba.

    - ¡Cachen al Kinikuman cagao de hambre!

    Le decía un flaite a sus amigos, pero yo seguía con mi misión. Cuando llegué hasta Juanito, el me recibió con la gran admiración que yo esperaba.

    - ¿Y tu quien eris?

    - ¿No me conoces?, soy el gran luchador, el Re...

    - Si te conozco, pero estay un poco ... flaco.

    - Es que estoy de vacaciones, la próxima semana vuelvo al gimnasio.

    - Mmm ...

    El niño no era estúpido y en un momento hasta pareció aceptar todo como lo que era: un intento de buen gesto. Pero entonces ocurrió algo.

    - ¡Mira, el es el que siempre me ahorca!

    Al mirar en la dirección que indicaba Juanito, distinguí a un niño muy parecido a el, solo que un poco mas grande.

    - Pero tu mamá tenía razon, es solo un niño.

    - No es un niño -añadió con desesperación-, mira ... mira bien.

    Entonces pude distinguir los profundos ojos del niño. Sus ojos irradiaban un frió envolvente, y en su caminar se mostraba algo verdaderamente aterrador, algo ... algo que no era humano.

    - ¿Que es eso?

    - Eso dice que todos lo conocen -dijo Juanito, con una voz que no sonó tan aterrada como la mía-, pero que nadie lo quiere.

    De la nada, Eso se movió con una velocidad monstruosa hasta aparecer frente a nosotros. Se dirigía hacia Juanito, y con la poca conciencia que poseía en el momento, logre colocarme frente a el, obstaculizando su camino.

    - No ... -mi voz temblaba-, no te acerques.

    Se movió con paso inhumano por mi lado. Yo no había ni alcanzado a parpadear, a mover un solo musculo, a articular palabra alguna. La velocidad con que Eso se movía era aterradora, y yo no estaba logrando nada por defender a Juanito.

    Se colocó frente a el y lo levanto en el aire con sus pequeños y monstruosos brazos.

    Lo ahorcaba.

    Juanito intentaba gritar, intentaba moverse, pero Eso no se lo permitía. Quizás hasta de llorar trataba, pero ni sus lagrimas tenían el valor de asomarse a la espantosa escena.

    Comencé a desesperarme, la rabia movió mi cuerpo. Dirigí una mano hacia el hombro de Eso, con el fin de apartarlo hacia atrás, de que soltará a Juanito. Cuando logré tocarlo, sentí algo horrible.

    Un escalofrío descomunal recorrió mi cuerpo. Cada pelo del mismo se erizó por completo. No veía nada, pero sentía como no lo hacia hace tiempo.

    El desgarro en la piel, el nudo en la garganta, el frío en la espalda, el ardor en el corazón. Todo tenía un sabor familiar.

    - Yo ... yo te conozco.

    Eso ya no tenía forma humana. Era solo una sombra que me levantaba por los aires apretando mi cuello. A pesar de su aspecto abstracto, estoy seguro de que alguna parte de el llevaba una enorme sonrisa, una sonrisa de satisfacción.

    El dolor era cada vez peor. Era un dolor extraño, un dolor que se metía dentro tuyo, que corría por tus venas, y dejaba salir a todo lo demás, para darse espacio a si mismo.

    Yo perdía la conciencia, y no se que hubiera sido, si no hubiera aparecido una voz.

    - ¡Sueltalo!

    Eso se volteo, y Juanito le gritaba.

    - ¡Suelta a mi amigo, tu problema es conmigo!

    Entonces Eso se dirigió hacia Juanito. Se volvió una nube negra que lo envolvió, entro en el, y desapareció. Yo quedé en el suelo, con el pequeño Juanito sentado a mi lado, preocupado por mi condición.

    - ¿Estas bien, Rey Misterio?

    - Si Juanito, gracias por salvarme.

    - No entiendo, ¿que pasó?

    Yo le hubiera explicado todo, pero me limité a decirle que me había salvado.

    Y es que el debía descubrir por si mismo, que acababa de vencer a la soledad. Y la soledad, no es algo que se venza con la ayuda de otro: nadie nos puede ayudar a vencer nuestra propia soledad. Sino que se derrota solo -aunque esto parezca paradójico-, entendiéndola no como un otro, sino como una parte misma de nuestro ser, una que reclama cariño y tiempo para si misma, para nosotros.

    Y que por medio de ella, solo de ella, descubrimos algo sobre nosotros, algo que solo el tiempo y el dolor revelan a nuestros corazones, que nos embellece, y nos vuelve mas fuertes, quizá casi tan fuertes, como el Rey Misterio.

  4. Cualquiera está en los momentos difíciles.

    jueves, 16 de febrero de 2012

    Se llama Leslie, es mi tía, y hace unos años tuvo depresión.

    Yo era pequeño, y de las pocas cosas que recuerdo de esos años, es que mi tía era bastante desagradable. Nadie parecía disfrutar de su compañía, y la verdad, dudaba de que ella disfrutara de la de alguien mas.

    Una noche antes de ir a verla, yo no podía dormir, y escuchaba a mis padres hablar con otros tíos.

    - Es que la Leslie es tan insoportable a veces -decía mi madre.

    - Si -afirmaba otra tía-, y es tan desatenta, nunca prepara nada cuando la vamos a ver.

    Escuche por horas todo lo que hablaban. Tenía cierto encanto escuchar a los adultos cuando realmente eran ellos, cuando no mentían fingiendo valores frente a los niños.

    Al otro día yo tenía algo que ver en la tele, y no quería ir, por lo que le pregunte a mi madre.

    - Mamá, ¿porque vamos a ver a la tía si no le cae bien a nadie?

    Y ella me respondió:

    - Porque es nuestra familia, y es lo correcto.

    Eso parecía ser suficiente para mi madre, pero lo cierto es que mientras transcurrían los años, las visitas eran cada vez menos frecuentes, hasta que pasaron a ser inexistentes.

    Hasta hace unos dos años:

    - ¿Donde vamos? -yo iba en el auto, y aun no me enteraba de el asunto.

    - A ver a tu tía Leslie -respondió mi madre.

    En ese momento ni siquiera me acordaba que la tía Leslie existía, pero luego de un rato la recordé.

    - ¿Y porque vamos a verla? -el sentido de la pregunta era claro: porque ahora, que había cambiado.

    - Es que a tu tía le dio depresión.

    Después de eso un silencio marco todo el viaje.

    Cuando llegamos nos encontramos con la mayoría de mis tíos, era una gran reunión familiar, que buscaba sacarle alguna sonrisa a la solitaria Leslie.

    Y contra el que era mi pronostico, funcionó.

    Cada cierto tiempo la íbamos a visitar, y en muy poco se volvió un miembro habitual de la familia, luego de haber desaparecido por años.

    Tampoco es que haya cambiado, seguía siendo igual de idiota. Pero era la familia, y eso era lo correcto.

    Finalmente mi tía superó su depresión, y todos sacaron pecho, sintiéndose orgullosos de sus valores familiares, jactándose de su filantropía con la desagradable Leslie.



    Nunca mas la vimos.



    Puede que exagere, quizás un par de veces mas, pero en esencia fue lo mismo, Lsslie volvió a desaparecer. Tampoco digo que no se lo merezca, ella era una idiota, pero yo me preguntaba para que había sido todo el esfuerzo si todo volvería a ser como antes.
    Es que si alguien realmente la hubiera amado, las cosas hubieran sido distintas.

    Y no puedo evitar pensar en uno de esos dichos populares, esos que la gente trata de sabiduría:

    "Los verdaderos amigos se ven en los momentos difíciles"

    o

    "Cualquiera está en los momentos fáciles".

    Pero lo cierto es que cualquiera puede estar en los momentos difíciles. Porque los momentos fáciles, esos que destacan por las risas y la felicidad, requieren esfuerzo. Y ese esfuerzo es mas que perder tu sábado, mas que la bencina que tengas que echar al auto, mas que cualquier sacrificio material o temporal. El verdadero esfuerzo, trata sobre abrir el corazón, e intentar amar.

    Y a la pobre Leslie, nadie la intento amar. Se limitaron a cumplir con su labor familiar y devolverle su sonrisa, cuando eso estuvo listo, volvieron a dejarla sola, y su sonrisa se marchó, quedando en la memoria familiar en el mismo lugar que Leslie: en el olvido.


    Eso, a mi parecer, fue tomar el camino fácil.


    Quizás por eso tenía depresión mi tía Leslie.

    Quizás nunca nadie la amó.

    O quizás, nadie se dio el tiempo de amarla.

  5. Nos llevaron a reparación.

    miércoles, 15 de febrero de 2012

    -¿Y, que ramos quieres tomar?

    -...

    -¿Qué ramos...?

    - ¡NO! -exclame, con rabia.

    -¿Qué pasa? -dijo el, un poco asustado.

    -Oh, nada, disculpe, es que me mató una tortuga.

    Se asomo por el escritorio y vio entre mis manos el pequeño aparato portátil reproduciendo un videojuego.

    -Si, disculpe. ¿Qué decía?

    Mi padre me miró con cara de que fuera un poco mas educado. Yo guarde mi consola y miré al tipo de las preguntas.

    -Te preguntaba qué ramos quieres tomar.

    ¡Ninguno!

    -Matemáticas, historia y lenguaje -miré a mi padre, en gesto de saber si aprobaba mi decisión, el la aceptó.

    El tipo hacía las preguntas. Yo jugaba, o miraba el celular, y mi padre respondía por mi.

    Fui molesto el mayor plazo posible. Cheques, charlas, firmas; eso.

    En el auto nos fuimos discutiendo sobre la utilidad del pre-universitario, en un claro debate a favor/en contra.

    Despertarme a las 10 de la mañana para tremenda mierda cuando solo quería llegar a la casa de mis padres (y eso si que era extraño).

