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  1. Honestos.

    jueves, 20 de septiembre de 2012

    Claudio se levanta a las 6 de la mañana
    Bajo la ducha repasa su vida, su falta de sueños, su desamor
    Grita para pedirle una toalla a su esposa, y entre eso le dice que ya no la ama
    que se siente tan vacío como la enorme casa que compraron
    que se siente solo.

    Su esposa le pasa la toalla y le dice que ya es tarde
    que deben ir a trabajar,

    En una plaza, Gerardo mira las nubes con Verónica
    el le dice que la ama, que le encanta emborracharse
    que la hace falta un poco de marihuana, y que muere por tocar su cuerpo.

    Verónica llora y le dice que ella no es así
    que el representa todo lo que odia,
    que lo ama, y mantiene un llanto silencioso hasta que oscurece.

    Mientras toman once, Martín dice a sus padres que no los quiere
    que nunca ha sentido cariño por ellos, que quiere salir
    y que si tienen mil pesos.

    La madre guarda silencio, mira hacia abajo, buscando en el suelo algo
    que había olvidado, algo que había hecho mal,
    y manda a Martín a preguntarle a su padre por el dinero.

    De Lefént termina de leer un libro, y se sienta sobre la cama.

    "me siento solo", se dice.

    Prende el televisor, toma el joystick de su nintendo, y comienzan a sonar los botones.
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  2. Los Hombres del Pantano.

    jueves, 13 de septiembre de 2012

                                                                                  I.

    Comenzaba a hacer frío, y la tetera parecía hervir mas lento que nunca, como sin ganas. Por otro lado, los cigarrillos parecían desaparecer cada vez mas rápido, junto con todo lo demás, pero esto lo había elegido yo, y en ese sentido, todo parecía estar bien.

    Tomé mi abrigo y salí de casa en dirección a cualquier lugar. A pesar del frío, el día parecía indicarme que algo iba a cambiar, que iba a estar bien, que encontraría algún trabajo y podría tener suficientes cigarrillos para lo que alcanzara a vivir: si, el viento lo anunciaba, algo venía.

    Resulto que no era mas que una lluvia de mierda, que me hizo equivocarme de micro por subir rápido, y luego de unas vueltas innecesarias terminé en El Pantano, una vieja ferretería que de alguna forma había terminado haciendo de bar, y donde yo buscaba algún caso interesante que resolver, algo que me moviera un poco.

    - ¿Lo de siempre Tegui?

    - Lo de siempre, Max.

    Max, era un buen tipo Max. Era de esa gente que cuando te encontraba vomitando en el piso esperaba a que estuvieras en condiciones de levantarte y solo entonces te echaba. Siempre me servía un vodka con tónica y pocas veces me hacía pagarlos. Siempre me cuestioné eso hasta que entendí que Max disfrutaba mi compañía, ambos estábamos solos en el mundo, el con su vida de cantinero del Pantano, desde hace mas años de lo que cualquiera quisiera recordar, y yo, con mi trabajo de detective que no iba a parar a ningún lado. 

    Mis 19 años tampoco ayudaban mucho al negocio, ¿quien le iba a encargar una investigación a un pendejo que con un poco de suerte logró terminar el colegio?. Mi cara ayudaba un poco, ya que tenía esa mirada adulta, ese rostro que tienen los que han sufrido, esas facciones configuradas por el dolor, y todo eso junto con mi altura podían llegar a dar fácilmente la impresión de que tenía unos 24 años. Sobre mi trabajo de detective no había mucho que decir. Había empezado hace casi un año, y si mis casos hubieran sido libros hubieran tenido títulos como "¿Quien arrojó mierda en una bolsa en halloween a la casa de la Sra María?", o "El caso del panadero que se tiraba a la esposa de Don Carlos", se entiende: los grandes casos, como casi todo lo bueno, no existían en la realidad.

    - Oye Tegui -dijo Max, desde el otro lado de la barra- puede que te tenga una pega, anda a hablar con el Gusano, algo tenía en su villa.

    El Gusano era un viejo borracho que pocas veces era visto si no era en El Pantano. Siempre alardeaba de haber formado parte de un frente revolucionario en la dictadura, y cada vez que llegaba alguien nuevo lo puteaba por unos dos meses, como lo hizo conmigo.

