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  1. Crísis en Santiagos Infinitos

    sábado, 21 de mayo de 2016

    "Multiverso es un término usado para definir
     los múltiples universos existentes (conjunto de universos en un solo universo),
     según las hipótesis que afirman que existen universos (versiones) diferentes del nuestro propio"
    Wikipedia.


    - Un aparente suicida, (o zoofílico con ganas de hacer un trío), entra desnudo a la jaula de dos Leones en el Zoológico Metropolitano.

    - Anonadados, dos Guardias observan la situación sin tener claro cual debería ser su actuar.

    - Ambos, siguiendo la lógica de que el hombre era un imbécil (o un violador de animales), lo dejan morir.

    - El mundo reacciona. En plazas virtuales como Facebook, Chilevisión, el Ciudadano y los comentarios de Cooperativa se debate por el valor de la vida. Discuten si acaso la vida humana, por más idiota que sea, es más valiosa que la animal.

    - La familia del suicida/zoofílico demanda al Zoológico Metropolitano. El Zoológico indica como responsable a la compañía seguridad. La compañía de seguridad culpa a los Guardias, quienes enfrentan millonarias demandas.

    - El mundo reacciona. En plazas virtuales como las anteriormente dichas, se discute la injusticia, la falta de criterio del sistema al catalogar a los Guardias como delincuentes. Otros focos se centran en la mala utilización de la palabra delincuente y en como no se aplica a los empresarios y políticos. Se leen manoseada y repetidamente palabras como "funa" y "repudio".

    - Los Guardias son acusados por no cumplir con sus labores ni velar por la vida humana que, por sobre todo, es sagrada. Son sentenciados a blablablabla (léase pudrirse en la cárcel).

    - El mundo reacciona. En las plazas virtuales anteriormente dichas, se leen manoseada y repetidamente palabras como "funa" y "repudio".

    - Los guardas se siguen blablablablando en la cárcel.

    - Arriba, en un cerro, dos Leones se acurrucan entre los barrotes. El macho inclina el cuerpo hacia la capital y ruge. Las fibras del rugido se esparcen por Santiago y una aterriza en mi. Busco mi diccionario felino-castellano y descifro lo que nos grita el León: Sociedad.

    - Ocurre otro maltrato/asesinato contra algún humano/animal.

    - El mundo reacciona.

    - Los Guardias terminan de blablabladirse en la cárcel.

    - El rugido del León sigue resonando.

    - El mundo no reacciona.





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  2. Extra

    miércoles, 18 de mayo de 2016

    I

    Ninguna voz debe resaltar.

    Esa, es la regla primordial.

    No se trata, sin embargo, de que haya completo silencio: todo debe ser un murmullo, una sinfonía ornamental que de verosimilitud al asunto, la suficiente para hacerlo creíble.

    Cualquier libro, cualquier escenario, cualquier sueño.

    Así, por cierto, fue que terminé aquí.

    II

    - Ayer soñé contigo.

    Miré sus piernas, me emocioné pensando en la posibilidad de un coqueteo.

    - ¿Y que hacía yo?

    - Nada, erai un extra.

    - ¿Cómo, no hacía niuna hueá?

    - No, como siempre.

    Ella sonrió, y yo desperté aquí.

    III

    Los cowboys sin pega hace años, que solo fuman Hilton rojo y te dicen maricón si fumái mentolados.

    Los disfrazados, los niños-árbol o piedra: las muy feas para una estupenda Julieta, los muy tontos para un atrevido Romeo.

    Las parejas sin nombre, ni tacto, ni besos, ni sexo. Las citas de cartón para tener de fondo mientras los protagonistas celebran con copas bonitas de champagne.

    Los caminantes. Los transeuntes que detienen taxis que no llevan a ningún lugar. Los japoneses cruzando calles. Los jovenes europeos comprando drogas. Los millones de oficinistas que van bien/temprano/tarde.

    Los de sueños. Los más tontos de los tontos. Los que piensan que alguna vez existieron.

