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  1. La Mujer Erizo.

    lunes, 13 de enero de 2014

    Yo amé a La Mujer Erizo.

    De aquello no reniego.

    No suena bien, pero nos encontramos por algo bastante parecido a la necesidad
    con gusto a nuevo
    con aires de locura
    con ganas pocas y de sobra.

    Y sin tener claro como, un día, me vi atrapado en el departamento de La Mujer Erizo.
    Pasamos la mañana haciendo el amor.
    La tarde cocinando fideos con mantequilla y queso rallado.
    Las noches no las pasamos.

    Había solo una regla.

    No puedes pasar la noche aquí.

    No pregunté, no quise hacerlo. Temí que la verdad me superara, quizá vi venir lo que ocurría.

    Pasaron meses, realmente comencé a pasar mucho tiempo con La Mujer Erizo.

    En algún punto comenzaron los problemas.

    ...

    Me encantaría decir aquello, escribirlo grande y en una sola línea, convencer al lector, a ti, de paso convencerme a mi un poquito. Lo cierto es que los problemas para mi empezaron el mismo día que La Mujer Erizo me dijo que no podía pasar la noche con ella.

    Pronto comencé a buscar otras cosas.

    Llegaba oliendo a cerveza, y ella se quedaba en la cama, acariciándome, preguntándome, esperando.

    Y hasta en esos tiempos, debo decir que fue bastante lindo.

    El tener siempre un lugar al que llegar, aunque ella no me quisiera siempre ahí, y cada vez le interesara menos.

    Comencé a sentir un hedor aplastante a rutina. Yo escapaba de mi vida y terminaba llegado al departamento. Ella me recogía como una especie de perro borracho/hambriento y luego me dejaba ir.

    Nunca le hice saber cuanto detestaba que me dejara ir, ni que jamás abandonara su departamento.

    Lo poco que entregaba.

    .

    Olvidar pareció más fácil.

    Pronto dejé de llegar.

    Hasta que un día me llamó La Mujer Erizo.

    Esa noche a las nueve estaba yo frente a la puerta de su departamento, y desde ahí la vi en la cama.

    Hicimos el amor, dormimos, y la habitación quedó en penumbras.
    Antes de cerrar los ojos, vi la silueta de su rostro entre las sombras,
    y pareció tan única, que la guardé para siempre.

    Horas más tarde desperté, entonces la vi.

    A mi lado, en su lado, acurrucada sobre las sabanas, dormía una tierna y pequeña erizo.

    No me moví. Cerré y abrí los ojos tantas veces como pude, pero fui incapaz de moverme. La habitación comenzó a dar vueltas y yo creí entender algo.

    Eso era todas las noches, todas las noches ella se transformaba en una preciosa erizo, la más preciosa que yo haya visto.

    Las cosas comenzaron a ponerse mejor.
    Mis apariciones fueron, lenta, muy lentamente, en aumento

    Amé a la mujer erizo y ella me amó.
    Cocinamos todos los fideos del mundo y comimos y dormimos e hicimos el amor hasta que no quedó nada.

    Una tarde llegué al departamento y eso había: nada.

    Dejó solamente los sillones y una carta sobre ellos:

    Amor, lamento tener que hacer las cosas así. Ya no puedo con tus inseguridades, y siento que tu tampoco. Necesito cosas nuevas, y no creo justo que me sigas esperando. Amé cada mañana, tarde y noche, y por un tiempo de verdad volviste este refugio un hogar. Pero (que horrible suena ese pero) la rutina me consume, y tengo que hacer esto. Te amo, pero no me hace bien.

    Me quedé quieto, esperando que algo pasara.

    El sol se escondió y la oscuridad reinó el departamento que alguna vez fue nuestro.

    Mi ropa cayó.

    La habitación se volvió gigante.

    El mundo cambió para siempre y sentí el suelo tan cerca como nunca.

    Yo fui quien escapó

    Yo fui quien no se atrevió a entregarse.

    Yo era el de las púas.

    Yo soy El Hombre Erizo.

  2. Estoy ocupado.

    lunes, 7 de octubre de 2013

    Estoy ocupado.

    Es decir, literalmente.

    Ayer los escuché subiendo por mi rostro a la madrugada.

    Entraron por los oídos, y unas horas mas tarde ya estaban en mi cerebro.

    Quemaron todo lo que encontraron.

    Dejaron un tocadiscos al lado del tímpano, con un solo track repitiéndose cada una hora:

    "Ahueonao, ponte a estudiar". 

    Fueron al corazón, a la aurícula derecha para ser preciso. Instalaron un despertador que suena todos los días a las seis de la mañana, sin importar la hora a la que deba levantarme.

    Colocaron conos de transito al rededor de los pulmones y el hígado. Murmuraban sobre detener el acceso a esas zonas.

    Le pasaron unas lucas y unos porros a los Anticuerpos y con eso se los quitaron de encima.

    En los párpados superiores aplicaron peso hasta lograr que un sueño crónico me dominara.

    "Es por tu propio bien", les oigo decir.

    Un ser humano en toma.

    Mi tiempo en toma.

    Mi alma.

    Mi vida.

    Pero descubro un método de defensa.

    Y por eso bebo.

    Porque tengo que sacarlos a todos.

    Bebo cerveza y vino y más cerveza.

    Ahogo sus instalaciones, intoxico a sus mujeres, a sus hijos y a sus mascotas.

    Rayo el vinilo.

    Reviento el despertador.

    Me robo los conos.

    Me fumo los porros.

    Y vomito.

    Vomito la responsabilidad, y el estudio y el futuro.

    Los veo entre el vómito, puteandome, mirándome a los ojos.

    Me dicen que volverán, que son legión.

    Alzamos los puños, salimos de nuestras esquinas, suena la campana.

    Comienza otro round.

    ¡Salud!

  3. Casi.

    miércoles, 25 de agosto de 2010

    La encontró sentada sola y se le acerco.
    Este era otro intento mas para ella, otra ronda de coqueteos y promesas en vano.

    Se sentó a su lado y luego de suspirar un largo rato dijo:

    No se que es lo que esperas, y no se que es lo que quieres
    No se quien soy cuando estas cerca y la verdad no se quien eres
    No se que es lo que sientes, y últimamente ya no se bien que siento yo
    No se si me quieres
    Lo único que se es que tengo esas dudas y mil mas y sea cual sea la solución
    Juntos no tenemos las respuestas.

    Se levanto y le dio la espalda

    Mientras el moría de dolor, ella no pensó en nada, casi como si no le hubieran afectado las palabras del que con dolor, le dijo adiós.