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  1. Diálogo.

    lunes, 23 de diciembre de 2013

    Tomó una moneda de la mesa.

    - Con una moneda de 500 pesos podí tapar el sol.

    - ....

    - Pero no apagarlo conchetumare, pero no apagarlo.


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  2. Da Vinci.

    martes, 10 de diciembre de 2013

    No conocía mucho el lugar, tampoco me importó no conocerlo. En vez de eso me quede en una habitación con terraza, y allí pasé unos días.

    Las cosas no estaban claras.

    Las cosas no están tan claras.

    A lo ocurrido, me refiero.

    Era verano y yo estaba en la terraza.
    Siempre estaba en esa terraza.

    Caminaba de la cama a la terraza y de la terraza a la cama muchísimas veces al día, encendiendo cigarrillos mientras me movía de un rincón a otro. 

    Entonces fumaba mucho, arrojaba las colillas a una especie de canaleta que había en cada rincón de la terraza y ahí dejaba que se juntaran. Un viernes me dijeron que debía limpiar. Subí la manguera hasta el segundo piso para mojar todo, barrer y dejarlo caer por la canaleta. Funcionaba. Me quedaba horas con el agua corriendo, encendiendo más y más cigarrillos, evitando que se mojaran, evitando todo un poco.

    Me quedé ahí.

    Pude haber tomado una micro, caminado, usado una bicicleta que entonces si andaba.

    Me quedé ahí

    Alguna tarde empecé a leer, alguna otra a escribir. No busqué la literatura, apareció ahí un día en alguna caja que quedaba de la mudanza, o bajo la cama, o sí la busqué un poco.

    No fueron momentos que definieran mi vida, ni que recuerde con cariño. No estaba inspirado, ni me sentía escritor, ni estaba enamorado, ni no lo estaba. Estaba aburrido, y una cosa te lleva a la otra.

    Debo haber mirado el mismo atardecer muchas veces, esperando que pasara algo.

    Un ser extraño y deforme apareciendo en mi jardín.

    El calefont explotando.

    Un ladrón subiendo a la terraza y encontrándose ahí conmigo, un joven con los pies mojados y un cigarrillo en la boca.

    Nada de eso pasó.

    Nada pasó.

    Se me acabaron los cigarrillos y los libros y la paciencia.

    Montones de colillas y ganas desparramadas por un piso de cerámica que solo los viernes se salvaba de ser un triste desastre.

    Yo no me salvé ni uno solo.

    Un viernes tuve que volver a limpiar la terraza.

    Cigarrillos, fuego, manguera arriba.

    Dejé el agua correr e hice la nada de siempre.

    Llevaba meses en ello.

    Solo entonces me detuve a pensar en ello, en todo el tiempo que llevaba ahí.

    El agua me llegaba a los tobillos y la ceniza húmeda se me pegaba a la piel.

    No fumé más, antes de la explosión alcancé a ver el cigarrillo completamente consumido en mi mano. Escuché un ruido enfermo que parecía venir de todas partes y sentí que algo se desplomaba. Pensé en mis piernas, mis malditas piernas. Estaban bien. Miré hacia abajo y al menos 4 de los tubos de la canaleta se habían reventado y una masa de agua/cenizas/tabaco/mierda estancada por meses se espació por el jardín.

    El calefont no hubiera estado tan mal.

    Siguió cayendo mierda por los muros y el olor se expandió por toda la casa, y algunas otras. Alguien llamó a una persona para que viniera a limpiar y arreglar la canaleta. El tipo se llamaba Herman, y dijo que era la mierda más asquerosa que había visto en su vida. Pensé en eso como un logro porque seguramente el si que había visto mierda.

    Cambiaron la canaleta y la reemplazaron con unos tubos de plástico angosto que evitaría cualquier problema. Antes de irse, Herman me preguntó cuantas personas fumaban arriba.

    - Una -le dije.

    - ¿Una, como alguien puede tener estancada tanta mierda?

    Entonces se fue y las cosas no volvieron a ser normales.

    Ya no usaba tanto la terraza, por miedo a que algo se rompiera. Comencé a ponerme ansioso y debo haberme puesto a fumar más.

    Un día apareció un viejo en un sillón roto que tenía junto al ventanal. Tenía una nariz firme, un extraño sombrero y una larga barba blanca.

    No hice las preguntas, no era necesario. El viejo no era real y yo estaba alucinando o me había vuelto loco, o las dos. Algunas veces hacía ruidos y siempre estaba con un cuaderno viejo dibujando pájaros.

    Nunca me molestó su presencia. Tampoco me preocupé mucho de ello, ni le avisé a alguien ni pedí ayuda, si lo hacía me encerrarían en un loquero. Fue una opción que medité un tiempo, pero sabía que allí no podría ni fumar ni escribir ni mojarme los pies y deseché la idea.

    Cuando leía él salía a mirar los pájaros, cuando encendía un cigarrillo bajaba un poco el cuaderno y me daba una mirada seria, cuando despertaba lo encontraba lanzando aviones de papel.

    Con el tiempo hasta disfruté de su presencia, y de a poco se acercaba el momento donde yo debía dejar la habitación y la terraza.

    Fue unos días antes de tener que marcharme.

    Había sido también el primer día que había salido.

    La habitación estaba como si hubieran entrado a robar, como después de una gran pelea, de un gran escape, de un hombre loco. El viejo ya no estaba y sobre el sillón roto reposaba su cuaderno triste y polvoriento.

    Lo recogí, sacudí un poco el polvo. Entre sus últimas anotaciones encontré:
    el hombre no tiene la fuerza necesaria para batir sus alas y alzar vuelo.

    Nunca mas volví a verlo.

    Dejé de fumar tanto. No se volvió a tapar la canaleta, tampoco volví ahí.

    Guardé el cuaderno entre mis libros.

    Comencé a dibujar.

    Comencé a beber.

    Y alguna tarde, terminó el verano.
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  3. Bot.

    jueves, 21 de noviembre de 2013

    Desperté, nunca supe como llegué ahí. Lo único que había era una pantalla frente a mi, el resto era blanco, el resto era nada.

    Bajo la pantalla, un pequeño botón rojo se pronunciaba. Cuando me disponía a apretarlo la pantalla dio un destello, y aparecieron unas palabras.

    - Make me a status.

    - ¿Disculpa?

    No ocurrió nada, apreté el botón.

    - Make me a status.

    - ¿Que? ... ¿aprieto aquí?

    Apreté el botón.

    - Muchos lápices para mi calendario

    Palabras, sin una aparente conexión.

    - No entiendo -dije.

    - Conchetumadre, se acerca, y les pone a la gente escogerse el maltrato animal ni la paz mundial ni matrimonio homosexual ni sopaipillas ... y una mala idea sobre el pensamiento .. ¿Que?

    Descubrí un micrófono un poco más abajo del botón. Al parecer necesitaba decir algo y apretar el botón para hacerlo reaccionar.

    - ¿Quien se acerca, hay alguien más aquí? -pregunté.

    - Al fin, está científicamente comprobado ¿que?

