Rss Feed
  1. Liebrefént y la Tortuga.

    martes, 29 de mayo de 2012

    Un día como cualquier otro, una liebre conocida como Liebrefént, daba un paseo por el mundo de los animales.

    Se acercaba a El Árbol, un terreno verde donde en el centro se imponía un gran roble, y todos los animales se reunían. Cuando llegó, se encontró con su amigo Mono (un mono) a lo que este le pasó un cigarro con la cola y juntos se sentaron a disfrutarlo.

    - Mira -dijo Mono-, ya viene este hueón.

    Era Tortuga (una tortuga), que siempre presumía su perseverancia y constancia para hacer las cosas.

    - Pero si no son mis flojos amigos -le digo Tortuga a Liebrefént y a Mono.

    - Pero si no es la aburrida tortuga.

    - ¿Les mostré el promedio que saqué en recolección de frutas avanzada, no?, fue el mejor de la clase. Deberían esforzarse mas, chicos. Siendo constantes y a paso lento pero seguro, se pueden lograr muchas co...

    - ¡Fome el hueón! -gritó Liebrefént.

    Así, se fue armando una discusión entre Liebrefént y Tortuga, y todos los animales formaron un circulo esperando que en algún momento comenzara la pelea.

    - Mira -dijo Tortuga- ¿que tal si hacemos algo para comprobar quien es el mejor ... algo como, una carrera?

    Las risas se elevaron hasta las ramas mas altas del roble, y las hienas casi sufren un colapso.

    - Está bien, la haremos mañana, desde El Árbol hasta la piedra gigante que se encuentra junto al lago.

    Los animales se dispersaron, la carrera quedó definida para las 12 en punto y Liebrefént se fue a recoger algunas frutas que sus amigos los elefantes habían dejado fermentar hace unos días, y así consiguió alcohol para la fiesta con las jirafas.

    Cuando el sol se encontraba en el lugar indicado, los animales se reunieron en torno al roble esperando que comenzara la carrera. Las gallinas preparaban las casas de apuestas, las jirafas cobraban a las ardillas y a los monos para posarse en su cuello y tener una vista privilegiada, los elefantes se encargaban de la venta de bebidas alcohólicas, pero Liebrefént no estaba por ningún lado.

    Casi una hora mas tarde, Liebrefént apareció, caminando un poco chueco y con unas enormes ojeras.

    - Sorri cabros, la caña.

    Una zorra tomó la bandera para dar inicio a la carrera, los corredores se pusieron en sus marcas, y entonces comenzó.

    Los animales se volvieron locos alentando a los corredores, y a modo de burla, Liebrefént avanzaba mucho y se recostaba en la hierba a descansar, mientras Tortuga mantenía su paso lento, confiando en su capacidad. Liebrefént repitió el truco varias veces, y cuando ya estaba a un pequeño tramo de llegar a la piedra y ganar la carrera, se recostó a la sombra de un árbol y durmió.

    El resto todos los sabemos.

    Tortuga ganó la carrera. Los animales lo tomaron y lo elevaron por los aires mientras ella sostenía su enorme trofeo dorado, y de fondo, se escuchaban los gritos de alegría de las tortugas y los caracoles, que aclamaban a su nuevo héroe.

    Sobre Liebrefént, el se quedó bajo el árbol. Su amigo Mono le ofreció otro cigarrillo y le dijo que lo sentía, pero Liebrefént lo interrumpió diciendo que no había nada que lamentar. Entonces Liebrefént se puso a pensar en Tortuga. Lo vió graduándose como el mejor de la clase, luego sacando un titulo, también con un traje de gerente, siendo dueño de alguna empresa de recolección de frutas, esclavizando algunos monos.

    Vio el trofeo.

    Pensó en la cobardía de la Tortuga. En como jamas se había salido del camino que le señalaron, como nunca tropezó ni sentido dolor, pensó en que nada que termine con un trofeo puede tener verdadero valor, y que la gente que se mueve por trofeos, tampoco.