    -Tenemos que ir al centro, hay que cambiar unos pernos de la rueda delantera izquierda.

    No dije nada, no podía estar mas cabreado y si abría la boca podría arrepentirme.

    Al llegar estuve tirado al sol unas dos horas esperando que nos atendieran. Miraba al auto, había algo familiar en el, como si existiese un tipo de conexión entre ambos. El tipo que debía sacar las tuercas fue a buscar unas herramientas, entonces yo me aproveché de su ausencia y me acerque al auto.

    - ¿Así que estas enfermo?

    El no dijo nada.

    - Parece que a ambos nos quieren reparar.

    Entonces me hizo un cambio de luces, y supe que me entendía, que no eramos tan distintos.

    - Pero nosotros no le hemos pedido a nadie que nos arregle, ¿no?

    Movió sus ruedas delanteras de izquierda a derecha, siendo una clara negación.

    - Entonces, ¿que hacemos?

    El motor comenzó a sonar y la puerta del conductor se abrió. Yo me subí por la del copiloto, no lo iba a manejar, el no quería eso, nadie quiere sentirse manejado.

    Iríamos a donde fuera, el destino no importaba.

    ¿Pararíamos?, quizás. Cuando el hambre nos ganara, o una llanta explotara. Pero hasta entonces seguiríamos, déjennos perdernos, luego veremos que hacer.

    Comenzó a avanzar, y un imponente sol nos marcó el camino.

    - La radio no funciona -le dije.

    Hubo un silencio, pero luego entendí el mensaje.

    Nos fuimos cantando. Yo con la mirada perdida, y el curvándose a cada instante, como disfrutando el asfalto bajo sus ruedas.

    Después de todo, ninguno tenía arreglo, y así, eramos felices.

  6. De la verdadera magia.

    martes, 14 de febrero de 2012

    De eso me hablaba siempre Víctor.

    - Tienes que ver la verdadera magia.

    Y yo miraba como movía sus veloces y delgadas manos, veía como un 7 de diamantes desaparecía entre sus dedos, dejando un 8 de trébol a la vista de todos, y sorprendiendo a su publico.

    - ¿Esa es tu carta? -le decía a una chica, completamente seguro de la respuesta.

    - ¡Si!

    Entonces comenzaban las preguntas sobre como lo hacía, pero Víctor les negaba cualquier explicación:

    - Se perdería la magia.

    Todos se alejaban, y Víctor se acercaba a preguntarme.

    - ¿Y, viste la magia?

    - Vi dedos rápidos.

    - No estas mirando bien.

    Esa era la verdadera rutina, nuestra rutina. Los trucos variaban, algunas veces una carta desaparecía y se materializaba detrás de la oreja de alguien, otras fingía equivocarse para aparecer la carta correcta de la nada, cada truco era distinto y mas sorprendente que el anterior, pero la pregunta siempre era la misma:

    - ¿Viste la magia?

    Y mi respuesta siempre buscaba resolver como se había llevado a cabo el truco, pero Víctor me reprendía:

    - No estas mirando bien, tienes que ver la verdadera magia.

    Y les juro que la busqué, intente ver la magia en los trucos, intenté creer en lo que hacía, pero no pude.

    Hasta que un día la curiosidad me venció, y le pregunté a Víctor:

    - ¿Cual es la verdadera magia?

    - La has visto tantas veces, pero no observas bien.

    - Entonces que, ¿eres un verdadero mago, de verdad haces magia?

    Soltó una pequeña carcajada.

    - Obvio que no hueón, solo tengo manos rapidas.

    - ¿Entonces?

    Se puso pensativo, y me hizo una proposición.

    - Hagamos una cosa, te voy a dar una ultima oportunidad. Haré un ultimo truco y tu deberás ver la verdadera magia.

    - ¿Y que será distinto a las otras veces, que hará que esta vez funcione?

    - Que esta vez no podrás ver mis manos.

    - ¿Que, pero entonces como? ...

    - Esas son las condiciones, ¿aceptas?

    - Hecho.

    Se levantó y se acercó a un grupo de personas.

    Comenzó con su rutina. Al haber aceptado la condición de Víctor, me limité a ver todo de lejos sin prestar gran atención al truco en si, y sin haberlo querido, comencé a fijarme en los rostros de los que miraban el show de Víctor.

    El truco terminó, y yo vi la verdadera magia.

    Vi los ojos del publico, como brillaban.

    Como parecían ser niños que se sorprenden al ver algo nuevo.

    Es que, lamentablemente, a mi corta edad, ya existen pocas cosas que nos sorprendan, cosas que den brillo a nuestros ojos y nos hagan sentir que aun hay algo mas, ese algo que no entendemos.

    Y cuando nos volvemos a sorprender, cuando nuestros ojos vuelven a brillar
    Esa, esa es la verdadera magia.

  7. Cuando no se avanza.

    domingo, 12 de febrero de 2012

    I.

    Antes de comenzar, debo jurarles que todo lo que aquí contaré es completamente cierto, y que la prueba de que salvé el mundo y el tiempo, son el mundo y el tiempo en si, aunque aun no se entienda.



    II.

    Abrí los ojos, algo extraño había en el aire.

    - Levántate- se escuchaba la voz de mi madre.

    - ¿Que ... porqué?

    - Al colegio, apurate.

    El oír esa horrible frase despertó en mi una angustia tremenda, y la sorpresa se hizo notar en mi voz.

    - ¿Al colegio, me estay hueviando?

    - Déjate de bromas, y no digas garabatos.

    Pensé en decirle que no era broma, y que los garabatos y las groserías eran cosas distintas, pero extrañamente mi incomprensión le gano a mis impulsos. Mi madre hablaba en serio, la conocía, era pésima mentirosa (uno de los motivos que me hace dudar de nuestros lasos sanguíneos), y si me estuviera haciendo una broma yo me hubiera dado cuenta, por lo que solo accedí a ir a la ducha, tragar el desayuno, y finalmente subir al auto.

    Colegio en verano ... puta pesadilla, anoche estaba tranquilo en la playa y ahora esto. Pensé que quizá fuera el vodka, siempre que me emborrachaba tenía pesadillas.

    Pero esto era peor que una pesadilla.



    III.

    - ¿Que hacemos aquí?

    - Dejate de bromas. Colegio, bajate, tu papá va a llegar tarde.

    - ¿Es enserio?

    - Deja de lesear, toma tu almuerzo y bajate.

    - ¿Enserio?

    El auto se fue y yo me quedé mirando la entrada.

    Mi viejo colegio.

    El lugar en si era una maraña de recuerdos, risas y tristezas, pero por sobre todo, emitía una energía repulsiva, como alguien diciéndote constantemente al oído: vete.

    Cuando logré volver en mi, me dispuse a entrar. Me dirigí hacia la ultima que había sido mi sala. Me sorprendía de como había pasado tanto tiempo, y nada parecía haber cambiado realmente: los mismos lugares, la misma infraestructura, las mismas personas ... las mismas personas.

    No eran las mismas personas.

    - ¿Axel, también estay atrapado en esta mierda?

    - ¿En que? -me dijo, con un tono de normalidad en el que no se parecía reflejar que estuviéramos aun en febrero pero en clases, que parecíamos haber vuelto atrás en el tiempo, o principalmente que el sea mi compañero de curso en mi colegio actual, y que por algún motivo esté aquí, como si hubiera vuelto atrás conmigo, pero formando parte de la normalidad de esta ... ¿realidad?

    - Este no es nuestro colegio, y estamos en verano hueón.

    - Siempre hemos ido en el mismo colegio, y estamos en julio. ¿Que onda De Lefént, de nuevo estay tomando ron los domingos en la noche?

    - No hueón, te estoy diciendo que algo raro pasa, mira a nuestros compañeros, son personas de otros cursos y de distintos colegios, a algunos ni los conozco ... ¿julio?

    - Julio.

    Me quedé en silencio un rato, mientras escuchaba una clase que ya había escuchado años atrás, con el mismo profesor que por lo que yo recordaba, ya ni siquiera hacia clases en ese lugar.

    Esperé el recreo.

    Cuando salimos, me senté en una escalera con Axel. El guardaba un silencio típico en el, y yo pensaba en lo que realmente estaba pasando.

    - ¿De verdad que no notas lo que esta pasando? -le pregunté.

    - ¿Te estay volviendo loco?

    - Enserio -debí haber dejado notar la pena en mis ojos, porque la mirada de Axel cambio, y pareció tomarme en serio.

    - Bueno, supongamos que te creo, ¿que se supone que pasa, volvimos en el tiempo?

    - Eso creía, pero si hubiera vuelto sería solo, tu hubieras vuelto a otro lado, ademas, todo sería igual, pero no es así.

    Tome un respiro, Axel no dijo nada.

    - Nada parece tener sentido.

    - ¿Como si todo estuviera desordenado?

    Eso era, el tiempo estaba desordenado. Como si alguien hubiera tomado las mismas cosas de siempre, y las hubiera tirado para dejarlas tal como cayeron.

    - Me gusta como pien...

    Ya no estaba. Volvimos a estar en la sala, ahora el profesor era uno de mi colegio actual, Axel tenia una cara horrible.

    - ¿Que pasó? -dijo Axel, como si se hubiera percatado de lo que acababa de pasar.

    - Se desordenó de nuevo, pero esta vez fue mas brusco, no solo yo me di cuenta.

    - Debe ser un sueño.

    - Ya intente con esa mierda, no sirve, algo pasa y hay que arreglarlo.

    Salimos de la sala, a nadie pareció importarle. Afuera, todo era peor.

    IV.

    - ¿Te acuerdas de el?