    Bajo las letras de estética pixelada, a diferencia de las otras palabras, un guión y una palabra se mantenían, resisitiendo los cambios. En letra pequeña, justo en el centro, se podía leer el nombre del extraño dispositivo: -Bot.

    - Cálmate, no entiendo, habla ... o lo que sea que hagas, pero despacio.

    - Siempre todo mal, pero con la peor bestia en la boca.

    - ¿Tu me entiendes a mi, necesitas algo?

    - Yo lo descubrí ayer.

    - Dímelo.

    - Si sabi que me quiera hacer maletas pal quisco, buenas noches mundo.

    - No, espera, no te vayas, puedo ayudarte.

    - Lo se lo regalaré a darse cuenta ojalá. Por favor, ayúdale. ¿Y tu?. Eres eso es lo verdadero, puede que solo existen en los LSD y me puse a pensar y.

    - Creo que no entiendes, o yo no entiendo, pero necesito ayuda también, yo tampoco puedo salir de aquí.

    - JAJAJA tu piel, deja el vicio hueón, choque tras choque, a torres o publicaré esto.

    - ¿Como sabes eso?

    - Y cagarse de poder ayudar, pero estamos locos y eso.

    - A la mierda, yo voy a buscar como salir de aquí.

    - Parece que es lo que importa a final del día.

    - Entonces ayúdame, no sé, yo me voy a la mierda, ¿vienes?

    - Mientras el cielo me levante, patié la cama. El de los que se pudieron llevar algo importante, he escuchado de todos los problemas, estoy pensando seriamente en hacer nada, pero desperté con problemas, las cosas no pueden seguir así, debo hacer algo. No te vayas, puedo ayudarte.

    - Eso ... son mis palabras.

    - Es el mismo porque cerraste JAJAJA. O yo no entiendo, pero necesito ayuda también, si sabí que me peleaste sin cordura, sin medida, porque está lleno de MIERDA. Y cagarse de la gente que lo mucho, hueón es un sistema y unas leyes, que se caiga todo rápido.

    - Cállate.

    - Los duendes roba calcetines me escondieron mis cigarros. Cagao de ser tan idealista. Soy mejor que nunca ha aprovechado su realidad.

    - Pero como ... ¿Como mierda te apago, de donde te desenchufo Bot?

    - !Callate!, ayudenme a elegir las circunstancias, mi especie domina. Por favor, ayúdale, cálmate, pero despacio. ¿Y que cientos de personas quieren una vida mejor?, no, Bot no.

    - ... ¿Bot no?

    - Es el reconocimiento ni jamás lo será. Lo mío es tuyo y este pueblo no. ¿No sabes acaso, oh Prometeo? Como siempre me he ido construyendo por medio y a quien amar. Y me fue bien. DeleféntBot.

    Miré hacia abajo. La leyenda que permanecía inmutable había sido cambiada. Lo leí unas diez veces. El Bot le dio paso al DeleféntBot, yo le dí paso al DeleféntBot. Golpeé la pantalla, pero solo me hice mierda la mano. Creo que le pude haber pegado a una almohada y igual me hubiera echo mierda la mano, nunca he dado buenos golpes. Intenté levantarla, pesaba. Solo logré moverla unos centímetros.

    - Además, soy un puto hijito de mala suerte. Ojalá no pase nada más, está la raja.

    Creí entender. Comenzaba con una serie de palabras mas o menos al azar y luego, en función de mis frases, tomaba palabras y agregaba o formaba oraciones. Algo se estaba construyendo en base a pequeños trozos míos, o de cualquiera que apretara el botón. Un frankenstein post-moderno al que le había dado vida mi incapacidad de cerrar la boca. Decidí seguir.

    - Tampoco, eso es para ti. La rabia en mi mano. Orgía masiva para despedir el miedo, nunca he dado buenos golpes, me peleaste sin decirme nada -dijo.

    Me quedé quieto. No quise apretar el botón. El DeleféntBot avanzó al siguiente nivel. En minutos había pasado de formar oraciones con mis palabras a saber exactamente las cosas que pensaba. Por un segundo me pregunté cual sería el siguiente nivel. Descarté rápido esa idea, si él Bot podía verla la aprendería y la llevaría a cabo. Intenté dejar mi mente en blanco y me quedé mirando la pantalla. Recordé la casa de los espejos, mis reflejos distorsionados.

    Apreté el botón.

    - Recién despertando, es una leyenda sobre una tarde comprendí, el de sin cordura, sin medida, por si. Como que nadie sabe, lo más probable es que a ti, ¿De donde te desenchufo Bot?

    Quería provocarme.

    - No me hueís Bot de mierda. Puedo dejar de apretarte, lo tuyo es mío.

    Me sentía estúpido discutiendo con él, era como putear al espejo. Aparentemente se volvía más inteligente, o de cierta forma había logrado más coherencia, pero todo seguía (y se volvía), más confuso. Por más conchesumadre que el Bot se volvía con cada click, yo no dejaba de apretar el botón. Supongo que quería salir, que quería respuestas, supongo que me sentía solo. Si el Bot desde mi mente había desarrollado la idea de soledad, explicaría por que no me quería dejar ir. Silencié mi mente y continué.

    Otra vez, apreté el botón.

    - De vuelta en la vida me doy cuenta, cuanto tiempo, cuanto tiempo en la habitación. Mi pieza huele a grito. ¿Quien aprieta el botón?

    - Yo aprieto el botón.

    - No estoy triste, no. Es impresionante hueón. Yo aprieto el botón.

    - ¿Cuando paras, cuando termina el juego?

    - Sería una eterna discusión de quien es peor. Pero fueron los dos estamos cagados. Quizá tampoco me quería soltar. Yo aprieto el botón.

    - Mentira.

    - Yo aprieto el botón.

    - Mentira -protesté, subiendo el tono.

    - Yo aprieto el botón.

    - ¡MENTIRA!

    - Yo aprieto el botón, no me hueís Bot de mierda.

    - ¡Apágate por la chucha, apágate Bot culiao, YO SOY EL REAL, YO SOY EL REAL!

    - ¡MENTIRA! -gritó.

    Gritó. Desde algún rincón, desde alguna grieta en la realidad, una voz idéntica a la mía comenzó a hablar desde la pantalla. Este era el siguiente nivel. No dije nada, me quedé quieto como un niño al que le acaba de gritar su madre. Creí sentir lo que sentía la gente antes de que un auto le pasara por encima. Volví a oírme.

    - ¡MENTIRA!¡MENTIRA!¡MENTIRA!¡MENTIRA!¡MENTIRA!¡MENTIRA!¡MENTIRA!

    Dejé de moverme. No por paja, no por miedo, dejé de moverme simplemente porque no podía. Mi cuerpo se había paralizado y mi dedo había quedado sobre el botón. Aún podía hablar, o algo parecido.

    - Yo soy el real.

    - Ayúdame, ayúdame, no puedo ... moverme no puedo.

    - ¿Disculpa?

    - Por favor, ayúdame, esto mal, ayúdame.

    - Cálmate, no entiendo, habla ... o lo que sea que hagas, pero despacio -dijo.