    Una ultima vez, pensó en Tortuga. Pensó en su caparazón, en como este le impedía echarse de espaldas en la hierba, y disfrutar el brillo de las estrellas

    Y es que es hasta triste pensar, en que hay seres que no pueden ver ese brillo, el de verdad, y aun mas triste, es pensar que nunca lo encontraron entre sus trofeos.
    |


  2. El niño que dibujaba ojos.

    sábado, 19 de mayo de 2012

    Solía dejarles algunos ejercicios en la pizarra y luego se sentaba a leer algún libro que encontrara en la biblioteca, lamentando el que ya no se pueda fumar en la sala. Si bien, el era joven y no había alcanzado a enseñar en esos días, le parecía una forma perfecta de bajar el stress y aminorar las ansias de arrancar del salón en esos momentos donde los gritos parecían rebotar en los muros y reventarle en la cara.

    - Profe Carlos -dijo la voz chillona de una alumna en el medio de la sala- ¿puede venir un poco?

    Aunque Carlos no solía levantarse a resolver las dudas de sus alumnos, el 7º básico era uno de sus cursos favoritos (el menos ruidoso), por lo que fue en la ayuda de la pequeña chillona, y a la vuelta le llamo la atención algo. Luis, un chico grande de mirada agresiva, dibujaba en la mesa.

    Caricaturizados, realistas, pequeños puntos, simples círculos ... habían de todo tipo, pero cada uno de ellos era perfectamente reconocible: eran ojos.

    Desde la altura de Carlos, todos esos ojos parecían mirarle, y en lo que parecía ser la pupila de uno, Luis dibujaba un espiral perfecto, que parecía no terminar. Su mirada intimidante se perdía en ese pequeño ojo que dibujaba, y a Carlos le daba una sensación extraña, de como sus ojos -los de Luis- se perdían en otros ojos, como un tornado perdiéndose en un huracán.

    Y claro, el hecho pudo haber quedado en una simple anécdota, algo que contar en la sala de profesores, e incluso pensó en incluirlo en una lista de cosas extrañas que hacían sus alumnos, pero cuando los dibujos tomaron verdadera importancia, fue cuando revisaba las ultimas pruebas de geometría. La mañana del lunes, Carlos llamo a Luis a acercarse a su escritorio.

    - Luis, ¿ocurre algo?

    - No, ¿porque? -su voz era profunda y tenía una fuerza que parecía intimidar a Carlos, dejándolo pequeño, y dando la impresión de que el era el que estaba siendo interrogado.

    - Es que en tu ultima prueba no respondiste nada ... bueno, la verdad eso resulta una normalidad en la mayoría del curso, pero tu llenaste todas las paginas de ...

    Sacó la prueba de su mochila, y una criatura de mil ojos que alguna vez fue un papel apareció. Estaban increíblemente detallados, y la forma en que parecían mirarlo directamente le parecía a Carlos algo monstruoso, y la guardó lo mas rápido posible.

    - Me gusta dibujar, no sabía que responder ... eso.

    - Esta bien, vuelve a tu asiento.

    Esa noche, cuando llegó a casa, se desabrochó la camisa y prendió un cigarillo. En su cara se dibujaba el peso del día, y también se deja ver algo, esa preocupación que le dejó el tema de Luis y los ojos.

    - ¿Pasa algo, cariño? -le dijo su esposa desde la habitación-, estás muy callado.

    - No nada, es que ... hay un chico en el colegio, el...

    - ¿Se porta muy mal?

    - No, no, la verdad es muy tranquilo, es que dibuja todo el día, y sus dibujos...

    - Está bien, el colegio no es solo pruebas y números, los niños deben desarrollar habilidades artísticas, lo que pasa es que tu eres demasiado cuadrado ... ¿puedes poner la mesa?

    Carlos se quedó en silencio, e hizo lo que le pidió su esposa.

    La situación se volvió a repetir y con el paso de las semanas otros profesores le comentaron a Carlos que Luis hacía lo mismo en todas las materias, y que lo mas probable era que esto terminara en repetir el curso. Fue por esto que no le quedó otra opción que llamar al padre de Luis para comunicarle la situación, pero fue su madre quien llegó.

