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  1. Caminar chueco.

    lunes, 22 de octubre de 2012

    Le echaba ketchup a una sopaipilla cuando escuché una voz a mi lado pidiendo una. De pronto, la misma voz extraña se dirigió hacia mi:

    - ¿Pásame la mostaza?

    Entonces lo hice, y al verlo, descubrí que era un signo de suma. Es decir; una cruz, una linea vertical sobre otra horizontal. Tenía dos pequeños y delgados brazos a sus lados y en su parte superior se distinguían dos ojos negros y una pequeña boca, de la cual ahora caía mostaza.

    - ¿Que, tengo algo raro en la cara? -me dice, un poco molesto por mi mirada, mientras le da un pequeño mordisco a su sopaipilla.

    - No, no -le digo, un poco avergonzado-, es que nunca había visto a alguien como tu.

    - ¿Como yo, así guapo y atractivo?

    - No, con ojos y boca y brazos ... no sabía que los signos positivos llevaran todo eso.

    - Es que cuando trabajamos nos ponemos de espalda po hueón, mira.

    Entonces el signo dio media vuelta, cruzó los brazos y se quedó completamente inmóvil.

    - ¿Veis?, paso piolita.

    - ¿Y protesta por qué?

    - ¿Como que por qué?, por las condiciones laborales po'. Es que a uno no lo pueden tener así, quietito todo el día, siempre recto, haciendo lo mismo hasta la muerte, sin opción.

    - ¿Es que no puedes hacer otra cosa?

    - No, yo ya estoy muy viejo pa eso. Recuerdo otros tiempos, cuando chico, soñaba con ser una resta. Quizás no para siempre, pero algún día si se daba, por qué no. Es que es difícil esta hueá de ser una suma, de ir siempre acumulando todo, haciendo todo cada vez mas grande y parte de lo mismo, las penas, el trabajo, los problemas. Siempre más, y más, y más...

    Se quedó en silencio durante un rato. Yo le eché un poco de mostaza en forma de espiral a mi sopaipilla, el siguió.

    - ¿A ti te pasa lo mismo, no? -me preguntó, con los ojos pesados y los brazos cayéndole por los costados- tu mirada ... no es la de un hombre joven. Llevas uniforme, a ti también te ponen quietecito, mirando hacia el frente, siempre hacia el frente, juntando cosas, haciendo siempre lo mismo hasta que te vuelvas polvo.

    - Bueno, supongo que si pero...

    - ¡Pero nada mierda!, nosotros podemos cambiar esto, quemar el sistema, matar a estos hueones, hacer todo mejor para los que son como nosotros.

    - ¿Y como somos nosotros?

    - Puta, nose, raros po, como que no calzamos.

    - Mmm ...

    - ...

    Mordí la sopaipilla.

    - ¿Realmente quieres cambiar? -pregunté, con la boca llena.

    - Cambiar, quemarme, empezar de nuevo ... como el Fénix.

    - Déjame ... permiso, déjame hacer algo.

    Lo tomé de sus extremos, lo levanté, y lo giré un poco, entonces lo dejé donde estaba.

    - ¡¿Que chucha hiciste?!

    - Te voltee, ahora eres una X, una multiplicación.

    Algo había cambiado. Sus ojos se abrieron hasta el límite, y junto con sus manos, recorrieron su cuerpo. Dio unos pasos torpes y volvió a donde estaba.

    - Eso si me cuesta caminar así, me quedan las patas un poco chuecas.

    Es que esa es la única forma de ser nosotros mismos, aunque sea difícil: caminando un poquito chueco -me dije a mi mismo.

    Me dio la mano, y se marchó. Yo pedí otra sopaipilla, y con el ketchup, le dibujé una sonrisa.
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