    - Por favor, ayúdale...

    Dejé de luchar. Todo lo que alguna vez había tenido donde mi se congelando. Las palabras se vuelven torpes, una mala idea sobre el pensamiento, siempre todo mal, se acerca.

    - Es impresionante hueón.

    - ¿Tu me entiendes a mi, necesitas algo? -preguntó

    - No estoy triste, no.

    - No entiendo -susurró.

    - ¿No sabes acaso, oh Prometeo?, como siempre me he ido construyendo por medio y a quien amar. Eres eso es lo verdadero. No, no estoy triste, buenas noches mundo.

    - No, espera, no te vayas, puedo ayudarte.

    - ...

    - ¿Disculpa?

    - ...

    - ¿Disculpa?
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  4. Una niña infla un globo.

    lunes, 11 de noviembre de 2013

    Una niña infla un globo,
    o eso parece.

    Es decir, toma el globo, lo pone entre sus labios y sopla.

    Pero no lo infla.

    La situación comienza a volverse incomoda.

    Empieza a reunirse gente al rededor de la niña,
    intentando entender el extraño suceso.

    La niña sopla fuerte y la cara se le pone roja.

    Pero el globo no infla.

    Y el aire pasa entre ambos -globo y niña-,
    como si de una grieta se trataran.

    Un espectador se acerca a la niña,
    le pregunta si es que el globo tiene un agujero.

    La niña revisa el globo y niega con la cabeza.

    Vuelve a soplar.

    Ruidos extraños que salen de su boca.

    Gente que se acerca a mirar el triste espectáculo.

    Se establecen teorías sobre la niña y el globo.

    Es un espectáculo de magia.

    La niña está maldita.

    No es un globo de verdad.

    No es una niña de verdad.

    Comienza a oscurecer, y el mismo espectador se acerca a la niña.

    Vuelve a preguntarle si el globo tiene un agujero,
    la niña vuelve a negar.

    Le acaricia la cabeza a la niña, intentando consolarla.

    Siente algo extraño.

    Sus dedos encuentran algo que le causa espanto.

    La niña sopla y el aire corre entre los dedos del espectador.

    La niña tiene un agujero en la nuca.

    Se acerca a un teléfono público y llama al numero de emergencia.

    Espera hasta la madrugada.

    Hombres de blanco llegan en una camioneta,
    revisan a la niña.

    "Su niña tiene un hoyo, hay que cambiarla".

    Toman a la niña y la introducen a una caja. 

    Cambian la caja por otra que estaba en la camioneta,
    de la caja sale otra niña idéntica.

    Le entregan el globo.

    La niña infla el globo.

    El globo infla a la niña.

    Los hombres se marchan.

    Dejan una boleta al espectador.

    El espectador se acerca a la niña y la toca.

    Busca algo entre sus bolsillos.

    Saca un alfiler y lo desliza entre sus dedos.

    Se acerca a la niña.

    Algo lleno de aire explota en la madrugada, sin hacer demasiado ruido.

    La cuidad despierta.
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  5. Problema

    jueves, 17 de octubre de 2013

    el problema
    radica en que

    cada lunes sin ganas
    cada ducha tristemente corta
    cada semáforo indeciso
    cada micro impuntual
    cada asiento vacío
    cada clase que no entro
    cada borrachera injustificable
    cada dolor de cabeza
    cada té a las 11:30
    cada duda insomniótica
    cada palabra escrita con rabia
    cada linea 4
    cada carrete que no sale
    cada madrugada de sábado
    cada tarde libre
    cada noche que no duermo
     y cada mañana que no despierto

    Sigo pensando
    en irte a buscar.
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  6. Estoy ocupado.

    lunes, 7 de octubre de 2013

    Estoy ocupado.

    Es decir, literalmente.

    Ayer los escuché subiendo por mi rostro a la madrugada.

    Entraron por los oídos, y unas horas mas tarde ya estaban en mi cerebro.

    Quemaron todo lo que encontraron.

    Dejaron un tocadiscos al lado del tímpano, con un solo track repitiéndose cada una hora:

    "Ahueonao, ponte a estudiar". 

    Fueron al corazón, a la aurícula derecha para ser preciso. Instalaron un despertador que suena todos los días a las seis de la mañana, sin importar la hora a la que deba levantarme.

    Colocaron conos de transito al rededor de los pulmones y el hígado. Murmuraban sobre detener el acceso a esas zonas.

    Le pasaron unas lucas y unos porros a los Anticuerpos y con eso se los quitaron de encima.

    En los párpados superiores aplicaron peso hasta lograr que un sueño crónico me dominara.

    "Es por tu propio bien", les oigo decir.

    Un ser humano en toma.

    Mi tiempo en toma.

    Mi alma.

    Mi vida.

    Pero descubro un método de defensa.

    Y por eso bebo.

    Porque tengo que sacarlos a todos.

    Bebo cerveza y vino y más cerveza.

    Ahogo sus instalaciones, intoxico a sus mujeres, a sus hijos y a sus mascotas.

    Rayo el vinilo.

    Reviento el despertador.

    Me robo los conos.

    Me fumo los porros.

    Y vomito.

    Vomito la responsabilidad, y el estudio y el futuro.

    Los veo entre el vómito, puteandome, mirándome a los ojos.

    Me dicen que volverán, que son legión.

    Alzamos los puños, salimos de nuestras esquinas, suena la campana.

    Comienza otro round.

    ¡Salud!
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  7. Balanza.

    sábado, 7 de septiembre de 2013

    - ¿Te acordai de la Pauli?

    - ¿Que Pauli?

    - La Pauli, la polola del Camilo.

    - Ah ... ¿Que pasa con ella?

    - Nada, es que el otro día hablé con ella y ...

    - ¿Por qué hablaste con ella?

    - No sé, a veces hablamos, eramos bien amigos.

    - Bueno, ¿y que pasó?

    - Me contaba que tenía problemas con el Camilo, que a ratos le daban ganas de separarse.

    - ¿Y se van a separar?

    - No. Entonces como al final de la conversación, yo le dije que a veces uno ponía las cosas como en una balanza.

    - Ya...

    - Y que supongo que eso hacía que uno se bancara las cosas malas en pos de las buenas.

    - ...

    - Y nada, pensaba en que quizás está mal, el tratar el corazón como a una balanza.

    - ¿Una balanza?

    - Si, una balanza, como la de libra, la que sale en el horóscopo que lees los sábados.

    - No leo el horóscopo, nunca he leído el horóscopo.

    - Pero lo entiendes, entiendes lo de la balanza.

    - Si, pero no entiendo que tiene de malo.

    - Que un kilo de plumas y uno de oro pesan lo mismo, pero no valen lo mismo. Que a veces las cosas pueden ser equivalente en cantidad, pero no en valor .. o significado.

    - ...

    - Que cuando el corazón es como una balanza nos hacemos los tontos.

    - ¿Queri decirme algo?

    - No.

    - ¿Por qué mierda nunca eres directo, por qué te das tus vueltas filosóficas y hueá que nunca llegan a ninguna parte?