    - Si -me dice, con unos ojos brillantes que aun no pueden admitir todo lo que por ellos veiamos-, salió de cuarto cuando nosotros íbamos como en sexto, cuando estábamos en este colegio.

    - ¿Y de ellos?

    - Salieron el año pasado, pero de nuestro colegio actual.

    Disfrutamos un rato sentados juntos. Si bien todo parecía volverse cada vez peor, era mas que un caos lo que nos rodeaba, nos vimos rodeados de nuestras memorias, de la gente que de a poco había aportado a irnos construyendo, de las risas, las peleas, los problemas, cada persona que aparecía y desaparecía a nuestro alrededor era un buen recuerdo, un minuto perdido en el tiempo que en este momento, parecía valer la pena encontrar.

    Pero no todo podía ser tan bueno. El que Axel se hubiera percatado de lo que estaba pasando significaba que las cosas se estaban desordenando mas y mas. La primera vez que ocurrió (cuando desperté), el desorden había tomado cierta coherencia: mis padres, las personas, Axel, nadie se percataba de lo que pasaba, para ellos esto era la realidad. Pero ahora, sea lo que sea que estuviera haciendo esto, no se había tomado la molestia de darle coherencia a lo que pasaba, quizás Axel y yo no eramos los únicos que se estaban dando cuenta de lo que pasaba, lo que solo podría terminar en confusión, y posteriormente, caos.

    - De Lefént ...

    Ahora estábamos en el casino, otra vez todo había sido arrojado al suelo, otro mundo se había creado.



    V.

    - Si, cambio de nuevo -le respondí.

    - Mira de nuevo, se esta poniendo feo.

    Muchas personas mostraban rostros de incomprensión, algunos gritaban pidiendo explicaciones, mientras otros de los que se acababan de percatar de lo que pasaba mantenían discusiones con los que aun no se daban cuenta.

    - Doy unos 10 minutos antes de que todos se pongan a pelear y quede la cagá, yo digo que nos vallamos -me dice Axel, con una sonrisa en la cara.

    - Si es que no cambia todo de nuevo en 10 minutos, y sobre irnos, ni cagando, siempre he querido ver una pelea en un casino, como en las películas gringas.

    Cuando las peleas ya se estaban armando, como en una especie de baile, todas las cabezas voltearon, las miradas se desviaron hacia las ventanas, y detrás de estas, el cielo se dejó ver.

    Un cielo de extraños colores, como un arco iris retorciéndose sobre si mismo, para después separar sus franjas en formas fantasmales que se espacian por el cielo.

    - Que mierda ... Axel...

    Pero Axel no estaba, ya ni siquiera estaba en el Casino, aparecí en el segundo piso.

    - Esta cambiando muy rápido -me dije a mi mismo, para después ponerme un poco triste, ahora si que me encontraba solo.

    Todos a mi alrededor se estaban golpeando. Eso es lo que pasa cuando la gente tiene miedo: busca a quien culpar. Nunca se intentan ayudar entre ella, ni intentan superar sus miedos, solo buscan a quien culpar, a alguien a quien golpear, como si entre sus golpes fueran a hallar alguna respuesta.

    - ¡De Lefént, ayudame hueón!

    Oí la voz de Axel desde atrás hacia mi derecha. Ni siquiera miré, solo corrí hacia esa dirección. Cuando estuve cerca de el, distinguí dos cuerpos peleando, el de Axel dándome la espalda. Lo tomé del cuello de su polera y lo corrí hacia atrás, aún no lograba ver el rostro del contrincante, pero mi puño ya estaba arriba, listo ... para hacer su mejor intento.

    Pero lo que vi fue mas fuerte que cualquier golpe que hubiera logrado dar.

    Era Axel.

    - Que ... ¿Axel?, pero...

    Mira hacia mi lado y ahí estaba Axel, y hacia el frente, una versión mas pequeña de el, mas joven, con un espíritu altanero, y sus mismos hermosos ojos. Pero estos diferían en algo: aunque igual de hermosos, se conservaban puros. No necesitaba hacer preguntas, esos ojos aun no contemplaban el dolor que habíamos vivido hace algunos años, aun no perdían su brillo.

    - ¿Tu crees que estamos en el 2009, cierto? -le dije al Pequeño Axel

    - Si ... ¿Como sabes?

    - Una corazonada. ¿Me reconoces?

    - Si ... pero te ves mas viejo.

    - Son solo unos años la verdad, pero si, ya me estoy poniendo viejo.

    El Pequeño Axel soltó una sonrisa que duró hasta que vio al Axel actual a mi lado, su cara se desfiguró, se transformó en miedo puro.

    - ¡¿Quien es el?! -dijo furioso el Pequeño Axel, lanzándose hacia Axel, intentando golpearlo, pero no con el fin de herirlo, sino como una persona tratando de alcanzar el arco iris, como una persona tocando un espejismo: intentaba saber si era real.

    - Calmate -mientras lo detenía entre mis brazos-, se que esto es raro, pero el es tú en el futuro, el tiempo se esta desordenando, algo extraño esta pasando pero debes calmarte.

    Siguió convulsionándose entre mis brazos hasta que pareció aceptarlo. No completamente convencido, pero eso ya no importaba, todo se estaba desmoronando, había que aferrarse a algo, y para el yo era lo único que tenía.



    VI.

    Nos encerramos en una sala. No iba a servir de mucho cuando el tiempo volviera a desordenarse, pero era lo mas seguro por el momento. Afuera todo eran peleas, y hasta se estaban formando bandos. El Pequeño Axel no era el único que estaba fuera de lugar, cuando me acercaba a la ventana podía ver cada vez mas "dobles" de tiempos pasado luchando con sus partes iguales actuales.

    Algo común entre estas peleas de "dobles" era que buscaban resolver quien era el verdadero, y por algún motivo, los del pasado les partían el culo a los del presente, y al ritmo que esto avanzaba, en unas horas todos serían reemplazados por sus temerosos y confundidos alter egos pasados.

    El pasado pateandole el culo al presente, quien lo diría.

    Mientras yo miraba por la ventana, los Axel conversaban, se daban consejos entre ellos, y el Pequeño Axel le preguntaba cosas al actual, casi en su totalidad sobre las mujeres que tendría en los años posteriores.

    Axel parecía tratar bien con su pasado. Quizá esa era la clave de todo esto, en lugar de golpearlo, ocultarlo y tratar de acabar con el.

    De pronto la tranquilidad de quebró, un cristal reventó, alguien intentaba entrar a la sala.

    - Mierda, ¿que hacemos? -pregunté sin saber a quien, solo deseando una respuesta.

    - No abrir -dijo Axel-, esos tipos tienen miedo, están confundidos, y si me ven a mi y a mi mini-mi, lo mas probable es que nos maten a ambos.

    - ¿Si salimos por la ventana? -dijo el Pequeño Axel.

    - Segundo piso, es mucho -dije- ... por la mierda, ahora este tiempo culiao no se puede desordenar.

    La puerta comenzó a moverse violentamente, no importa que hiciéramos, entraron.

    Ni siquiera se dieron el tiempo de mirarnos, solo nos golpearon. Una masa de gente golpeanonos. Intente mantener el conocimiento para ver que les pasaba a los Axel, pero por donde fuera que mirara salia golpeado. Recibí uno fuerte en el estomago y luego otro en la cara, al segundo siguiente estaba acostado en el pasto del patio, sintiendo aun el golpe que me acaban de dar.

    Se habia desordenado de nuevo.

    No tenia ganas de levantarme del suelo, y aunque las tuviera, tampoco tenia las fuerzas. Parecía como que ya nadie tuviera fuerzas, si el tiempo no se hubiera desordenado, de todas formas los tipos hubieran dejado de golpearnos. Ya ni de eso habían ganas, todo estaba desmoronado, el presente se había vuelto un ideal ingenuo, el futuro un sueño, y el pasado se había apoderado de cada rincón del mundo, reemplazándolo y dejándonos en un eterno atrás.

    Y pensar que ayer me encontraba tranquilo en la playa, fumando como un cerdo y borracho hasta no poder.

    Después de un rato logré levantarme. La cara me ardía por tantos golpes, y a la vez este mismo dolor me hacia levantarme. Hay algo en el dolor que nos hace mas fuertes, como si el dolor fuese una voz burlona que te pregunta con un tono chillon: ¿hasta donde puedes llegar?, y tu te levantas, con el cuerpo ebrio aun y el dolor palpitando en tu cuerpo, pero no te importa, quieres demostrarle que vas a llegar mas y mas lejos.

    Busque a los Axel, pero no los encontré, también me percaté de que las formas de las cosas estaban cambiando, los edificios se volvían amorfos, al igual que el suelo tomaba una consistencia casi gelatinosa. Esta vez si que la coherencia se había ido a la mierda. Lo mas probable era que el mundo solo soportaría desordenarse unas pocas veces mas, y luego ... luego nada.

    Seguí caminando y subí hasta un tercer piso que en cualquier momento caería sobre si mismo, una vez arriba, me apoyé en una baranda y observe el caos que había abajo, probablemente lo ultimo que observaría.

    De pronto escucho subir a alguien las escaleras. Era un profesor, uno al que le tengo bastante cariño. Llevaba un cigarrillo en la mano, en la otra un libro de clases, y la mirada completamente tranquila. Casi parecía que entraría a una sala a dar clases, como si nada estuviera pasando.

    Me acerque a el.

    - Profe.

    - ¿Si?

    - ... ¿Usted fuma?

    - Solo a veces.

    - Ah ... bueno no era eso, es que ...

    - ¿Si?

    Yo no me di cuenta, pero mi voz tomo un tono completamente infantil. Como la de un niño preguntándole a su padre que animal es ese, que dice en el letrero, o de que están hechas las nubes.

    - ¿Porque el tiempo se rompió?