    - ¿Así que tienes algo para mi, Gusano Rojo?

    - Puede que si pendejo, aunque esto es algo grande, nada de andar buscando perros o bicicletas robadas. 

    Su aliento a vino tinto era una ráfaga horrible que podía convertir en mierda hasta a los diamantes. Probablemente, si es que eran verdad sus historias, hubiera bastado echarle el tufo a Pinochet para haberlo mandado con Don Sata.

    - Canta.

    - Tengo una vecina, la Claudia, una cabra bien rica que llegó hace poco, jovencita, como de tu edad yo 
    creo. La hueá que parece que anda buscando a un hueón, el ex o algo así, todos los días sale a cahuinear con las viejas esperando que aparezca algún dato, pero nada. Alguien le soltó tu nombre, dice que te puede pagar bien.

    Yo ya estaba un poco borracho, y no escuche mucho aparte de rica y pagar bien, pero con eso era suficiente. Tomé el vodka que quedaba lo mas rápido posible, y salí corriendo a casa, pensando en como sería la señorita Claudia, y en que las cosas no iban tan mal.




                                                                                  II.

    Al día siguiente me arreglé lo mejor posible, tomé mi abrigo, y me dirigí a la población del Gusano. Se llamaba la Aurora, y quedaba atrás de la villa en donde yo estaba viviendo, por lo que me fui caminando, esta vez con el tiempo de mi parte, y una brisa agradable que me recordó otros tiempos, antes de que todo esto empezara.

    Los rumores eran ciertos: el Gusano era alérgico al aire que no tuviera el olor a humo y fracaso que tenía el Pantano, y no era posible encontrarlo a la luz del día, ni siquiera en su zona. Camine unas horas esperando encontrarlo, y las pocas viejas que se asomaban me puteaban y me decían que me fuera. Cuando me decidía a irme, escuché un grito que venía desde unos metros atrás.

    - ¡Oye ahueonao!

    - ... 

    El tipo se acercó rápido. Era muy alto y delgado, por lo que daba la impresión de que en cualquier momento se iba a desmoronar sobre si mismo. Tenía una de las caras mas horribles que recuerdo, una mueca que lo empeoraba unos pantalones anchos que arrastraba por el piso.

    - ¿Si?

    - Desaparece de acá hueón -decía, mientras dejaba ver una cortapluma que llevaba escondida en el pantalón.

    - ¿Si no que?

    El tipo se me lanzó encima y dirigió el brazo con la cortapluma hacia mi estomago. Yo le tome de la muñeca y logré desviar el curso. Luego le mandé un rodillazo en la entrepierna y el tipo se retorció sobre si mismo, quedando en el suelo.

    Di media vuelta y me decidí caminar a casa cuando el cabrón se levantó y corrió directo a apuñalarme por la espalda. Entonces, una voz llenó el vacío de la calle, y el tipo se detuvo, quedando en una pausa misteriosa.

    - ¡Usted, venga!, ¿es usted el señor Tegui?

    Se asomaba desde la reja de una casa que estaba a unos metros de nosotros. Era una mujer joven, de tez blanca, con un cuerpazo que parecía todo lo necesario para pasar el invierno, y porque no, un tiempo mas.

    - Detective Tegui -corregí-, supongo que usted debe ser la señorita Claudia.

    - Así es, pase por favor.

    Mientras atravesaba la reja, vi al tipo que hace unos minutos intentaba matarme. Su mirada se había perdido pero seguía con los ojos sobre mi, o sobre la chica, o sobre algo que no estaba ahí.

    Una vez dentro, la chica me llevó por un comedor bastante vacío y cubierto de cajas de cartón llenas de cosas. Corrió algunas cajas que se encontraban sobre una mesa en la esquina, y se dirigió a la cocina a preparar unos cafés. Yo le pedí un té, me dijo que no había té, así que tomé café.

    - Entonces usted está buscando a un hombre, ¿no?

    - Así es, detective Tegui, esta es su foto -entonces colocó una foto tamaño carnet sobre la mesa, en la cual había un tipo con el pelo bastante corto y la cara de facciones duras y seria-, aunque no lo veo hace unos meses, por lo que quizás pueda tener barba o el pelo mas largo, se llama Roberto.