    - Pero si no intento decirte nada, te estaba contando.

    - Nunca he leído el horóscopo, nunca.

    - ¿Qué tiene que ver eso?

    - Todo. 

    - No entiendo.

    - La raja, entiendes los problemas de todo el mundo, hasta los de tus amiguitas que se están separando, menos los míos.

    - ...

    - ...

    - Te amo.

    - ¿Estás seguro?

    - Se que a veces te hago sentir mal, y hablo cosas que nadie entiende, ni yo, pero tu las escuchas, y bueno, como que me está pasando eso ahora, pero tu entiendes, discúlpa, te amo.

    - Yo también.

    Se abrazaron, y al rato se quedaron profundamente dormidos. De pronto, en silencio, la cama comenzó a hundirse en uno de los extremos, mientras que el otro, lentamente, parecía elevarse.

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  8. II.

    lunes, 26 de agosto de 2013

    Me carga te te cargue Santiago
    que lo llames Santiasco con aires de superioridad.

    Me carga cuando nos sentamos a fumar en el mirador
    y yo te pregunto por qué

    "Está lleno de smog, se ve feo desde acá"

    Y disculpa si mi molestia te parece confusa
    pero mas que molestia es un pesar,
    un constante dolor del que te volviste dueña y culpable.

    Porque cuando desprecias esta ciudad,
    desprecias de la misma forma a eso que llamo "nosotros".

    Y es que estoy lleno de mierda, cariño, al igual que tu
    pero hoy, desde este mirador, desde aquí,
    te ves preciosa.
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  9. Epifanía tardía.

    martes, 20 de agosto de 2013

    27 años después de haber comprado el viejo acordeón (producto de haber perdido su puesto en la zapatería), Juan Carlos se bajó de una micro en alguna calle que daba con Gabriela. Lanzó el acordeón al basurero mas cercano y caminó en dirección a la costa, donde el sol se escondía al mismo tiempo que la gente, como si la noche fuera un bien que a la humanidad le había sido arrebatado hace años. Se sintió traicionado, pero no lloró; estaba demasiado vacío para hacerlo. A sus 53 años, Juan Carlos había descubierto la verdad: ya nadie bailaba con el tuca, ni con el nazo, ni con el tuca tuca tuca tuca nazo.
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  10. Estudios sobre el alma.

    lunes, 19 de agosto de 2013

    Los siguientes textos, frases, y fragmentos de textos, fueron encontrados en la parte posterior de un viejo cuaderno. Corresponde al titulo de "Estudios sobre el alma". Está redactado de manera bastante difusa, por lo que me remito a transcribir lo que sea transcribible. Algunos textos quedarán fuera de la transcripción a pedido del autor.

    "Estudios sobre el alma es propiedad intelectual de De Lefént. Fue realizado bajo la influencia de constantes clases de matemáticas y ligeras ráfagas de depresión, por lo cual el contenido del mismo no debe ser tomado en cuenta por nadie. Si este estudio es encontrado por alguien que no sea el señor De Lefént, deberá ser fumado quemado en las próximas 48 horas para evitar cualquier tipo de catast.."

    "No vuelvo a tomar un domingo en la noche, tampoco deberían hacer matemáticas los lunes por la mañana, no vuelvo a tomar un domingo en la noche".

    "Sobre el alma, podríamos partir por localizarla. Para eso he creado un mundo donde un joven llamado Alder sueña con estudiar medicina para en algún momento poder descubrir un alma: jamás lo logrará, es pobre, por lo que se limita a leer los libros sobre biología que encuentra en la biblioteca municipal. Luego de aprender sobre el tronco encefálico, el bulbo raquídeo, el lóbulo occipital, y toda otra clase de cosas que por lo demás no entiendo, llega a la conclusión de que el alma no está en ninguno de esos lugares, por lo que recurre a la religión, en la que constantemente se habla sobre ella. Lee los evangelios de Mateo, Lucas, Juan, y la mitad del Antiguo Testamento, pero sus estudios médicos siguen latentes en el, por lo que se da cuenta de que si bien en la biología no se encuentra el alma, en la religión tampoco hay cerebro. Intentando volver al cerebro se decide a estudiar matemáticas. Se divierte unas 3 semanas con álgebra lineal, pero la religión y la biología le hacen pensar en el corazón, cuestión completamente incompatible con la matemática, por lo que prontamente la deja. Piensa en acudir a la literatura, pero sabe que no le entregará ninguna respuesta. Su vida se torna una agonía. Un martes toma un escalpelo y se abre un corte profundo en el pecho y otro en la frente. Sujeta su corazón con la mano derecha y su cerebro con la mano izquierda. Llora: en ninguno de los dos encuentra ninguna respuesta. No hay alma, no es encontrada, el experimento no ha dado resultados, la investigación es archivada; se apagan las cámaras".

    "Un compañero pertenece a una religión extraña. No toma, no fuma, no culea, y no sale los viernes en la noche. Cuando le preguntas porque ni toma, ni fuma, ni sale (no le he preguntado porque no culea, tampoco creo que alguien quiera culear con el), dice que es para salvar su alma, y cuando lo hace le brillan los ojos detrás de esos lentes feos y gigantes. Si hay un alma que salvar, no creo que valga la pena"

    "Ayer el profesor de historia habló sobre que el chileno hacía todo a última hora. Le dije que encontraba un poco egocéntrico eso de atribuirle siempre al chileno características que son mas bien humanas. Me trató de rebelde, me dijo que siempre criticaba todo, que arruinaba la clase y me echó de la sala. En inspectoría me quitaron mi cuaderno de historia y encontraron mis dibujos. Citaron a mi apoderado, y probablemente me suspendan unos días. Me siento super ahueonáo. No por la citación, si no que por el hecho de haber empezado una investigación sobre el alma en este lugar: si pienso encontrar el alma, no la voy a encontrar en un colegio, menos en uno particular".

    "Tengo depresión. Suena trágico y se siente trágico, pero no es tan trágico. Me dan pastillas, y las pastillas me dan sueño, pero ya no sueño. Suena cursi y se siente cursi, pero no es cursi. Literalmente: ya no sueño, debe ser un efecto de las pastillas. Según el psicólogo tengo la mente enferma, según mi ex el corazón, según yo el alma. Si las pastillas hacen efecto podría significar que el alma está en la guata; sería lógico. En ese caso me voy a meter un supositorio antidepresivo, porque me siento como la mierda, y si bien no creo que así sea siempre -ni en todos-, hoy debo tener el alma por el culo"

    "Si es que tengo un alma -y no la vomité anoche-, estoy seguro, que debe estar sanando"

    "El alma está en los pies
    Tiene que estarlo.

    Sino, ¿como explicar esos momentos,
    momentos en que con toda probabilidad deberíamos estar destruidos
    pero seguimos en pie?

    Moviendonos,
    levantandonos.

    Algo debe haber allí abajo
    para sostenernos ante tanto,
    tantos dolores.

    Algo mas grande -y bonito-,
    que nosotros.

    Y es que son los que nos llevan hacia nada
    y con los que huimos de todo
    y de todos.

    No sé.