    Y el casi sin pensarlo, respondió:

    - Supongo que es lo único que se puede esperar cuando no se avanza.

    Luego de decir eso se marchó, y yo me puse a pensar en la noche anterior.

    Como la pasé emborrachándome sin ningún motivo, para terminar durmiéndome solo. Eso hacia yo hace algunos años, me sentía mal, me emborrachaba, y me dormía, nada mas.

    Supongo que al volver a esas costumbres se podría decir que estaba dejando que el pasado volviera y se plantara sobre mi vida, y eso no era tan distinto, ni mejor, que lo que estaba pasando ahora.

    - Ya se que hacer.

    Me levante con mas fuerza, caminé hacia la sala que se encontraba al final del pasillo, y cuando abrí las puertas, una gran luz llenó todo, y me segó por completo.

    Cuando volví a abrir los ojos, el sol estaba dándome en la cara, la brisa del mar me enfriaba los pies, y yo descansaba sobre mi cama.

    Hora de levantarse, hay mucho por hacer.

  8. Algo se quemó en año nuevo.

    lunes, 2 de enero de 2012

    Descansaba un segundo. Mi familia bailaba y yo tomaba un vaso de mi mezcla mágica de vino, bebida y vodka, entonces fue que una tía preguntó.

    - ¿De donde viene ese humo?

    Mi papá fue a ver a la casa de al lado pero no había nadie, así que yo le puse una bombilla con sombrilla tropical a mi vaso, y salí a buscar.

    La calle estaba llena de humo, y junto con las luces de la calle creaban en el lugar un atmósfera extraña, como si en cualquier momento comenzara a sonar la música, y apareciera Carlos Pinto.

    - ¿Que pasó? -le pregunté a una señora en la calle, mucha gente había salido para ver que ocurría.

    - No sé, parece que hay un incendio pero no se sabe donde.

    Comencé a caminar. Caminé mucho, pero a medida que avanzaba, el humo lo hacia conmigo, hasta que yo no pude seguir por el fin de un camino, y el humo se fue. Volví a mi casa, y seguí con el vino.

    - ¿Y, que pasó? -dijo mi madre.

    - Algo se quemó, pero nadie sabe que.

    ¿Y saben?, ahora lo entiendo un poco, y es que el mundo se esta quemando.

    Se esta prendiendo fuego a si mismo
    pensando que así podrá empezar de nuevo
    como si del fenix se tratase.

    Es que quizás ha oído los cuentos del fin del mundo
    y escuchar todos los días que tu muerte está cerca, te pone a buscar opciones.

    Tiene miedo, y el dolor de a poco lo va rompiendo
    y se abre a paso lento
    entre temblor y temblor
    hasta abrir una gran herida, y dejar salir su fuego interior.

    Se quema
    por todos lados, el mundo se quema.

    Piensa que es un nuevo año
    que con este nuevo comienzo
    y con el fuego que todo lo acaba
    tendrá una nueva oportunidad.

    Pero no.

    Discúlpame tierra, pero el pensar que el paso de un día a otro va a cambiar todo, que el pasado se va a quemar, es simplemente ridículo.

    Y son tantos, tanta gente, al igual que el mundo, que recibe con los brazos abiertos un nuevo año, con sus cabalas, pensado que solo con abrir los brazos, va a cambiar algo.

    Pero el abrir los brazos no basta, hay que usar las manos, y moldear el mundo.

    Sin quemar nada, sin miedo al ayer,
    poniendo la frente en alto y preparar la tierra
    para volver a sembrarla
    y con un poco de suerte, volver a ver los arboles crecer.

  9. Quiero una muerte lenta.

    viernes, 30 de diciembre de 2011

    Era de esos momentos donde todos están medios borrachos, y comienzan a salir a flote las conversaciones mas hueonas que te puedas imaginar.

    - ¿Si tienes que salvar solo a uno, a tu mamá o a tu papá, a quien ...

    - A mi viejo, a mi mamá ni cagando.

    Tampoco falta el momento esotérico.

    - Cuando chico en mi casa penaban, lo que pasa es que mi abuela se murió en esa casa. Siempre se movían las cosas solas, y escuchabas ruidos en la noche, los gritos de cuando se murió.

    - Yo tengo una tía que ve las auras -dijo otra.

    - Mi prima tiene una planta que habla -comentó otro amigo.

    - Tu prima habla con las plantas después de fumárselas -respondí.

    Y así la noche sigue, la borrachera disminuye rápidamente por lo que el aburrimiento se va ganando un puesto seguro en la mesa.

    Hasta que una amiga comenta.

    - Yo me quiero morir en mi cama, en sueños, sin nada de dolor.

    Todos parecieron estar de acuerdo, y yo me podría haber quedado callado, pero no.

    - ¿Enserio?

    - Obvio, ¿hay una muerte mejor acaso?

    - En una carrera en moto, cayendo por un edificio.

    - ¿Es eso mejor? -me pregunta molesta-, solo es mas doloroso, además, ¿como es que había una carrera de motos en un edificio?

    - No tengo ni puta idea, lo que sé, es que es mas emocionante.

    - Mas dolor no significa emoción.

    - ¿Y dormir significa emoción?

    Ella se quedó callada un instante.

    - Entonces que, ¿que muerte quieres?

    - Borracho, salvando el mundo, teniendo sexo, o simplemente, una muerte lenta.

    - ¿Lenta?

    - Lenta, y que duela.

    - Eso es masoquismo.

    - Es vida, no como quedarse tirado en la cama.

    - ¿Cual es tu problema con evitar el dolor?

    - ¿Cual es el problema de aceptarlo?, vamos, es tu ultimo aliento, tu último pensamiento, tu última soledad, tus últimos recuerdos, tus últimas ganas, tus últimos sentidos, ¿y quieres malgastarlos durmiendo, babeando la almohada mientras pudiste haber hecho algo con tu vida?

    - No es mi vida, es mi muerte.

    - !Tu muerte es parte de tu vida!, es el final del libro, y nadie quiere ver al protagonista irse a la cama y dormir hasta pudrirse.

    - Es solo lo que yo creo, no me interesa buscar dolor.

    - Y a mi me interesa sentir, me interesa que la ultima vez que pueda recordar algo lo pueda llorar hasta secarme, que me golpeen hasta que la sangre brote a mares, que pierda los sentidos uno a uno y de a poco, para apreciarlos una ultima vez, ¡Vivir!, rasgar la piel, abrir las yagas, arrancarte las uñas, reventar los labios con los dientes, amar hasta arder el pecho, sentir todo hasta que no quede nada.

    Silencio.

    - Estay cagao, De Lefént -me dice.

    - Si, pero no tanto como tu.

    Entonces yo me sirvo otro vaso de vodka, pongo un poco de cumbia y bailo, ella se va a acostar, caigo al suelo, vomito encima de mi mismo, canto en el suelo, y termina la historia.

  10. Un Vigilante.

    domingo, 25 de diciembre de 2011

    El observa a la gente ir y venir
    y eso lo hace sentir que es el único que no avanza.

    Hay días en que algunos jóvenes lanzan piedras
    entonces es que el piensa detenerlos y cumplir con su labor
    pero sabe que en el fondo, ellos solo están tan aburridos y solos como el.

    Si tan solo hubiera alguna persecución, un crimen...

    No es que le desee el mal a nadie tampoco
    ni que hubieran persecuciones todos los días
    pero es que a veces la vida necesita algo que nos mueva, sea sano o no.

    Al llegar a casa, su hijo le pregunta si atrapó al ladrón del que hablan en la tele
    o al tipo de verde que por las mañanas lanza rocas a los autos,
    y el tiene que decirle que esta apunto, por no decepcionarlo,
    su hijo grita de felicidad y la luz del comedor parece dar de lleno en sus ojos, brillando de orgullo.
    Aunque cada palabra le duela a el de verdad, porque sabe, que miente un poco para si también.

    Otro día solo.

    A sus espaldas las fuerzas especiales combaten hinchas y estudiantes
    hacia adelante lo mismo.

    ¿Porque no le podía tocar algo de emoción a el?
    Algo que no le pudiera contar a su hijo, ni a su esposa en la cama.
    Algo para el.
    Para poder dormir tranquilo, sin sentir la brisa de los autos.
    Sintiendo que avanza.

    Si tan solo pudiera cumplir el sueño de su hijo
    y atrapar al ladrón que se robó los sueños de su juventud.

    Pero solo soy un carabinero que vigila un cruce en medio de la carretera, piensa.

    Entonces se levanta a cumplir con su labor, y con rabia, toma una piedra en el camino,
    y se la lanza a un auto.
    Da de lleno en el parabrisas, y el vidrio estalla, al tiempo que en su cara se dibuja una sonrisa.

    Nunca atraparé al ladrón, y nunca atraparán al tipo que lanza las piedras, se dice a si mismo.

    Sonríe, y vuelve al trabajo.

  11. Andrea no quería ser egoísta.

    jueves, 8 de diciembre de 2011

    Yo conocí a Andrea, una mujer que buscaba creer en un mundo feliz, que anteponía la felicidad de los demás a la suya, y que parecía encontrar en cada persona, algo que la hiciera feliz.

    A los ojos de cualquiera, Andrea era una persona hermosa, de esas que faltan en el mundo.

    Pero no lo era.

    Y es que Andrea no sabia nada sobre el dolor, porque toda su vida había corrido de el. Como un pequeño hamster en una pelota plástica, Andrea se protegió de todo lo que de alguna forma pudiera hacerle daño, y desde adentro, todo parecía lindo, aunque borroso.

    La pobre Andrea.

    Pero siempre llega un momento en donde uno debe salir de su burbuja, y no es que Andrea necesitara aire fresco, o comida, o agua.

    Es que ya no aguantaba estar sola.