    - No se preocupe, con esto bastará. ¿Porque es que busca a este hombre, si se puede saber?

    - Eramos pareja, o eso creía yo. Un día se marchó, sin explicación, y según yo, sin motivo aparente. Usted debe pensar que soy una acosadora, pero no es nada de eso detective. Yo amaba a ese hombre, lo amaba de verdad. Una comienza a soñar y a hacer planes, a tener sueños, a hablarle como estúpida a ese hombre especial, y se marcha. Desaparece eso en lo que una se sostenía, y ya no hay nada, se nos muere el amor, nos cortan la luz, nos cortan el agua, sube el precio del pan, se nos escapa la fe.

    Ambos nos quedamos en silencio por lo que me parecieron horas. Reaccioné cuando escuché la lluvia golpear el ventanal. Un viento feroz había aparecido, y la lluvia caía con filo, desgarrando lo que encontrara a su paso. Me levanté y le prometí a la señorita Claudia que todo estaría bien y que le informaría en cuanto avanzara en el caso. Me pasó 200 mil pesos y me prometió pagarme el resto cuando estuviera resuelto. Nunca me habían ofrecido mas de 20. Debo haberme cagado encima, o al menos algo se me salió. Caminé contra el viento intentando encender un cigarrillo.



                                                                                   III.

    Como no tenía ni puta idea de por donde partir, me dirigí al Pantano a despejarme un poco. Pedí una botella de vodka para mi solo y coloqué 20 mil pesos sobre la barra. Max no se lo podía creer y comenzó a lanzar millones de teorías acerca de como los había conseguido, que abarcaban desde asaltos hasta narcotráfico. Cuando ya llevaba casi media botella, se nos acercó el Gusano.

    - ¿Como va el caso, pendejo?

    - Digamos que me faltan pistas. Solo tengo una foto y un cabrón que intentó matarme.

    - ¿Quien, el Cristobal?

    - No tengo ni puta idea de como se llamaba, no es que quisiera una segunda cita.

    - Un cabrón que parece arrastrar los brazos por el piso.

    Si, ese era.

    - ¿Que tiene el de especial?

    - Se supone que se tira a la Claudia, o eso es lo que se comenta.

    Me llevé la botella a casa y miré el techo sobre el colchón. ¿Era verdad lo de la señorita Claudia y el horrible Cristobal?, si era así, ¿porque dice buscar al tal Roberto y habla de el como si fuera el amor de su vida?, ¿porque ni siquiera se hablaron cuando ella me salvó de una puñalada en el culo?, ¿con que mierda me voy a tomar el vodka si no me traje la tónica?

    Me costó dormir, cerraba los ojos y se me venían miles de imágenes a la mente. Recordé la casa de mis padres,la ultima gran paliza que me dieron, recordé al viejo amigo que me consiguió esta casa vacía que tenían sus padres a la venta, recordé a la tía que me regaló el colchón, recordé el olor a humedad y luego me di cuenta que no era un recuerdo, que la puta casa se llovía, que los cigarros que habían en el suelo se estaban mojando, y que yo me estaba poniendo viejo.



                                                                                    IV.

    El día estaba nublado y el frío se mezclaba con una neblina espesa. La lluvia había decidido descansar y esto fue lo suficientemente estimulante como para lograr levantarme y partir hacia la casa de la señorita Claudia. Tomé una vieja manopla que me había llevado de la casa de mis padres, recogí los cigarros que habían sobrevivido a la noche, y salí a enfrentar al mundo.

    La Aurora tenía sus calles tan vacías como la primera vez. En una esquina que no había sido pavimentada se había formado un gran pozo de barro, parecía una enorme montaña de mierda y si un auto pasaba por encima lo mas probable es que no volviera a ver la luz del sol. Por algún motivo, me hizo pensar en El Pantano.

    La señorita Claudia me recibió alegre y me ofreció un café que nunca di señales de querer. Comenzó a hablar sobre algunas fotos de Roberto que me podrían ayudar y cuando se disponía a traerlas lancé mi pregunta:

    - ¿Señorita Claudia, que sabe de el joven que me atacó la otra tarde, el tal Cristobal?