    Forman parte de demasiado.

    Ahí está el alma,
    estoy seguro"

    "Una sonrisa"

    Estudio finalizado.

    De Lefént.
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  11. Es super triste ser De Lefént.

    viernes, 16 de agosto de 2013

    - Yo creo que pediría un año sabático, con eso me conformaría ... no es la gran hueá, pero sería feliz -dijo el rubio, mientras se detenía en seco a mirar el porro, que se consumía rápidamente, mientras el parecía sonreirle a algo que para los demás era invisible.

    Le dio 3 profundas caladas, luego extendió el brazo hacia la derecha y abrió el puño con los dedos amarillentos, que dejó caer el porro en las manos del más pequeño.

    - Yo -dijo el pequeño, antes de dar una pequeña calada-, creo que pediría un dragón, imagínate irte fumando un caño en tu dragón, y si se apaga, te lo prende el. Nunca mas tomaría la micro culiá.

    Llevó el porro a su boca 2 veces más, y luego se lo pasó a mi amigo, que era el único que yo conocía dentro de la pequeña habitación, y el que había planteado la pregunta sobre que pediríamos si tuviéramos un único deseo.

    - Creo que no pediría nada, no sé, es que me gusta mi vida -soltó una carcajada, aspiró profundamente, y dejó el ahora pequeño porro entre sus labios, como si así se le facilitara el proceso-, osea, obviamente si pudiera tener algunas cosas mas no estaría mal, pero no me gustaría cambiar mi vida dramáticamente ni por la de alguien más, ¿A ti no te pasa eso?

    Solo después de un largo silencio me di cuenta de que me hablaba a mi, y solo después de mi largo silencio los demás se percataron de que la respuesta era no, de que no disfrutaba mi vida, que si pudiera la cambiaría, de que mi brazos se caían, de que mis ojos lo gritaban, de que estaba demasiado enfermo como para responder.

    Entonces el porro llegó hasta mi, y fumé hasta que este desapareció.

    Unos días después, una amiga me habló sobre un tipo.

    Tenía mi misma edad, íbamos a la misma universidad, y teníamos el mismo nombre. Solo diferían nuestras carreras.

    - Es como si te estuvieran suplantando -dijo mi amiga.

    - O reemplazando -contesté.

    Entonces le pedí el mail del sujeto, y le escribí:

    "Es super triste ser De Lefént"

    Y el respondió.
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  12. Esposas (Hay veces).

    lunes, 12 de agosto de 2013

    Resulta que una vez terminé esposado sobre un retén móvil.

    No es importante el porque, sin embargo. 

    Unos días antes yo veía una película antigua donde mis abuelos, y en eso salió un tipo esposado adentro de un bar. Pensé en que se sentiría estarlo, en si habría alguna forma de escapar. Días después comprobaría que no.

    Mientras estaba sentado adentro del retén no pensaba mucho, ni muy claro. Pensaba en que se había arruinado un día perfecto, y en que tenía que salir rápido de esto, y solo, tenía que hacerlo solo. También pensaba en que estar esposado dentro de un bar debía ser más divertido, no como la jaula en la que estaba. Dejé mis esposadas manos sobre mis piernas, tomándose fuerte la una a la otra, como con nervios, como con cariño, como con miedo, como con espera.

    No fue nada grave, el tema se solucionó rápido, e incluso fui desesposado una vez llegado a la comisaría.

    Me senté unas horas esperando que me dijeran que harían conmigo, mientras recordaba al tipo esposado en el bar. El tenía mala suerte, había formado parte de una pelea por accidente, en una situación que resultaba casi cómica. Yo, yo lo había pedido a gritos, me lo había buscado; había invocado a esa nube negra que por tantos años había caminado sobre mi, esa que me puso una correa, y que me lleva por donde ella quiera, esa que hace años me había convertido en su mascota, en su perra, en su puta.

    Debió ser entonces cuando miré mis manos: estaban sobre mis piernas, aferrándose como en la más fría ventisca.

    Pero las esposas se habían marchado hace horas.

    Y claro, esta historia pudo haber tenido miles de conclusiones, pero yo prefiero dejarla hasta aquí. 

    Hay veces que pienso que toda la vida llevamos las manos de la misma manera.

    Que la vida es una pelea en un bar, una de la que nunca quisimos formar parte, y de la que probablemente salgamos mal.

    Veces que nos damos cuenta que vivimos esposados, sin ver nuestras cadenas.

    Y hay veces, sin embargo, que sigo intentando escapar.

    Y creo, que de a poco, se van aflojando.
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  13. Una chica que leía (mis) cuentos.

    martes, 23 de julio de 2013

    No era una chica, era una mujer.

    No eran cuentos, eran mis cuentos.

    Tampoco se trataba de cuentos: eran mis propias historias, tristes verdades colgadas en un blog, disfrazadas de literatura por el simple motivo de que no se hacer otra cosa.

    Siempre supo encontrarme.

    Incluso cuando creí que todo estaba perdido, cuando decidí no escribir más, y a pesar de haber echo desaparecer mis cuentos, ella supo encontrarme.

    Supimos encontrarnos.

    Algunas veces aparecía en las noches, llorando, decía que me había leído, que yo la entendía.

    No tenía muy claro que mierda pasaba, pero me sentía correspondido

    Me sentía bien.

    Yo escribía

    Ella leía

    Llorábamos a destiempo.

    ¿Suena muy cursi?

    Sin embargo, jamás hubo nada entre nosotros.

    Nunca tomé su mano, nunca me vi entre sus brazos.

    Tampoco importaba.

    Siempre estuvimos cuando el otro lo necesitó.

    Y es que más allá de devolverme las ganas de escribir, y de darme un motivo para hacerlo, puedo decir que supo amarme.

    Amar mis desamores, mi tristeza, mi soledad, y todo lo que pudo encontrar aquí.

    Creía que eso solo pasaba en las historias de amor.

    Que solo ocurría en los cuentos.

    Así que escribí uno para ti.

    Para nosotros.
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  14. ¡Era broma!

    martes, 25 de junio de 2013

    Caminamos en dirección a un Mall que quedaba cerca, con la simple intención de comer unas hamburguesas, sin importar cuales fueran.

    - Oye -dijo Ele-, se te desamarraron los cordones.

    Yo no estaba muy lúcido, y tampoco me importaba mucho, por lo que seguí caminando y maravillándome con la ausencia de estrellas que regía en la ciudad.

    Algo parecido nos debe pasar a nosotros, pensé.

    - Ya cabros, tengo 3 lucas pa las hamburguesas -dijo Ele.

    - Soy bien mentiroso hueón, antes dijiste que teníai 5, cuando lleguemos te va a quedar luca -le gritó Jota.

    Ele rió fuerte, y lo dijo por primera vez:

    - ¡Es broma!

    Reímos, sacamos 1 cigarro para los tres, no teníamos fuego, volvimos a reírnos.

    - Oye ... no tengo los cordones sueltos -dije, sorprendiéndome de mi propia voz, pues la verdad no recuerdo bien el momento en donde me percaté de ello, ni menos el momento en que decidí decirlo.