    Somos los extra, los anti-protagonistas.

    La bulla de fondo que torna menos mentira la mentira.

    Somos quienes realmente murieron en la cruz.

    Los que renunciamos a una vida para hacerte creer la tuya.


    IV

    Escribo esto sobre la barra del bar.

    Pido el mismo vodka malo de siempre.

    Las parejas enmudecen y miran al extraño.

    Los cowboys desenfundan con un cigarrillo en la boca.

    Los niños disfrazados de arbol afilan sus ramas.

    Los transeuntes se reunen fuera del Bar.

    Si usted, querido lector, se encuentra leyendo esto, significa que me encuentro en un terrible problema.

    Un metaproblema.

    Yo, el narrador, en mi egoísmo camuflado de literatura, he roto la regla primordial:

    AQUÍ NO SE ACEPTAN PROTAGONISTAS

    Entran los transeuntes furiosos.

    Estallan vidrios, muros, ojos, mesas y escaleras.

    Termino mi vodka, mientras balas y ramas perforan mi consciencia.
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  3. Treinta likes

    lunes, 9 de mayo de 2016

    Ya, ahora si. Partiendo por que no entiendo cuando fue que toda la hueá se nos salió de las manos (con esto me refiero a que no le dis color, o no te cuento nada). Llevábamos un semestre intentando levantar nuestra agencia y nada, unos veinte o treinta hueones que por pena o accidente nos dieron un like. Nos pasábamos las noches y los días fumando hierba. Anotábamos las ideas con plumón en el ventanal del Claudio. El ventanal ahora está hecho mierda. El Claudio también. Pero no, no va al caso. La hueá es que cuando éramos una agencia cagona con 30 likes nos llegó un mail: una productora de cine quería que nos encargáramos de toda la campaña de promoción de su última película, la cual se esperaba fuera éxito del verano (el de los gringos, acá el frío entra y haciendo escándalo, en especial por el ventanal roto). Con el Claudio no creímos ni mierda. Llamamos al numero que dieron en el mail preguntando si era hueveo y eventualmente botamos el celular y llamamos desde otro numero negando haber sido los que llamaron antes (tu cachái, hay que parecer profesional, o en volá serlo). Nos explicaron algo sobre trabajar con gente joven y target y promoción y concepto y un montón de ideas que la marihuana y la locura del momento no nos dejó comprender. Accedimos a todo y antes de que nos diéramos cuenta llegó un cheque. Eran millones. Mira, mira esta hueá. Nunca en mi vida había tenido tantos billetes de veinte juntos. Tómalos. ¿Viste?, llega a pesar la hueá. A veces camino por el departamento y los veo dispersarse. Se mueven con la brisa o con los pasos y se esconden abajo del sillón. Parecen ratones, o así se siente. Remodelamos. Compramos sillones y pizarras y Macbooks y un Play 4. Y marihuana, mucha. El Claudio enrolaba un bate cuando nos llamaron para una reunión. Se nos habían pasado dos meses, dos putos meses. Comprando mierda y fumando y llenando la casa de colas, porque cuando se tiene plata y droga en exceso esa es la primera hueá que pasa: te dejan de importar las colas. No sabíamos que hacer y estoy seguro que, en ese punto, ninguno de los dos tenía idea de que trataba la película. Leímos los mails y descubrimos que trataba sobre superhéroes que se enfrentaban al Apocalipsis. Pasamos horas mirando la pizarra, cachando que nunca compramos plumones, que las ideas seguían difusas y se mezclaban con el humo. Entonces se nos vino la idea. O sea, al Claudio se le ocurrió, pero en ese momento eso no importaba. Terminamos el bate y nos fuimos con nuestro mejor terno. La idea era sencilla: convertir la campaña publicitaria en una experiencia para el espectador. ¿Por qué esperar hasta el estreno para descubrir el Apocalipsis?, ¡DEMOSLES EL APOCALIPSIS!, ¡VIVAN EL APOCALIPSIS! Disculpa si me pongo a gritar, pero es que así fue. Yo estaba ahí, gritando hueás