    La chica se quedó petrificada un momento y se dirigió hacia la cocina a buscar algo que nunca llegó. Esperé unos minutos hasta que ella respondió.

    - Es un amigo, ¿porqué?

    - Señorita no nos veamos la suerte entre gitanos. Como usted sabe, yo soy el mejor detective que hay en la capital, y poco se puede esconder a mi increíble intelecto.

    - Esta bien -lanzó junto con un suspiro-, hace algún tiempo que salimos con Cristobal. No crea que soy una mala mujer, ni mucho menos hipócrita, pero es que como usted bien sabe a mi me rompieron el corazón, ni siquiera, me lo robaron, y lo dejaron quien sabe donde. Me sentía débil y caí en los brazos del Cristobal, a quien conocí en una reunión de amigos de la infancia que había tenido Roberto, el antes vivía aquí.

    - Señorita Claudia, es evidente que su horrible amante, Cristobal, fue victima de unos celos enfermizos, que lo llevaron a asesinar a Roberto con el objetivo de tenerla al fin entre sus brazos, y por triste que parezca, parece que lo ha conseguido.

    El rostro de la señorita pareció derrumbarse por completo. Se puso roja, no se si de vergüenza o de ira, y guardó silencio. Cualquiera que hubiera visto ese rostro, sabía que gritaba por dentro.

    - No, es, es imposible, Cristobal no se atrevería. Anda con su cortaplumas y se cree el cuento, pero no lastimaría a nadie, es un pendejo imbécil. Yo estoy segura que tiene que ver con su padre.

    - ¿El padre de Roberto, que tiene que ver?

    - Como le dije recién, Roberto solía vivir aquí con su padre. El nunca me contó mucho, pero siempre me dejó claro que odiaba a su padre y su pésima relación terminó en que Roberto se fuera de la casa y entrara en el servicio militar. Su padre le dijo que si un día volvía a este lugar lo iba a matar. Eso fue hace un año, cuando vinimos a visitar a los amigos de Roberto, unos meses antes de que el desapareciera. He intentado descubrir quien es el padre de Roberto, pero estas viejas de mierda me tratan con tanto cariño como a usted, y no he logrado llegar a nada.

    Tenía dos teorías que parecían bastante concretas, y esto me hizo sentirme como una mierda. Un sospechoso quería matarme y del otro no sabía absolutamente nada, ademas de que era un viejo ya mayor. Estaba perdido de nuevo, no tenía ninguna dirección en la que ir y como descubriría después, el café me había producido una cagadera horrible.

    Cuando llegué a casa no me molesté en prender la luz. Me lancé sobre el colchón y no pensé en nada. Esa noche no hubieron ni cigarrillos, ni vodka, ni nada, solo oscuridad, y un olor a mierda que flotaba como neblina.



                                                                                 V.

    Como tan hueón no soy, le pedí a la señorita Claudia la dirección de el amigo de Roberto, el cual era conocido como el Sala, un hueón de unos 30 años, comunista a cagar y eterno enemigo de un sistema que ya nos había matado a todos.

    Su casa quedaba unas cuadras mas allá que la de Claudia, y cuando le expliqué que me encontraba ahí para investigar la desaparición de Roberto, su rostro pareció despertarse y me invitó a pasar rápido. En los muros habían pegados posters del Che y de Victor Jara. Nos sentamos en un incomodo sillón frente a una mesa donde colocó dos vasos de ron.

    - Tu no erís paco, ni de la PDI, se te nota en la cara, ¿porque estay buscando al Roberto?

    - Soy detective, un cliente me pidió que descubriera el paradero de tu amigo.

    - Mira -decía antes de detenerse por un sorbo de ron-, el Roberto desapareció, no hay rastro de el. Era uno de mis mejores amigos, pero nos abandonó a todos. A su mina, a mi, a su padre.

    - ¿Que pasó con su padre?, tengo entendido que incluso lo amenazó de muerte.