    Desde ese momento, Andrea tuvo que comenzar a ver las cosas como realmente eran, y a descubrir que mientras menos parecías protegerte, todo se volvía menos borroso y los colores adquirían nuevos matices, los aromas atraían, los sonidos adquirían resonancias suaves, y todo se volvía bello.

    Pero también peligroso.

    Andrea se enamoró. Como en la mayoría de los casos, este amor traía una dificultad, y es que el amor de Andrea, también era el amor de otra, y esa otra, era alguien a quien Andrea quería mucho.

    Entonces la pobre Andrea renunció a su amor, porque para ella, siempre sería primero la felicidad de los demás.

    ¿Y saben?

    Andrea esta sola.

    Cuando la gente le pregunta porque, ella dice que es lo correcto, y que jamas podría ser egoísta.

    Si alguna vez volviera a ver a Andrea, le diría que el egoísmo no es solo privar a los demás de algo por tenerlo nosotros, y es que el egoísmo no siempre se trata de los demás, a veces se trata de nosotros mismos, y de las veces en que nos negamos cosas, colores, aromas, amores, a nosotros mismos, por miedo a salir heridos, o herir a otros, o evitar el dolor, de cualquiera que sea su forma.

    Es que Andrea nunca entendió, que desde su pequeña pelota de plástico, perdía algo mas que el amor de la persona que amaba, que se negaba a si misma, y a su corazón, el poder entregar amor.

    Y el negarle a nuestros labios un beso, a nuestro cuerpo otras manos y a nuestro corazón un amor, eso, eso es egoísmo.

    Pero Andrea nunca lo entenderá, no desde adentro.

  12. No es menos cierto
    que parece que lo diga fríamente
    pero la verdad,
    es que ya no creo tanto.

    Y es que con el tiempo
    uno se va acostumbrando a que las personas que estaban,
    ya no estén.

    Puede parecer que este dolido,
    aunque honestamente, no es así.

    Solo que mientras uno va caminando
    no puede esperar a que los demás se detengan
    cuando tengas que amarrar tus cordones
    o cuando te detengas a mirar un pájaro en algún jardín
    o ni siquiera, que caminen contigo.

    ¡Es que todos caminan a un ritmo tan distinto!

    No es que me hayan fallado,
    es mas, nunca lo han hecho.
    Pero tarde o temprano, tendrán que irse,
    tendrán que recorrer sus propios caminos
    y esos para siempres, serán tragos amargos
    que arderán en tu boca, mientras te ríes un poco.

    ¿Se imaginan, que uno antes creía en esas cosas?

    Te preguntabas como serían las reuniones cuando fuéramos viejos
    nos reiríamos de todas las anécdotas que en estos tiempos vivimos
    y nos enorgulleceríamos, de esas veces que nos caímos, y estuvimos para el otro
    para levantarlo.

    Mas hoy en día, no puedo esperar a que alguien me levante
    ya que ese alguien, estará preocupado, de el mismo no caer.

    Es comprensible, y quizás, soy un poco egoísta.

    Lo mas divertido, es que algunos ofendidos, dicen que depende de uno.
    Que es uno el que debe aportar, para que juntos vallamos por el mismo camino.
    Pero lo cierto es que nadie va por el mismo, e intentar crear un camino juntos, seria desviarlos
    y yo no estoy para desviar a nadie, ni para pedirle que me espere a amarrar mis cordones,
    o para que mire al pájaro, y entienda por que me voy quedando atrás.

    Pensar que hace solo unos años, las cosas eran tan distintas.

    Lo admito, puede que quizás, sea yo el que haya elegido el camino incorrecto, y que sea el único idiota que se detenga a mirar a un pájaro, que tarde o temprano, se ira volando.

    Discúlpenme, puede que la verdad, si esté dolido.

  13. Jessica no creía en nada que pudiera ver.

    martes, 15 de noviembre de 2011

    Un amigo se acercó a mi con entusiasmo, sabiendo que me iba a gustar la noticia: me llevaría a conocerla.

    - ¿Como la conociste?, nunca me lo dijiste -le pregunté.

    - Bueno, la verdad no la conozco, eso dice ella.

    Me llevó hasta una casa de la villa donde yo solía vivir, una por la cual yo había pasado unas mil veces, y que hasta este momento jamas había notado.

    El tocó el timbre, y una mujer mayor abrió la puerta reciviendolo con mucho cariño. Nos invitó a pasar, y sin darme cuenta, yo ya había aceptado un té.

    - Que bueno que vengan a ver a la Jessica -dijo la señora, con una voz triste, bajando la mirada y perdiéndola en el remolino que hacia en el té con la cuchara-, hace tiempo que ya nadie la viene a ver ... es que igual es difícil.

    Recordé lo que me había dicho mi amigo hace unas noches en una botillería, mientras yo lo intentaba convencer de que pusiera dos lucas para un vodka.

    - Hueón enserio, si con jugo en polvo queda bueno.

    - Pero escúchame hueón, la mina se volvió loca, o algo así.

    - Ya si te escucho, pero mira con dos lucas que pongai nos alcanzan y nos compramos un jugo en polvo.

    - Si me escuchai y te callai te paso tres lucas.

    Y yo callé.

    - Resulta que esta mina era como cualquier otra.

    - ¿Con dos tetas y todo?

    - Si hueón -dijo molesto, sin entender mi poca habilidad para tomarme enserio las cosas que no me interesan-. La hueá es que un dia ella se cayó.

    - ¿Como?, ¿a un hoyo o algo así?

    - No, no ese sentido. Aunque quizás, de alguna forma si calló. Pero a lo que me refería, era a que no hablo mas. Pronto también dejo de comer, y cuando la gente le habla, parece no escuchar.

    - ¿Es alguna enfermedad sicologica?

    - Eso creían todos, hasta que un día se puso a hablar.

    - ¿Con quien?

    - Con la soledad.

    - ...

    - Enserio hueón.

    - ¿Con la soledad?

    - Eso. Un día su mamá entro a su pieza a dejarle algo de comida y la escucho hablando con alguien a quien llamaba Soledad. Entró, y como parecía que su presencia no le afectaba, se quedo escuchandola.

    - ¿Y que le decía a la soledad?

    - Que estaba agradecida de su compañía, pero que le producía un poco de Tristeza.

    - ¿Y entonces?

    - Entonces Tristeza las escuchó y se sintió mal, ya que pensaba que aunque su presencia fuera dañina, ayudaba a florecer a sentimientos bellos. Entonces Jessica, la chica, se disculpó; y se quedó callada, con Soledad y Tristeza.

    La historia daba para pensar, pero esa noche tenía un vodka que terminar, y olvidé todo sobre Jessica hasta el día de hoy.

    Pero aquí estaba, en el living de su casa, queriendo verla.

    - Ya se lo que le pasa -dijo la señora, dando la impresión de que se dirigía a alguien mas, a cualquiera que no fuéramos nosotros.

    - ¿Que ocurre? -pregunté con ganas.

    - Lo supe ayer, mientras se encontraba en su habitación.

    - ¿Hablaba con la Soledad?

    - No ... con la Fe. Le gritaba, le decía que no la podía ver, que se había vuelto muy pequeña. Luego parece que la Fe le preguntó algo, y Jessica le dijo que ella no creía en nada que pudiera ver.

    Todos guardamos silencio.

    - Pasen a verla.

    Nosotros entramos a una habitación en la que solo había un closet, una cama, y Jessica en el suelo.

    - Si quieres hablarle, tienes que fingir ser algo que no se puede ver -dijo su madre, la que nos dio la espalda y se retiro rápidamente de la habitación, como si así pudiera olvidarse de lo que en ella ocurría.

    - Hola, Jessica.

    - ...

    - Soy un alma.

    - ¿Un alma? -su voz se sintió distante, y sus ojos permanecían en la muralla, a la vez que emitía una sonrisa-, hace mucho que no hablaba con una, quizás por eso no te reconocí.

    - No te preocupes.

    - Lo siento, de verdad, es que estaba conversando.

    - ¿Con quien?

    - ¿Acaso no los ves?, el que se ve aburrido allá en la esquina es Destino, y el que parece enojado que esta a su lado es Dios.

    - ¿Y de que hablaban?

    - Dios se quejaba de haber hecho todo mal, y de que nadie entendía las cosas que realmente quería decir, que todos arreglaban sus palabras para quedar bien.

    - ¿Y Destino?

    - Destino le decía a dios que no fuera hueón ni amargado, que como todo lo que existe y existirá estaba predestinado no tiene culpa de que las cosas salieran mal, que nadie tiene la culpa de las cosas, solo el.

    - Entiendo. Pero Jessica...

    - ¿Que es Jessica?

    - Tu eres Jessica.

    - No entiendo.

    - ¿Sabes lo que eres, o acaso lo recuerdas?

    - Recuerdo algo así como un sueño, donde yo era una cosa, una que se podía tocar, como esa de los cuentos fantásticos. Todas las cosas tenían un nombre y mi nombre de cosa era Jessica.

    - ¿Y por que crees que fue un sueño, por que no crees que esas cosas son reales?

    - Todos saben que no se puede creer en las cosas que se ven, o se tocan. Esas cosas son engañosas. En mis sueños habían cosas que te abrazaban y luego te hacían daño. También habían cosas que te decían que siempre estarían, pero se iban. Fue entonces que deje de creer en esas cosas, y me di cuenta que el dolor que había sentido era mas fuerte que el abrazo, y seguía conmigo, que los recuerdos siempre se habían quedado conmigo, pero las cosas se fueron y me dejaron, ahí comprendí que las cosas reales son las que no podemos ver. Entonces conocí a Soledad, y luego a todos los demás.

    Sentí que tenia que salir corriendo de ese lugar, que debía salir lo mas rápido posible de Jessica, pero no podía, quería seguir.