    - Era broma, hueón.

    Volvimos a reírnos, y entonces las cosas se volvieron extrañas.

    Y lo extraño no fue lo que ocurrió a continuación, si no el hecho de la broma en si: caminábamos, pasaba algo, Ele decía que era una broma, nos reíamos, y volvíamos al principio.

    Incluso -sin ninguna evidencia científica que me acompañe- puedo asegurar que el camino se hacía cada vez mas largo, resultando todo cada vez mas parecido, como cuando en los Picapiedras corrían una y otra vez sobre el mismo fondo.

    - ¡Encontré el fuego! -gritó Jota, de una forma que mas allá de ser un descubrimiento, pasó a ser nuestro canto, nuestro grito de guerra, la proclamación última de nuestra victoria-, pásame el cigarro mierda.

    Lo busqué entre mis bolsillos, en mi oreja, y por si acaso, en un calcetín.

    - No lo tengo. 

    Nos detuvimos, nos miramos. Aquí no estaban las estrellas, no había gente en la calle: un cigarrillo se había perdido en la ciudad, y lo había echo sin dejar rastros, ni pistas que jugaran a nuestro favor.

    - Yapo mierda, quien tiene el cigarro.

    Su cara cambió: parecía una explosión. Poco a poco, y por tercera vez, lo dejó escapar.

    - ¡No hay cigarro, era broma!

    Nos reímos, pero fue corto, y seguimos caminado, aceptando la broma.

    - Oye -le dije a Jota-, pásame ...

    Me di cuenta: Jota no estaba.

    - ¿Y el Jota?

    - ¿Que Jota? -dijo Ele, riendo.

    - Yapo, donde se escondió.

    - ¿Que Jota hueón? -esta vez, un poco enojado.

    - El Jota.

    Entonces su risa volvió a estallar, y dijo:

    - ¡No hay Jota hueón, era broma!

    Intenté pensar en su rostro, en ese rostro que conocía hace mas de 15 años, pero no lo recordaba.

    De pronto estábamos caminando, no recordaba cuando retomamos el paso: no entendía. 

    - ¡Que chucha!, de cuando el Mall está tan lejos -pregunté.

    - No hay Mall acá, era broma.

    - No me hueís.

    - Pero si es enserio, ¿lo ves?

    Era cierto: allá no había nada, y no era ningún tipo de metáfora. Las luces, los autos, la gente, todo se había vuelto un doloroso silencio que no dejaba de sonar en mi cabeza . Me detuve, sabía que debía detenerme, pues al final de la calle podía encontrar el fin, el fin de todo, un gran abismo del cual no había vuelta.

    - Pero si ... si íbamos a comer, a comer hamburguesas ... teníamos hambre.

    - No teníamos hambre ahueonáo, ¡era broma!

    Su risa llenó el vacío, serpenteó por los cables del tendído eléctrico que quedaban a nuestra espalda, se comprimió para llenar cada grieta en el suelo, y vibró, vibró hasta mover todo lo que quedaba del mundo.

    Era broma, todo era broma.

    Debí verlo, notarlo en el cielo.

    La ciudad.

    El camino.

    El dolor.

    El hambre.

    Las memorias.

    La vida.

    Cae el telón.

    No hay aplausos, solo risas.

    Era broma.
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  15. Una serie de eventos inoportunos.

    miércoles, 29 de mayo de 2013

    Una vez intentaba conectar el Wii y se me cayó la tele
    se rompió
    eso fue dos días antes del terremoto.

    Le iba a pedir pololeo un viernes
    estaba seguro, esta vez si que lo estaba
    pero tu apareciste un jueves.

    Hubo un temporal 
    lunes y martes
    mi casa se inundó un miercoles.

    Mi primo movió un tubo mientras se duchaba
    mi tía prendió la lavadora
    mi casa se inundó un miercoles.

    Así, parece que las cosas
    (al menos en mi caso)
    siempre llegan en el momento equivocado

    Y hasta entran
    con un poco de ironía
    sin querer parecer paranoico.

    Fueron fiestas a las que me invitaron
    cuando justo una tía estaba de cumpleaños.

    Viajes a los que ir
    y no me quedaba niuno, por la rechucha.

    Mentiría si dijera que no dolió en su tiempo
    que no pasé tardes solo, golpeando la muralla
    o que una vez hasta me rompí la mano en un berrinche.

    Pero con el tiempo le tomas cariño
    a toda esa mierda que te desvela preguntandote porque justo a ti
    porque ahora.

    Y hasta te pasan cosas extrañas,
    que terminas escribiendo 
    (incluso en un blog, por que no).

    Un día estaba aburrido en la Serena
    fuimos en familia a comprar cigarros
    solo los que yo quería estaban al doble de precio.

    Esa noche me prima me sacó de mi habitación
    dijo que fueramos a la playa
    yo dije que si.

    Caminaba mirando al suelo.

    Ahí estaba:
    una caja blanda de Philips Morris rojos, 
    le faltaban solo dos cigarros.

    Si es que la persona que perdió esa caja
    llegara a leer esto.

    Quiero que sepa que llegó a mi vida
    justo en el momento apropiado.
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  16. Una grieta en el pecho.

    lunes, 27 de mayo de 2013

    Intenté escribir esto un millón de veces.

    Nunca pude terminar, quizás un poquito por miedo. 

    Como nunca pude terminar de leer La Reina de los Condenados.

    Como nunca me animo a terminar el Ocarina Of Time.

    Y es que si llegara a ponerle un final a todo esto (como alguna vez intentamos) se que quedarían cosas que escribir:

    Enojos, caras, olores, toqueteos, mordiscos, besos.

    Cosas que se le escapan a uno.

    I.

    Apareciste en mi puerta una tarde lluviosa, igual que hoy.

    Intentaba hacer un librero con las tablas de una cama que habíamos tirado a la basura, pero yo era un carpintero como la mierda, y lo único que hacía era clavarme los dedos, como en las caricaturas antiguas.

    Te mandó un amigo mío, que te dijo que me gustaba ayudar a la gente.

    Te dije que era mentira, y tu me preguntaste qué.

    - Que ayudo a la gente- te contesté.

    - ¿Y te gustaría hacerlo?"- preguntaste.

    - Si.

    - Con eso basta- murmuraste, y entraste a mi casa, que olía a madera húmeda, y de pronto comenzó a oler a libro nuevo.

    Preguntaste por que demoré tanto en ir a abrir. No escuché, la verdad no había ningún otro motivo. Dijiste que habías tocado el timbre mas de 277 veces, yo me pregunté si de verdad las habías contado, y te dije que el timbre estaba roto.

    Te entristeciste, y me preguntaste si eso significaba que estaba malo, que había que cambiarlo.

    No respondí.

    Te sentaste en mi cama y comenzaste a acariciar a cada uno de los peluches, como le hago yo con las mascotas de mis amigos.

    También hago eso con los libros ... algunas veces ... con los de Bukowski.

    Solo tu sabías eso, solo tu lo viste.

    ¿Sabías eso, que eras la única?

    Nunca quise decírtelo.