    - Si, las viejas batallas, así eran Roberto y su padre. El viejo era amigo de mi padre, a los dos los habían torturado en la dictadura. Con el Roberto crecimos así, en este ambiente, las luchas de nuestros padres se volvieron nuestras luchas, sin perdón ni olvido decía mi viejo, y para eso era necesario que los jóvenes mantuvieran viva la memoria. Pero Roberto se desvió. Cuando tenía unos 18 me declaró que le importaba una mierda el comunismo y todo lo que tuviera algo que ver. Enfrentó a su padre y este lo echó de la casa. Hace casi un año volvió a visitarme y nos reunimos todos los que alguna vez vivimos por estos lados, desde entonces que no se nada de el.

    - ¿Y el padre de Roberto, sigue por aquí?

    - Escucha, no se que mierda habrá pasado, no se si el viejo lo habrá matado, pero lo cierto es que a un compañero no se le traiciona, y yo ya he dicho mucho. Ahora vete, por favor.

    Camino a casa pensé en que todo se había revuelto mas y mas. Cada vez que creía sacar algo a la luz llegaba algún cabrón y le tiraba una piedra al foco. No tenía nada mas que hacer, me fui al Pantano.

    Max me preguntaba por que la cara de mierda, yo me limité a responderle "la vida". Ese día los borrachos parecían mas felices que nunca, y la sensación de que ni siquiera ahí encajaba era mas fuerte que la borrachera.

    - ¿Quien mierda no deja de gritar?

    - Es el Gusano -dijo Max- está contando sus historias de la dictadura con mas pasión que nunca. Ni siquiera son las mismas de siempre, es como si de la noche a la mañana hubiera recuperado toda la memoria que el vino le ha ido arrancando con los años ... o esta inventando mierda como siempre.

    Entonces me prendí, me envalentoné, empiné el vaso y me levanté en dirección al Gusano.

    - Tan feliz, viejito.

    - Claro pendejo, sigo vivo -respondió, con una sonrisa, y brindando junto con los viejos que lo rodeaban y escuchaban.

    - Lo extraño es que después de meses de escuchar tu mierda llegas con todas estas historias nuevas, como si de pronto hubieras recordado todo, como si alguien te hubiera refrescado la memoria.

    - ...

    - Como si alguien te hubiera ido a advertir algo, ¿me equivoco Gusano Rojo?

    - No se de que mierda me estay hablando- su sonrisa se apagó, su cara se volvió una arruga gigante, y los viejos comenzaban a mirarme con rabia.

    - De la visita del Sala, de tu hijo Roberto.

    El Gusano se levantó bruscamente y rompió una botella de vino contra el mesón. Me puso contra el muro y coloco el vidrio roto sobre mi cuello, acercando su rostro al mio, mostrando sus dientes ennegrecidos de vino, aplastándome con su aliento a mierda.

    - Mira culiao, aquí no se dice ese nombre. Yo no le hice na' a mi hijo, nunca le haría nada. A pesar de que nos traicionó a todos, a pesar de que se fue, a pesar de que abandonó a todos, yo no he hecho nada conchetumadre.

    De pronto toda la rabia del gusano se fue, o se transformó, y el Gusano cayó sobre una silla, perdido en sus recuerdos, intentando comprender porqué su hijo lo traicionó, porque no lo quería, porque era milico, porque nadie sabía donde mierda estaba.

    - Pensé que lo ibai a poder encontrar, que algo ibai a descubrir, por eso hice que le llegara el dato tuyo a la pendeja. Pero da lo mismo, si nada se sabe de el es por algo, esta muerto pa' mi, lo ha estado desde el momento en que nos dio la espalda a todos.

    Un silencio desesperante se mezcló con el humo que flotaba por El Pantano, y me di cuenta que tenía que irme, que no debía estar allí. Me pasé la noche caminando por mi villa antigua. No quería llegar a casa, sabía que si llegaba no podría dormir. Comencé a pensar en Roberto, en como era un ejemplo de que mientras mas te imponen algo mas terminas amando lo contrario. Si nos obligaran a beber y tener sexo todo el día, la sobriedad y la abstinencia se convertirían en un placer. Pero nadie parece entenderlo, ni el Gusano, ni mis padres, ni el mundo.

    Fumé todo lo que me quedaba y cuando eran ya casi las 5 de la mañana la lluvia me hizo volver a casa.



                                                                                    VI.