como esos profetas de la calle. Pensaba que en cualquier momento nos iban a mandar a la mierda, pensaba en esos 30 likes como un punto final, la meta de una carrera corta donde no había listón ni fotos ni aplausos. Y justo eso: aplausos. A los de la productora les encantó. Nos dieron otro cheque gigante. Compramos el triple de la hierba que ya teníamos, incluso compramos plumones. ¿Sabías que hay plumones morados?, por ahí deben andar. Entonces nos pusimos a trabajar en el concepto. Sabíamos que el Apocalipsis era parte de la Biblia, así que lo buscamos en Wikipedia. Cachamos que es como el fin del mundo y tiene cuatro jinetes: Muerte, Hambre, Guerra y Victoria. Decidimos convertir a cada jinete en una especie de acto de nuestra campaña publicitaria. Arrendamos una cabaña gigante en Ancud, y eventualmente un yate. Compramos kilos de mierda industrial a varias empresas y los tiramos al mar. Ahí empezó el primer acto: Muerte. Los primeros en cagar fueron los salmones. La costa estaba llena de salmones muertos y de alguna forma me recordaban a los billetes abandonados en el departamento, o así se sentía. Los medios culpaban a la marea roja y las personas a los empresarios. Eso al Claudio lo emputeció, agarró montones de billetes y los tiró a la chimenea, hirviendo en mierda por la idea de que otros se llevaran el mérito por su trabajo. Me costó tres bates que se calmara, y tu sabes que realmente me costó, porque nunca he sabido enrolar. El segundo acto fue más fácil, porque derivaba directamente del primero: Hambre. Los pescadores estaban emputecidos, pero no tanto como el Claudio la noche anterior, o así se sentía. La idea era que la gente viviera el Hambre el tiempo suficiente para alargar el tercer acto y comenzar el cuarto justo en el momento preciso: la Victoria, el estreno del trailer final de la película. El problema es que los pescadores son cosa seria. La gente del sur es cosa seria. El segundo acto no alcanzó a generar la repercusión necesaria en los plazos correspondientes y de pronto estábamos en Guerra. En serio. Yo antes iba a mochilear a Chiloé. La gente era un amor mientras no fueras un cochino de mierda e intentaras con todo tu estómago no parecer santiaguino. Ahora míralos, prende la tele, revisa tu Twitter. Están todos movilizados. Cortaron el paso. Fue una cagá de antología. Pusimos en Guerra a una isla entera y los cheques nos seguían llegando. En Santiago se culpaba a las empresas salmoneras, e incluso llegaron mensajes de apoyo desde otros países. Volvimos al departamento y el Claudio se fue desmoronando mientras consumía más diarios y más tele. Siempre he dicho que esa mierda hace mal. Desde la productora nos aseguraban que la campaña era un éxito, pero eso al Claudio no le bastó. No habló en semanas. Fue cuando dejó de fumar que me empecé a preocupar. Me acordé de lo contento que lo pusieron los plumones morados. No encontré más, pero compré cogollos morados. Volví y me encontré con un marco hueco que en otra vida había sido ventanal (y a veces, pizarra). Los vidrios caían como llovizna y aterrizaban sobre el Claudio. Mira, mira por el ventanal roto. Son catorce pisos. Ahí aterrizó. Esa mancha que parece mancha. Eso es lo que quedó del Claudio. Otra vez: no entiendo cuando fue que la hueá se nos salió de las manos. Supongo que fue cuando nos dejaron de importar las colas, porque esa hueá te cambia. Ahora tenemos un millón de likes, un millón conchetumare. Tengo que ir a recibir un premio a Florida. Es una premiación internacional a las mejores campañas publicitarias. No cacho mucho inglés, pero se lo voy a dedicar al Claudio. Mañana sale el trailer y probablemente llegue otro cheque gigante ... Ya, ¿viste?, sabía que me ibai a mirar con esa cara de mierda. Mejor no te contaba nada. Siempre le dai color.
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