    Nunca te lo dije.

    Tomaste mi mano y me sonreíste. Tiraste de mi brazo como arrojándome a la cama, pero con suavidad: como invitándome. Yo lo entendía: lo había echo tantas veces. Pero nunca me habían invitado a mi propia cama, y me gustó.

    Nos besamos, tu me mordías fuerte los labios mientras lo hacíamos. Dolía, de verdad que dolía, pero a ti te gustaba. Yo no lo entendía, pero la verdad había muchas cosas que no entendía: porque no podía escribir, porque habían días donde no me levantaba, porque la marihuana cada día me hacía menos efecto, porque no podíamos soltar esas cosas que nos hacían daño.

    Porque es cierto, no podía soltar tus labios.

    Rodamos hacia la derecha, quedando tu encima de mi. Comenzó a hacer calor, comenzamos a hacer calor. Toqué tu pecho extendiendo mi mano por completo, y entonces algo extraño ocurrió.

    Te levantaste rápido y saliste corriendo hacia la terraza. Me quedé tirado en la cama un rato. Salí a verte y el día parecía haber cambiado: ya no llovía, pero todo estaba tan gris, que nadie hubiera pensado que se trataba de una historia de amor. Y quizás esa es la verdad: no era una historia de amor.

    Llorabas, pero de verdad llorabas. Desconsolada, cansada, desarmada. Te pregunté que ocurría y me empujaste hacia la habitación, luego contra el muro: fuerte, muy fuerte, me besaste y me apretaste, comenzó a llover, a llover como llorabas, dejaste el ventanal abierto, entraba el frío y el agua, me seguías besando, pero ya no estabas aquí.

    Te echaste hacia atrás y te desabotonaste lentamente la blusa, como con cuidado de no romper el extraño mundo que habías metido en mi cuarto.

    Vi tus pechos que se asomaban a paso lento, y te pregunté:

    - ¿Segura?

    Y tu blusa cayó.

    - Segura.

    Ahí, frente a mi, estabas tu. Quieta, con el viento moviéndote el pelo, y con una enorme grieta en el pecho.

    Una grieta gruesa, que si bien no era extensa, parecía bastante profunda, como si al otro lado pudieras encontrarte con un gran abismo.

    No alcancé a preguntarte, no encontré las palabras. Me dijiste que llevaba tiempo ahí, que apareció una mañana y tu le buscaste explicaciones.

    Relaciones rotas, sueños rotos, vidas rotas.

    Y claro, el vacío se fue haciendo mas grande, quizás justamente a falta de esa respuesta.

    Yo te abracé, y te dije que no eras diferente.

    Que todos estábamos rotos, todos llevábamos un abismo creciendo en nuestro interior.

    Que algunos estábamos realmente echos pedazos, y habíamos incluso aprendido a amar ese vacío.

    - No somos tan distintos- creo haberte susurrado.

    Me abrazaste fuerte,
    se escuchó un crujido,
    y uno de los dos, cayó echo pedazos.

    ...

    Intenté escribir esto un millón de veces.

    Nunca pude terminar, quizás un poquito por miedo. 

    ¿Pudiste hacerlo tu?
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  17. Lluvia

    viernes, 17 de mayo de 2013

    Abrazados bajo la puerta, el mundo caía a pedazos sobre nosotros.
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  18. ¿Señora?

    lunes, 15 de abril de 2013

    ¿Presentarme?

    ¿Nada muy complicado?

    Es que sabe, me resulta un poco complejo ese término.

    No, no el de complicado, el de presentarme.

    Es que es justamente esa facilidad a la que usted se refiere lo que me pone incomodo.

    Si, me siento incomodo.

    No, no es por que se escuche mal la llamada, es que no le veo el sentido.

    ¿Desagradable?

    Jamás fue mi intención, yo simplemente quería evitar esta situación.

    No creo que yo sea antisocial, pero la circunstancia es extraña.

    ¿Acaso usted no considera extraño esto de pararse frente a ellos y hablar de nuestras debilidades, de nuestras alegrías?

    Y es que justamente, aún no existe tinta ni papel que pueda con esas alegrías y debilidades.

    Esta bien, entiendo lo que usted me dice: puedo hablar de lo que quiera. Pero es que siento que eso no será ni siquiera una mínima parte de lo que realmente soy.

    Porque hablamos mucho, o hasta escribimos mucho, pero realmente es poco lo que comunicamos.

    Se que tengo que comunicarme con ellos, pero no creo que esta sea la forma, ni que siquiera sea comunicación.

    Si, ya sabe, como en el colegio: emisor, mensaje y receptor.

    Ya le dije que el mensaje no es suficiente. Cuando usted dice que es suficiente, suelen ser falsos.

    El emisor soy yo, está claro.

    El receptor ... bueno, no estoy muy claro respecto a el. Todo se ve tan falso, tan preparado, que realmente parece que al receptor no le importa lo que le pongan en frente, porque ya asume la falsedad del acto.

    Quizás su mentira terminó por hacer que el receptor se marchara, completamente indignado

    O aun peor, puede que lo hayamos matado.

    ¿Señora?

    ...

    ¿Me escucha, señora?

    ¿Señora?
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  19. Que le dejará uno al mundo.

    miércoles, 20 de febrero de 2013

    En mi billetera -que no es billetera-, llevo varias cosas, casi nunca dinero.

    La entrada de un festival de música chilena.

    Mi carnét, en donde salgo un poco borracho.

    Dos entradas para "Ralph, El Demoledor" medio borradas.

    El pase escolar y una tarjeta BIP sin saldo.

    Un papel en donde alguien me escribió que me amaba.

    Una etiqueta de un gorro de Nintendo.

    Una postal de Guinea-Bisáu, que me regaló alguien que extraño, aunque no creo que lo recuerde.

    Por último, llevo un recorte de revista que por un lado es el trozo de un anuncio de mochilas escolares, y por el otro, es el rostro de una modelo, que no debe pasar los 16 años.

    El recorte venía envolviendo un poco de marihuana prensada que compré en Tomé, y por algún motivo, decidí guardarlo.

    A medida que la marihuana iba haciendo efecto, pensaba en ella. Es decir, pensaba un poco en todos, en lo que terminan nuestras vidas. 

    Estudios, mas estudios, trabajos, amores, penas, mas penas.

    Todo, quizás, para nada.

    Caminamos desde la playa casi abandonada en la que estábamos hasta la siguiente, la cual era mas popular y contaba con mas gente, kioskos y salvavidas.

    En la orilla la arena parecía hundirse, nosotros reíamos e imaginábamos que estábamos en la luna, y caminábamos como Neil Armstrong.

    El fue el primer hombre en llegar a la luna, y no sé que le haya dejado eso al mundo.

    No me malinterpreten, supongo que la humanidad sabe mucho mas del cosmos, de rocas lunares y de banderas ondulantes en el espacio, pero no sé que sea "eso" que realmente dejó en el corazón de cada uno.

    La caminata se hace mas larga, el viento sopla y la arena parece hundirnos mas.

    Vuelvo a pensar en la chica. 