    Eran ya casi las cuatro de la tarde y yo no me había movido. Pensé en llamar a la señorita Claudia y decirle que hasta aquí llegaba el caso. No quedaban pistas, no quedaban sospechosos, y no me quedaban fuerzas. Pensé en esto mucho rato, mientras revolvía mi mente intentando encontrar algo que me ayudara a levantarme, a despegar el culo del colchón. Si, era el fin, estaba jodido. Me quedaría sobre este colchón esperando que la muerte me viniera a buscar. Cagaría aquí, fumaría aquí, moriría aquí.

    Cerré los ojos, y entre sueños, vi la cara de mis padres.

    No, a la mierda, no iba a quedarme aquí, no iba a morir, no me iban a ganar.

    Algo no encajaba, ¿porque el idiota de Sala no odiaba a Roberto?, todos odiaban al maldito desaparecido, ¿porqué a el le importaba?. Me mojé la cara, me puse mi abrigo, preparé mi manopla y mis cigarrillos, ¡este era mi día, hoy se cerraba el caso y yo sería el mejor puto detective del mundo!

    No había nadie en la casa del Sala, ahora si que no sabía que hacer. Me quedé horas bajo un árbol intentando que la lluvia no me mojara por completo, pero llovía como si todos los ángeles se hubieran puesto de acuerdo para mearme encima. Una vieja sintió pena por mi y me invitó a pasar a su casa, yo me negué y le dije que esperaría ahí.

    - Salió el Sala, no se a que hora vuelva.

    - ¿Y sabe donde fue?

    - Parece que a la municipalidad, hace tiempo que viene alegando por el pozo gigante que se arma en la esquina, ahí donde se llena de barro. Parece que mañana cuando ya se haya ido la lluvia lo van a pavimentar. Tanto hueveo hasta que la consiguió.

    Eso era.

    Corrí, corrí como nunca antes había corrido. Corrí mas rápido de lo que todos mis profesores de educación física intentaron obligarme a correr, corrí mas rápido que cuando escapé de la casa de mis padres, mas rápido que cuando tuve que robar comida del super, había corrido toda mi vida, pero esto era distinto, hoy sabía donde llegar.

    Llegué donde la señorita Claudia, le dije que fuera a el pozo de la esquina y que me esperara.

    Fui lo mas rápido posible al Pantano y una vez dentro grité:

    - ¡Levantense viejos culiaos, vallan a buscar una pala y todos al pozo de La Aurora!

    Cuando llegamos ya se estaba oscureciendo, y la lluvia nos caía cada vez mas fuerte. Todos comenzaron a cavar, a intentar sacar el barro de cualquier manera posible. Nadie entendía mucho que pasaba, pero todos estaban ahí, los borrachos, las viejas de mierda, los flaites, Max, Claudia, el Gusano, todos. Algunas viejas sacaban baldes y echaban barro y lo arrojaban fuera. Otros viejos llegaron con camionetas y echaban el barro en la parte trasera y se lo llevaban lejos. Cada vez llovía mas, cada vez nos hundíamos mas.

    Este es el verdadero pantano- pensé.

    De pronto, sentí un golpe que podría haber sido el ultimo. Una pala me había dado en toda la espalda. Caí al barro y comencé a ahogarme. No podía pararme, estaba demasiado aturdido y probablemente había vomitado bajo el barro, si es que eso era posible. Sentí un tirón en la espalda y volví a disfrutar el aire, el barro resbaló despacio por mi cara y cuando pude ver me encontré frente al cabrón del gusano, con la pala que me había noqueado en una mano y sosteniendo mi cuerpo con la otra.

    - ¿Que mierda te pasa, que puto show estay haciendo? , ¡déjame tranquilo hueón, desaparece!- Gritaba el Gusano, con los ojos rojos y unas lagrimas que no se dejaban intimidar por la lluvia.

    - El Sa ... el Sala .... el Sala.

    - ¡¿Que hueón que?!

    - El Sala ... ¿hace cuanto que está intentando tapar este pozo?

    El Gusano dejo caer la pala y sus ojos se hundieron.

    - Un ... un año, hace un año ... desde que desapareció el Roberto.

    Una pala golpeó algo, y todos miramos.