    La mujer le decía que su hijo era un buen chico, que en casa no hacía ruido y ayudaba mucho, que no entendía que le pasaba y que si era necesario, pagaría un sicólogo.

    Y claro, no era que Carlos no creyera en las palabras de la mujer, pero la forma en que Luis mantenía la mirada baja durante la entrevista, daba la sensación de que no se percataba de que se hablaba de el, lo que a su vez, daba la seguridad de que el verdadero problema ni siquiera había sido abordado.

    Una semana después, Carlos entraría a la sala y se encontraría con una bestia desatada. Luis golpeaba bestialmente a otros dos alumnos, y mientras Carlos lo tomaba por la espalda y lo llevaba fuera del salón, el seguía golpeando, como si eso que verdaderamente golpeaba, aún siguiera en pie.

    Resultó que mientras Luis dibujaba, los otros dos lo molestaban y le arrojaban cosas, pero el no parecía percatarse. Así, motivados por esa falta de atención que Luis les daba, por eso mismo que todos hacemos locuras alguna vez, le arrancaron las paginas a sus cuadernos, las hicieron pequeños pedacitos, y las arrojaron hacía arriba, llenando el salón de pequeños ojos que miraban a todos en todos los ángulos, como un Gran Hermano de papel que paralizó el tiempo un instante.

    Luego se desató la bestia.

    Afuera, Luis seguía golpeando al aire, y mientras Carlos intentaba calmarlo, un golpe le llegó en el estomago y un grito de verdad, de esos que vienen desde cada una de las células que componen el corazón, viajando por las venas hasta reventar en los labios, salió:

    - ¡Mireme, mireme mierda!, ¡por la chuca mireme, mireme, mireme!, ¡mireme!

    Y así, la intensidad de los golpes, así como la de los gritos, fue disminuyendo, hasta que sus brazos cayeron desplomados a su costado, débiles como bolsas llenas de agua, y sus gritos se apagaron, volviéndose un pequeño murmullo que solo el silencio puede escuchar.

    Carlos tomó la cara del chico y lo miró a los ojos, y en esos ojos, descubrió algo.

    Entonces Luis volvió a sonreír.

    Es difícil descubrir cosas, y mas cuando no las estabas buscando, sino cuando simplemente las encuentras, y se da una situación extraña, donde no sabes si tu descubriste algo, o eso fue lo que te encontró.

    Como para Carlos, el cual no tenía forma de saber que la madre de Luis era golpeada casi todas las noches por su padre, que la misma sufría una gran depresión por esto mismo y muchas veces ni siquiera le preparaba el almuerzo al niño, que Luis había dejado de ser un niño, y que hace tiempo que ya nadie lo veía, y con verlo hablo de ver realmente a una persona, de reconocerla, de tomar su mano y darle la confianza para entregarse y ser ella, de cuidarla y de a través de esto, hacer sentir vista a la persona, verla como el alma que somos.

    Eso fue lo que descubrió Carlos cuando vio los ojos de Luis, cuando después de haberse encontrado entre las garras de la bestia, se encontró en las manos de un pequeño niño que necesitaba cariño, como un pequeño hombre-lobo, del cual el dolor era su luna.

    Fue así que Carlos se prometió ayudar al chico en lo que pudiera, y con el apoyo de este y de los amigos que fue haciendo en el colegio, Luis pudo volver a sonreír, y dejó de dibujar ojos.

    Una noche, Carlos se encontraba revisando una prueba y moviendo un lápiz rojo sobre ella, mientras su esposa servía la comida.

    - ¿Y como te fue hoy? -le preguntó a su esposa.

    Ella comenzó a hablar de lo estúpido que era su jefe, de su compañera Jenny que le tenía envidia, de como algunos de los chicos de la oficina pasaban metidos en facebook,  y así siguió sin callar en ningún momento, pareciendo mas un monologo que otra cosa.

    - Disculpa -dijo Carlos- voy al baño.

    Dejó el lápiz y la prueba sobre la mesa y se dirigió al baño. Curiosa, su esposa se acercó a la mesa y tomó la prueba.

    Además de los borrones y los números anotados por un alumno, ella encontró ojos, ojos rojos dibujados que llenaban toda la hoja.




    |