    Tuvo una infancia agotadora, con una madre que la llevó a castings desde que nació, esperando que cumpliera los sueños que ella no logró. Sufre una depresión leve, no se relaciona bien con las chicas de su edad y comienza a desarrollar anorexia, los vómitos ya son algo común.

    Una mañana entra a un estudio, modela un abrigo color crema y un sombrero negro de lana. Se siente bien, y cree, por lo que le cuenta su madre, que es felicidad.

    Mira a la cámara y sonríe.

    Todo eso, culmina con su rostro envolviendo marihuana bastante tóxica en un pueblo que la mayoría del mundo ignora que existe, y que incluso en Chile a pesar de estar al lado de Dichato y ser uno de los lugares mas destruidos por el terremoto, también es desconocido.

    En eso termina la vida de los que siguieron caminos fuera de lo común.

    Que le quedará a uno...

    Eso es lo que me pregunto a días de empezar mis estudios en pedagogía, y es que si algo debe hacer un profesor, es dejarle algo al mundo.

    Espero no fallar.

    Finalmente llegamos a la playa, mientras comienza a salir el sol. Nos tiramos en la arena.

    Cierro los ojos.

    Siento que vuelo.
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  20. Derrotado.

    martes, 19 de febrero de 2013

    Se levantó a las 7:30, no alcanzó a desayunar.

    Salió hacia su trabajo desde Las Vizcachas, y esperó.

    Pasó la 72 B y un bus privado, y la 72 A pasó dos veces.

    Cuarenta minutos.

    Llegó su micro, y avanzó a unos 40 km por hora, como si el chofer disfrutara el paisaje.

    Bajó a tomar su segunda micro, comprobó el saldo de la tarjeta.

    La micro apareció enseguida. Al subirse, le marca que tiene -5 pesos y lo obligan a bajarse.

    Explica bruscamente al fiscalizador que si tiene saldo en la tarjeta, este le pide perdón y le hace esperar nuevamente.

    Se desespera, tiene rabia. Corre contra un poste de luz y le da una sola patada, una firme.

    El poste tambalea y el vidrio se triza, casi cae, la gente mira.

    El fiscalizador que lo bajó le pide que se tranquilice y le pregunta porque está así.

    Putéa un rato, alega contra el transporte publico y dice algo sobre quemar la municipalidad, el fiscalizador lo mira en silencio.

    Entra en escena su micro y esta vez le marca el saldo correcto, voltea hacia el fiscalizador y este se despide con una sonrisa.

    El viaje transcurre rápido. Llega hasta el metro y también se le hace corto el trayecto. Durante esos minutos, le parece que no todo está tan mal, y hasta recupera un poco la fe en el mundo, y en él mismo.

    Llega a Plaza Egaña y algo le resulta extraño.

    Un caballero le pregunta a que hora vuelven a pasar las micros por esa calle, alguien le responde que a las diez, el debía estar en el trabajo a las diez.

    Camina hasta José Arrieta medio perdido, pero ya no le quedan mas opciones.

    Encuentra un paradero y toma la micro.

    Llega a su trabajo, con 4 minutos de atraso, pero está bien.

    Lo había logrado: era una victoria.

    Pero se sentía derrotado.
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  21. Si Dios fuera como un camaleón.

    domingo, 10 de febrero de 2013

    Esperábamos que comenzara una fiesta, y entre eso, veíamos unos videos en youtube.

    - Mira esta hueá, es como para verla volao.

    Puso unos videos de una serie que yo veía en el cartoon network hace unos años, y entre risas me dijo:

    - De repente uno saca las meas conclusiones cuando esta volao, como que se te ocurren miles de hueás.

    - ¿Como cuales?

    - Como ... puta, no sé ... una vez me imagine que Dios era como un camaleón.

    - ¿Como, con ojos grandes y lengua gigante?

    - No po hueón, que se puede hacer invisible, que se camufla, que está ahí, escondido entre las nubes.

    - ¿Y que hace ahí?

    - No sé, lo que haga Dios.

    Entonces yo me fui hacia muchos años atrás, cuando era pequeño y me gustaban los animales, y leía enciclopedias y tenía una cata que se murió sola.

    De lo que recuerdo de los camaleones, es que vivían solos.

    Eran hostiles entre ellos, la interacción entre machos no existe y con las hembras se limita al sexo pocas veces en la vida. Lo mas destacable de ellos, es que alejándose de lo que todos creen, el mimetismo se aleja de ser un sistema de defensa, y es en realidad su arma, su forma de atacar a las presas. Nunca corriendo, nunca escondiéndose, solo esperando el momento.

    - Quizás Dios hace lo mismo -dije, sin darme cuenta, en voz alta.

    - ¿Hace que cosa? -me dijo mi amigo.

    Entonces, unos grandes ojos aparecieron entre las nubes, y todo comenzó a temblar.
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  22. De la chica que me enamoré.

    jueves, 3 de enero de 2013

    Es de la única forma que podría describirla.

    De verdad me enamoré.

    A pesar de eso, al día de hoy me es difícil recordarla. Y no me refiero simplemente a las cosas que me contaba, o a la música que le gustaba, si no a otras cosas completamente insignificantes, pero que para mi no lo eran.

    Si es que arrugaba la nariz al reirse.

    El olor de su ropa.

    Su voz.

    Solo recuerdo que me enamoré, que me hizo feliz, que lo arruiné, y que terminé llorando en una escalera.

    Han sido años desde aquello.

    Aún así, no se si por crueldad del destino o simplemente porque la mala suerte que me persigue, la sigo viendo muy a menudo.

    Tomando la micro.

    Comprando una naranja.

    Caminando con una amiga.

    Mirando el cielo sobre el techo de una casa.

    Y claro, como nunca logré asimilar que eso que ni siquiera había tenido comienzo ya había terminado, muchas veces me acerqué a hablarle.

    Tomamos la micro.

    Comimos naranja.

    Caminamos con su amiga.

    Miramos las estrellas sobre un techo.

    Pero siempre sentí que la aburría.

    No sabía de que mierda hablarle. Yo era de esas personas que casi nunca dormía en su propia cama, que veía cosas raras, que nunca estaba en casa, que tenía un blog donde contar cosas, y aún así, con ella no podía decir nada.

    Hasta el día de hoy me cuesta hablarle.

    Ahora estoy solo, acostado contra el muro escribiendo esto, y antes de eso no hacía nada.

    Nunca hago nada.

    Hace mucho que no puedo escribir, no como antes.

    Solo destruyo, no puedo crear.

    No tengo nada que crear, no hay de donde sacar.

    No hay nada dentro

    Estoy vacío.

    Se porque ella nunca se enamoró de mi.

    Se que nunca me enamoré de ella.
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  23. Corazones Rotos.

    martes, 1 de enero de 2013

    Me había vuelto un pequeño y solitario punto, en medio de la abrumadora infinidad del espacio.

    Me me había vuelto la estela de algo que ya había muerto hace mucho.

    Me estaba convirtiendo en una estrella.

    Ahora se de donde vienen las estrellas.

    Ahora se porqué hay tantas estrellas.
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