    - ¿Conoces al amor?

    - Si, es hermoso, pero mas que nada es increible, ¡tiene tantos efectos! Cuando viene a visitarme, Lógica se vuelve loca y se marcha porque dice que no pueden estar juntos en la misma habitación. A Tristeza le pasa algo muy raro con Amor, ya que se vuelve mas hermosa, como si siempre embelleciera ante el. Ternura, que es tan tímida, sale de su rincón y comienza a saludar a todos.

    - ¿Nunca te a molestado?

    - No, solo cuando viene con Ilusiones, a todos les encanta ese tipo, hasta que lo conocen realmente.

    Hasta cierto punto, todo lo que ella decía parecía ser verdad. Sin gestos, sin tonos, sin caricias, todo era intangible, solo voces y emociones en un pequeño espacio que ella había vuelto infinito, y aun así, todo parecía mas real que nunca.

    - Bueno, ya me tengo que marchar, otras Almas me esperan.

    - No te preocupes, se que no eres una Alma.

    - ¿Lo sabes?

    - Si, Verdad me lo dijo hace un rato, aunque Mentira insistía en que realmente eras un Alma.

    - Discúlpame.

    - No importa.

    Sin tener mas que hacer en aquel lugar, surgió en mi una duda.

    - ¿Porque puedes hablar conmigo, acaso soy real para ti?

    - Eso parece.

    - ¿Pero porque?

    - Quien sabe, tal vez no seas tan Cosa, puede que en el fondo, seas un Alma.

    Sonreí.

    - Adios Jess... Adios.

    Me disponía a retirarme cuando lo dijo.

    - Soledad te manda saludos ... dice que te extraña.

    - Dile que le devuelvo los saludos.

    Di unos pasos mas.

    - Soledad ... -se detuvo-, Soledad pregunta quien es ella, la que la remplazó.

    Yo lo pensé un poco, y finalmente respondí.

    - Pregúntale a Amor, el sabe.

    Así fue como conocí a Jessica, la mujer que no creía en nada que pudiera ver.







  14. Nadie sabe sobre su aroma (caramelo).

    lunes, 14 de noviembre de 2011

    - ¿Estas bien?

    - Si -respondí rápido, tratando de que no creyera que le mentía.

    - ¿Te pasa algo?

    - Si.

    - Estas demasiado cortante, y no pareces estar aquí.

    - Lo siento-dije con honestidad-, es que ... es mi brazo.

    - ¿Te duele?

    - No. Lo que ocurre es que ... bueno, huele extraño.

    - ¿Extraño?

    - Si, pero no es un olor malo, es que simplemente no es mi olor.

    - ¿Y como es este olor?

    Entonces yo le hice un gesto como para que se acercara a mi brazo, y una vez tomado entre sus manos, acercó su pequeña nariz a el.

    - Huele como a manjar -me dijo, riéndose.

    - Si, algo así, pero no es manjar, sino que algo parecido, algo acaramelado.

    - No es malo.

    - No, pero no es mio.

    - ¿Y, desde cuando te molesta?, creí que te encantaban las cosas que no son tuyas.

    - ...

    - Lo siento.

    - No importa -le dije.

    - ¿Cuando fue que apareció este aroma?

    - Fue esta mañana. Yo me encontraba en clases cuando una profesora llegó diciendo que debíamos hacer una ensayo PSU de historia...

    - Entonces ... -interrumpió el silencio que inconscientemente había dejado, mi mente no se encontraba ahí en ese momento.

    - Entonces me puse a responder la prueba y comencé a sentir un extraño aroma. Como a caramelo, o a manjar ... hasta por un segundo pensé en una calúga, pero no. No podía definirlo claramente, solo sabia que me desesperaba. Demoré un rato mas en notar que el olor provenía de mi mismo.

    - Que extraño.

    - ¿Que?

    - Que notaras que no era tu olor.

    - ¿Eso es extraño?

    - Claro, nadie sabe sobre su aroma, solo sobre el de los demás. Es como nuestras voces, conocemos las de los otros pero al escuchar la nuestra en una grabación, nos parece extraña. Lo mismo con los olores, nadie conoce el propio, por eso lo extraño de que te percataras.

    - Es que justamente eso era lo que me afectaba. Cuando lo descubrí intente continuar con la prueba, pero el olor se intensificaba y cada vez me parecía mas repulsivo. Me cambié de mesa pensando que podía ser algo en ella, pero el olor seguía sobre mi brazo y parecía esparcirse. En cierto momento no aguanté mas y salí corriendo al baño. Pasé toda el agua posible sobre mi brazo, y froté hasta que doliera un poco, pero ahí seguía. Cuando ya no supe que mas hacer, saqué el horrible jabón con olor a detergente que había en el baño, y froté lo mas fuerte posible. Y ahí quedo, un olor extraño, el caramelo ya se había ido, pero seguía siendo molesto, lo que quedó tampoco era mío.

    - ¿Que te molesta tanto de que no sea tuyo?

    - Quizás el saber que existen en nosotros cosas que no podemos definir claramente, pero que de todas formas son parte de nosotros, y que solo nos volvemos conscientes de ellas al saber lo que no son.

    - No entiendo.

    - Imagínate que te preguntaran cual es tu canción favorita, pero al no tenerlo claro, comienzas a nombrar todas las canciones que no son tu favorita.

    - Sigue.

    - Pero en algún momento te darás cuenta que no puedes escuchar todas las canciones del mundo, y que intentar saber cual es tu favorita nombrando las que no son, no tiene un sentido realmente.

    - Y no soportas eso, que no haya un camino correcto sin conocer el incorrecto, que tengas que conocerlos ambos y recorrer el equivocado por completo para recién comprender que era otro el camino, pero es imposible, el camino incorrecto nunca termina.

    - No, realmente me enferma.

    Ambos mantuvimos silencio, supongo que nos cuestionábamos cosas, como intentando comprobar lo que acabábamos de hablar.

    - ¿Y entonces, cual es tu olor?

    - No lo sé, pero se que no es caramelo.

    - ¿A que crees que huele un De Lefént? -me dijo, con un tono que parecía entre broma y serio.

    - A tabaco suave, a piel caliente ... sudada, a vodka, y a un libro nuevo.

    - Y no fue necesario que nombraras nada que no fueras.

    - No, quizás no, quizás solo es necesario conocernos bien ... quizás.

    - ...

    - ¿Y tu? -pregunté antes de que se marchara-, ¿a que crees que huelo?

    - A miedo, De Lefént, a miedo y caramelo.

  15. Un cuento en halloween.

    lunes, 31 de octubre de 2011

    Como otras veces, no alcancé a distinguir si realmente fue un sonido, si es que lo dijo, o si solo fue uno de sus místicos susurros, que parecían rebotar por mi cabeza.

    - Tanto tiempo, De Lefént.

    - Bastante.

    Era Sivel el vampiro, con su pelo castaño, su blanca y fina cara, y sus ojos esmeralda.

    - ¿Que haces acá? -pregunté, con un poco de miedo.

    - No te preocupes, no vine por ti ... bueno si, pero no por lo que tu crees.

    - ¿Entonces no planeas matarme esta noche?

    - No, al menos esta no.

    El aire pareció soplar mas fuerte. Juraría que un minuto atrás, un gran calor envolvía la casa, y repentinamente, una fría brisa hubiera aparecido, como cuando en un día de calor uno abre el refrigerador, buscando una cerveza.

    - ¿Que quieres?

    - Contarte unas historia, para que te diviertas este halloween.

    - La verdad estoy..

    - No seai mentiroso hueón, nunca haces nada, siempre estas en tu casa frente a alguna pantalla, teniendo ganas de hacer algo.

    - ...

    - ¿Empiezo?

    Yo asentí, a lo que encendí un cigarrillo.


    Ajenos.

    Era una noche bastante fría, y yo tenía hambre.

    En ese tiempo yo solía pasar las noches caminando, buscando casas con mujeres solas.

    A ella la había notado hace tiempo, siempre se encontraba sola en una casa roja de dos pisos, una que daba la impresión de ser una casa de gente bastante adinerada, pero que contrastaba con su profundo y triste rostro, el cual siempre parecía mostrar una enorme pobreza, una que va mas allá de las cosas, de esa que padeces cuando careces completamente de algo.

    Las noches de viernes y sábado, se veía salir a un hombre de la casa, en un gran jeep, y no volvía, hasta muy entrada la madrugada.

    - Es que sale con sus amigos -me decía, cuando notaba en mi rostro que yo me preguntaba hacia donde iba.

    Comenzamos a hablar casi una semana después de que supe de su existencia. Al principio, solo me acerque por el hambre, y como parecía ser una mujer solitaria, el camino mas fácil seria seducirla.

    Pero nunca pensé que estuviera tan sola.

    Se llamaba Gabriela, y al poco rato de yo acompañarla a regar el jardín delantero, me invitó a tomar el té, lo que me tomó por sorpresa. Su casa tenia hermosas cortinas de seda. En el enorme living, había una enorme mesa de roble, con dos sillas a cada extremo, que parecía inútil, pensando en que allí vivían solo dos personas.

    - Ella es Tania, me la regaló mi esposo, esta embarazada -me dijo, a lo que me mostraba una perrita cocker rubia, la cual cambiaba totalmente la actitud de Gabriela, sus movimientos se volvían finos, sus muecas sonrisas, sus ojos faroles que iluminaban la enorme y fría casa.

    Con el tiempo, ir a visitar a Gabriela se transformó en algo que disfrutaba, no tanto por su hospitalidad, sino por ver a esa persona alegre que se convertía cuando tenia a Tania entre sus brazos. Gabriela siempre usaba brillantes anillos de oro, collares de piedras preciosas, todo lo que había en la casa, y hasta la misma casa, eran regalos de su esposo, al igual que Tania. Gabriela parecía ser una muñeca de juguete, donde todo lo que la rodeaba eran accesorios, pero Tania, Tania era lo único que realmente la complementaba, quizás por el cariño que le daba, ese que las muñecas no conocen.