    Toda la gente se acercó a el lugar desde donde se había oído el sonido. Unos baldes fueron los que sacaron el poco barro que quedaba sobre los restos. Cuando encontraron los huesos de una pierna humana, hasta la lluvia pareció guardar silencio. Las horas se encargaron de hacer aparecer todos los huesos de Roberto.

    Nadie llamó a la policía. Creo que no era necesario, no es que pudieran hacer algo. Cuando fueron a buscar al Sala este había desaparecido y su casa era un desastre, debido al escape veloz que tuvo que realizar. Los vecinos de La Aurora organizaron un velorio en la casa del Gusano, que resultó estar a unas pocas casas de la señorita Claudia. Se llenó de velas y arreglos florales, el Gusano se acercó a darme las gracias, la señorita Claudia no dejaba de llorar.

    Aparentemente, Roberto se había convertido en un facho de mierda en su paso por la escuela militar. Cuando fue a visitar a sus viejas amistades, a reencontrarse con su mejor amigo el Sala, las cosas no funcionaron. Eran polos opuestos, y como bien sabía Sala, en la Aurora no había perdón ni olvido. Con el paso de los días la gente fue soltando cosas. Roberto fue a visitar mas de una vez al Sala, y tuvieron fuertes discusiones. Un día el Sala no soportó mas al que una vez fue como su hermano, y lo mató de un tiro en la sien, el cual se pudo corroborar con ver el cráneo. Luego lo enterró en el único lugar donde podía e hizo lo posible por pavimentar, y la ineficacia de la municipalidad terminó por arruinar su plan. Enfermamente irónico.

    Una semana después, la señorita Claudia me dio las gracias y me pagó la otra mitad. Me dijo que podía pagarme de por vida si es que encontraba al Sala. Yo le dije que no, que las batallas del pasado habían matado a Roberto, y que al igual que a el, había que enterrarlas.

    Llegué al Pantano y Max se acercó:

    - ¿Lo de siempre Tegui?

    - Lo de siempre.

    Cinco vasos de vodka, y todo parecía estar perfecto. Me pregunté cuanto duraría esto, cuando se acabaría el dinero, cuando volvería la puta lluvia.

    Quizás mañana lo piense, ahora, todo parecía estar bien.
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  3. Fin.

    viernes, 7 de septiembre de 2012

    No soy escritor. Nunca creí serlo, y tampoco creo que alguna vez lo sea.

    La verdad, es que ni siquiera recuerdo como partió esto, solo se que estaba solo, y las cosas que tenia que decir -o sentía que decir-, eran bastante confusas, tristes, y por no darle pena a nadie, empecé este blog, que ahora, al final, veo como una caja de decepciones, de ideas que no van hacia ninguna parte, y que al abrir deja salir una ráfaga fría y desalentadora.

    Tampoco fue siempre así. Hay cosas que fueron hechas con amor, ese amor que ahora comprendo como lo que uno hace con verdaderas ganas, pero duró poco, y tratar de hacerlo ahora me parece inconsecuente.

    Cuando mi amor por la literatura comenzó a crecer, deje de ver esto como algo que era solo para mi, y es que al darme cuenta de como había gente que escribía solo por decirle algo a los demás, para los demás, para intentar darles algo bonito, o hasta horrible, pero sincero, empecé a hacer lo mismo, a mostrar mis textos, y tuve la esperanza de que a alguien le sacaran una sonrisa, que mis cuentos pudieran ser algo en que creer.

    Lo cierto es que a día de hoy, ni yo creo en lo que escribo ... ni en mi.

    Y es que me siento falso, flojo, torpe, inútil, y lo que me queda de alma no me deja escribirles que hagan cosas por los demás, que sean honestos, que salven al mundo, cuando yo jamas he hecho esas cosas.

    Puede parecer que esté dando pena, pero es que pena es lo único que llevo a dentro, y por lo tanto, lo único que puedo dar.

    Perdí la fe, y en buen chileno, hasta aquí llega la cosa.

    Gracias a los que estuvieron, a los que preguntaron si es que había subido algo nuevo al blog, a los que lo leyeron sin jamas decírmelo, y a los pocos que de verdad creyeron.

    Nos vemos.
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