    Sucedió que una noche, la encontré triste en el patio de atrás, mirando a la coqueta Tania.

    - ¿Que ocurre?

    - Se los comió -me dijo, con una voz tan profunda que apenas pareció escucharse.

    - ¿Que?

    - Sus perritos, se los comió. Dio a luz ayer, había salido a dar una vuelta a la calle. Parece que otro perro toco a los cachorros, no los reconoció, se los comió.

    Eso fue lo ultimo que hablamos en mucho tiempo. Después de ese incidente, algo en ella se rompió, y lo poco de alegría que alguna vez vi en ella se esfumó, como si Tania se la hubiera comido, junto a sus cachorros.

    Pasaron los meses y una noche que caminé por fuera de su casa, la vi en el patio delantero, con un vientre enorme que chocaba con su delgada figura.

    - Estas embarazada.

    - Si, ya queda poco para que nazca.

    Ese día volvimos a hablar, y todo ese brillo que había perdido había vuelto, y se había intensificado. Como un enorme umbral que por primera vez, parecía iluminar a solitaria casa.

    Volví casi una semana después, y algo extraño le pasaba a Gabriela.

    - ¿Le pasa algo a tu hijo?

    - No.

    - ¿Te pasa algo?

    - ...

    - Gabriela -susurré, mientras le tomaba una de sus delgadas manos.

    - Me engañó -dijo, casi explotando-, me engañó, siempre me a engañado, siempre, todas estas noches, todos estos años ... todo esto es ajeno, nada de esto es mio, los anillos, los vestidos, los muebles, las joyas, todo era para otra, todo, todo lo que tengo ... todo lo que me dio ... nunca fue mio ... me engañó.

    Y otra vez la casa se volvía a apagar, y Gabriela se volvía a morir, dejando ese cadáver sin expresión que alguna vez había sido.

    La ultima vez que la fui a ver, ella ya estaba en el hospital, y acababa de dar a luz.
    Me escabullí por una ventana para entrar a su habitación, y ahí la encontré, muerta. Yo pensaba en si realmente vivía, y el escenario del hospital no ayudaba a diluir mis dudas.

    - ¿Como estas?

    Pero ella no respondía, como si no escuchara.

    En ese momento, sonó la puerta, y una enfermera le trajo a su hijo, un pequeño y blanco niño, con ojos perdidos como los de su madre.

    La enfermera salió, y por primera vez, Gabriela se molvió. Mecía al pequeño entre sus brazos y lo miraba, con ojos que parecían expresar algo, algo que no era alegría.

    - Gabriela...

    Intenté decir algo, pero entonces ocurrió. Lo tomo entre sus manos, y mirándolo con unos ojos que parecían reventar del dolor, apretó las manos y hundió sus dientes en el estomago del niño.

    Y en sus brazos, y en sus piernas, y en su cabeza.

    Y así, Gabriela fue pintando las sabanas de sangre, a la vez que mordía y desgarraba carne, sacando tejido por tejido, lamiendo los huesos y el estomago del niño, llenando la cama y el piso, de restos del que nunca fue su hijo.

    ____________________________ . ________________________

    Ambos guardamos silencio. Yo me quedé mirando a Sivel, pensando en si era verdad todo lo que había dicho, y tratando de encontrar en su rostro alguna expresión, una que me mostrara que sentía al recordar a Gabriela.

    - ¿De verdad ocurrió eso?

    - Hablas con un vampiro, De Lefént, tu decides en que creer.

    En ese momento sonó mi celular.

    - Sale a carretear -me dijo-, yo también debo ir a celebrar.

    Entonces saltó por la terraza, y moviéndose rápido y con elegancia, desapareció entre las sombras.

  16. No Olvides Ejercitar (Obra Dramática)

    miércoles, 19 de octubre de 2011

    El escenario es el cielo. El piso esta formado por nubes, al fondo se puede ver un enorme portón que emana un gran resplandor, y en la esquina delantera izquierda se destaca claramente una escalera mecánica.

    Escena 1.

    De Lefént; Mark Zuckerberg

    (La escalera funciona y de ella se baja Mark Zuckerberg)

    - MZ: (hablándose a si mismo) Where the hell am I?

    -DL: ¡Oye!, ¡tu, el de lentes!, ¡ven!

    - MZ: (se acerca inseguro) ¿Tu hablas español?

    - DL: Lo mejor que puedo.

    - MZ: ¿Y quien ser tu?

    - DL: Eso no es importante. Lo que ocurre es que San Pedro me cobró un favor, y yo tengo que vigilar el portón por un día hasta que el termine su asunto.

    - MZ: ¡Yo exigir hablar con portero católico!, merecer entrar muy rápido to the heaven, ademas, tener quejas.

    - DL: ¿Como cuales?

    - MZ: (molesto) Su escalera ser objeto muy obsoleto, necesitar actualización urgente.

    - DL: Mira sobre eso no puedo hacer mucho, ademas, es lo mas moderno que hay aquí arriba, lainstalo un tipo hace varios años y es lo ultimo, los tipos que inventan cosas modernas suelen terminar en el piso de abajo.

    - MZ: Pero yo ser muy bueno, yo unir gente con red social mundial, darles mejor comunicación.

    - DL: (molesto) No creo que eso sea del todo correcto, es mas, creo que sus aportes tecnológicos y su idea de conectividad no han hecho mas que arruinar la comunicación humana.

    - MZ: (furioso) ¿Estar diciendo que yo ser malo?, ¿Quien creerte tu estúpido latino inferior?

    - DL: Me creo el que decide si cruzaras esta puerta o no, así que te conviene quedarte callado.

    - MZ: ¿Pero porque odiar tu al pobre Mark?

    - DL: Por que por su facebook mi polola termino conmigo.

    - MZ: ¿Polola?

    - DL: Una novia, esas que uno puede poner que se encuentra en una relación.

    - MZ: Oh, a novia, claro. ¿Pero porque ser mi culpa que novia te dejara amigo nigga?

    - DL: Es que a ella le molestaba que una chica comentara en mi muro, y al final no soportó los celos y me dejó.

    - MZ: (pensativo) Creo que no ser mi culpa que novia tuya sea celosa, ademas, tu poder bloquear publicaciones para que polola no las vea y ...

    - DL: Ese es el problema.

    - MZ: ¿Cual?

    - DL: El que se pueda manejar la comunicación hasta el punto de ocultar cosas o tener el tiempo que uno quiera para responder. Si la gente se llegara a acostumbrar a eso, algún día tendrán frente a ellas a una persona, y la conversación no fluirá, por que no tienen la capacidad para mantener una, sin cranear por minutos cada respuesta que darán, y lo peor de todo, es que al igual que mi novia ... ex novia, creerán todo lo que aparezca en una pantalla, y no se dan cuenta que una vez que uno apaga el monitor, ese mundo deja de existir, y solo quedamos nosotros.

    - MZ: Pero no ser mi culpa que gente idiota olvide como hablar. Lo que yo crear es para que la gente sepa mas de la otra cuando se encuentre en computador, pero no para reemplazar comunicación real, porque eso no poder ser reemplazado.

    - DL: Entonces la comunicación virtual no es mala, sino que la gente viene mal, y tiene que recordar que no solo las palabras de amor y los abrazos las cosas que se pueden entregar solamente en persona, sino que todo lo que decimos, nuestros gestos, tonos de voz, movimientos, todo es algo único, que se pierde si no se ejercita.

    - MZ: Claro amigo nigga (se queda pensativo) ... y entonces, ¿puedo pasar?

    - DL: ¿Que?, ah, lo del cielo ... no.

    - MZ: ¡¿Why?!

    - DL: Porque no estas muerto, solo te traje aquí para putearte un poco, pero resultaste caerme bien.

    - MZ: (Enojado) !Tu, maldito latino!, pero la verdad como saber que estar vivo no estar muy molesto. Pero, entonces, ¿tu no estar haciendo favor a San Pedro?

    - DL: Claro que no, solo me encargué de que desapareciera un rato y esperé a que tu te quedaras dormido.

    - MZ: Tu ser gran mother fucker, nos vemos señor portero falso.

    - DL: Nos vemos Sr. Zuckerberg, ¿tomamos un vodka algún día?

    - MZ: Oh si claro, solo mandarme un mail antes.

    - DL: ...

    (Mark Zuckerberg baja la escalera y vuelve a su vida de empresario autista. De Lefént se va caminando entre las nubes, y cerca de donde estaba parado, se ve a San Pedro en el piso, con los brazos y piernas atados, una venda en los ojos y un calcetín en la boca)

  17. El hermano de Superman.

    lunes, 17 de octubre de 2011

    Hace mucho tiempo, conocí al hermano de Superman.

    El no llevaba ese horrible peinado, y por lo que sé, jamas usaría los calzoncillos por fuera.
    Ni usa capa ni lucha por la justicia: es mas, ni siquiera tiene enemigos.
    Cuando camina por la calle, saluda a todo el mundo, hasta a los que no conoce.
    Los días de lluvia, deja pasar a algunos perros a su pequeña casa, para que no se mojen.

    Ese es el hermano de Superman: un gran tipo.

    ¿Podrían creer que una vez, hasta lo vi pagar la micro?
    Tan amable era, que algunas veces invitó a Lex Luthor a tomar 11 y a comer huevos revueltos.
    Tan alegre, que ni viendo las noticias se deprimía.
    Tan bueno, que por alegrarlos, le contaba chistes a los pacos en las marchas.

    Pero por algún motivo, nadie lo conoce.

    Los que saben quien es, solo le preguntan por su hermano.
    Que cómo le fue en Marte, si detuvo ese asteroide,
    si son ciertos los rumores sobre lo de Batman y Robin...

    Él, orgulloso, contesta que le ha ido bien, que la tierra esta a salvo.
    Y la gente le dice que es afortunado de tener un hermano así.

    Pero nadie le pregunta ni siquiera su nombre.

    Cuando yo se lo pregunté, él no lo recordaba muy bien.
    Es que tanto tiempo a sido el hermano de Superman, que ya no recuerda quien fue.
    Y cuando le hablo de las cosas geniales que el mismo hace, me dice que quiere ser como su hermano.

    Y no es que esté mal, pero lo está.

    Es que si nos dejamos definir por los lideres, las masas, o los héroes, siempre nos sentiremos poco, y el sentirse poco, acaba volviéndote poco.

    Por eso, que cada vez que lo veo, lo llamo por su nombre (el cual no revelaré para proteger su identidad), le pido que me cuente sobre él, y cuando caminamos, la gente deja de mirar al hermano de Superman, y se fija en el tipo alegre, ese que cuida a los perros, y siempre lleva una sonrisa.

  18. Recoger servilletas.

    jueves, 13 de octubre de 2011

    No me gusta copiar los CD originales.

    No es que nunca descargue un disco, o que jamas haya bajado una canción de internet, es que a los CD originales no me gusta sacarles copia, como mucha gente hace, buscando cuidar el original.

    Quizás, es por que al copiarlo, algo se pierde.

    Algunos (los 1 o 2 que leen esto), se deben estar preguntando porque estoy hablando tanta hueá sin sentido a tal hora del día.

    Como casi todo, comenzó con una discusión, y como casi todas, fue con mi madre.

    - Deja de tirarme leseras, tu vay a aspirar mañana -me dice enojada, mientras yo le tiro bolas de papel hechas con servilletas.

    - Llora -le digo.

    - Crece -me contesta, cagandome por completo.

    - Dale color, si son bolitas de papel solamente.

    - Pero después yo las recojo, tu no hacis na'.

    - ¿Y?, ¿por tener que recogerlas me voy a perder la diversión de tirártelas en la cara?

    Luego de eso, reinó un profundo silencio en la mesa. Sabia que, si intenté decirle algo a mi madre, las ganas de huevearla me habían ganado, y no logre decir nada.

    Pero si algo quise decir, es que el no tirar las servilletas por que luego tendrás que recogerlas, es como quedarse con las ganas de amar a alguien, y no acercarse nunca, por miedo a fracasar, o a llegar a tenerlo y perderlo.

    Porque para eso son las cosas -y las personas- , para disfrutarlas al máximo, sin importar si te arriesgas a dañarlas o perderlas, o hasta a dañarte, o perder parte de ti, por que si no nos arriesgamos por las cosas que queremos, si no hacemos las cosas, realmente perdemos una parte de nosotros, esa parte que desea, y nuestras ganas se esfuman, y entonces no queda nada.

    Y la vida resulta ser como un CD nuevo, uno que que estaba lleno de bellas canciones, pero que nunca tocaste, ni viviste, por miedo a rallarlo.

  19. Me Siento Egoísta.

    lunes, 3 de octubre de 2011

    Aquí se entierran los que tienen mas money, osea, plata -decía con un entusiasmo y un humor que uno no esperaría del guía turístico de un cementerio.

    Era una visita guiada por el cementerio general, una ciudad muerta en donde la segregación no es tan distinta como la que se da entre los vivos. Pero ese no era el punto, el punto era que todo estaba bien, hasta que vi algo, algo que alguna vez creí real, que en otras ocasiones considere un , y que hoy se me presentaba como un fantasma.

    - ¿Y usted lleva mucho tiempo trabajando aquí? -le pregunté, intentando distraerme de lo que vi.

    - Unos 8 años ya.

    - ¿Que se siente pasar tanto tiempo con los muertos?

    - Puta ... nada, uno se acostumbra a las cosas y le dan menos susto nomas.

    - ¿Sustos?

    - Si po', ruidos, fotos, gente extraña, pasos, toas esas hueás.

    - ¿Usted cree en toda esas cosas?

    - ¿La verdad? -me dice, como vigilando que nadie lo escuche.

    - Claro.

    - No, no creo en niuna hueá de las que dicen, si al final, con pasar tanto tiempo entre los muertos, la gente de aquí se empieza a imaginar ruidos, pa no sentirse tan solos.

    - ¿Entonces no cree en los fantasmas?

    - No.

    - Entonces por...

    Pero dejé al hombre seguir haciendo su trabajo, y le evité tratar de responder una pregunta que le hubiera causado risa, ademas de desconcierto.

    - ¿Entonces porque la sigo viendo?

    Si, ella, la inconfundible Rosseta.

    No importaba lo que dijeran, yo la estaba viendo. Pero ella parecía no verme, o quizás ignorarme, o tal vez era como decía el guia: La imaginaba para no sentirme solo.

    Pero con Rosseta las certezas no existían, en el ámbito que fuese.

    Al rato de caminar por el lugar, el guía nos contó la historia sobre una hermosa novia que murió en el altar, y que en su tumba se le escribía para que ayudara a los problemas del corazón.

    Y yo le escribí.

    La seguí por la necrópolis hasta que llego el momento de irme, entonces la dejé de ver.

    .

    Unas horas mas tardes, yo salía de mi colegio, cuando me topé con un accidente. Mientras me acercaba a la escena, las cosas se iban haciendo mas claras: Mujer en el suelo, auto detenido, gente al rededor.

    Cuando me acerqué no distinguí por completo a las personas, pero logré percatarme de que algunos eran familiares de la mujer, que resulto ser una joven, probablemente de la misma edad que yo. Entre las personas que la rodeaban se encontraban unos profesores de mi colegio, los que trataban de ayudar de algún modo.

    - ¿Que le pasó profe? -pregunté al llegar al lugar.

    - Le pasó por encima, fue heavy el choque -me respondió con una calma fingida, que intentaba ocultar la rabia por la falta de ayuda, y la tardanza de la ambulancia.

    ¿Y saben?, yo no tengo claro el momento, si fue antes o después de la conversación, pero lo que podría jurar, es que en algún instante la miré, y ella me miró, y su cara parecía preguntarme quien era, que hacia yo ahí, por que me preocupaba.

    Pero mas que nada, vi dolor.

    Vi su blanco rostro en una quietud máxima, y sus ojos azules, los mas hermosos que he visto, parecían destellar como nunca debido al contraste del rojo que le dejó el llanto y el miedo.

    Y no puedo olvidar su rostro. Y quiero encontrarla, preguntarle si ya se encuentra mejor. Sobre todo, me siento culpable. Culpable por lo que le escribí en su tumba a la novia.

    "Desde la muerte ayúdame a olvidar, que no exista un dolor que sea inmortal".

    Es que me siento egoísta. Egoísta por sufrir por un fantasma de un amor, y por haber visto, en dos hermosos ojos, el verdadero dolor, y no uno inventado, no uno que imaginemos para no sentirnos solos.




  20. El Caminante.

    viernes, 30 de septiembre de 2011

    El Caminante camina.

    El Caminante no tiene fijo un destino.
    Para el no es importante el camino.
    Sino avanzar.
    Y no parar.

    El Caminante no deja huellas en su viaje.
    El solo camina.
    Aveces, de tanto caminar, se entierra espinas.
    Pero el Caminante no para, y deja el dolor correr con el día.

    El Caminante camina.

    El Caminante jamas se detiene, aunque aveces se tropiece.
    El tropieza, y hasta se cae algunas veces.
    Orgulloso se encuentra el Caminante; "levantarse de las caídas es bueno", dice la gente.
    Pero no es bueno, el Caminante lo sabe, y vuelve a caminar velozmente.

    El Caminante tropieza por las grietas que del suelo nacen.
    El sigue caminando, y deja atrás los conflictos que lo atrasen.
    Solo si tal vez hubiera pensado en arreglarlas, y no en seguir caminando, el seria mejor.
    Pero no lo hace.

    El Caminante camina.

    El Caminante ha caminado mas que nadie.
    Y a pesar de tantos caminos, pocas veces, se ha detenido a mirar las estrellas.
    A el mismo se dice, "no tengo tiempo de fijarme en ellas", pero se miente.
    Y sigue su camino, gastando suela.

    El Caminante por lógica, no puede mirar hacia atrás.
    Eso significaría detenerse, y el Caminante no puede parar.
    Tal vez por eso, al Caminante le cuesta tanto olvidar.
    Y de las cosas bellas que tras de si dejó pasar, no logra dejar de pensar.

    El Caminante se encuentra cansado.
    Cansado de caminar.

    El Caminante se cansó de una carrera sin meta.
    El Caminante se cansó de jamas llegar.
    El Caminante se cansó de espinas y grietas.
    El Caminante se cansó de no olvidar.

    Pero el Caminante camina.

    Es que ese es su deber, y aunque piense en hacer otra, no puede.
    Porque de tanto Caminar, de tanto no mirar al pasado.
    De tanto tropezar sin solucionar nada, ni haber un destino encontrado.
    Olvidó como detenerse.

    El Caminante camina.

    El Caminante ya no puede mas, el dolor lo lastima.
    Y no son sus piernas, ni sus pies llenos de espinas.
    Es que el caminante mas que nadie, sabe sobre dolores que van mas allá del cuerpo.
    O del pensamiento, o de la razón.

    Es que el caminaba creyendo que caminado, tomaría fuerza y valor.
    Pero tanto caminar, nunca le quito el dolor.
    Solo le endureció la piel.
    Y al final se tubo que detener, habiendo gastado su vida.

    En un sendero que no supo correr.