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  1. Ella quería recorrer el mundo

    domingo, 19 de junio de 2016

    -¿Y qué pasó?

    - Nada po, me hablaba de autoconocimiento y de retroalimentación y de otras palabras compuestas que nunca entendí.

    -Ya. Pero hasta donde yo sabía, ayer estabas con ella en Barcelona. Hasta vi unas fotos.

    - Esa es la hueá extraña. Cuando íbamos a partir le conté que no me interesaba eso del viaje, que sentía que era como una trotadora, como arrancar de uno mismo persiguiendo la idea de avanzar, pero terminando siempre en el mismo punto.

    -¿Y eso que tiene que ver?

    -Espera, po. La hueá es que me mandó a la mierda. Me dijo que estaba estancado y que tenía más miedos que sueños, que estaba totalmente vacío y nunca la iba a llenar. No me considero un hueón profundo, pero igual me dolió. Ahí fue que me dijo que mi energía negativa no la iba a detener y se iba a ir aunque tuviera que ir sola. Le pedí un día para pensarlo y al otro día supe que se había ido con el Jerry.

    -...

    -Yapo, pregúntame.

    -¿Y quién es el Jerry?

    -Es un consolador, uno bien caro.

    -¿Cómo?

    -Eso, agarró su consolador, uno que le regaló una amiga y se fueron juntos. Creo que no nota la diferencia entre los dos. Mira las fotos bien. ¿Viste?, ese no soy yo, es el Jerry.

    -Igual se parecen.

    -Debe ser algo en la mirada. El punto es que ella ahora está recorriendo el mundo con el Jerry y no sé, siento que debería llamarla o algo. 

    -Pero ella quería alguien que la llenara y bueno...

    -No me hueís, po.

    -Es que no entiendo el problema. No querías ir y no fuiste.

    -Es que me reemplazaron por una hueá de plástico, o de goma, no sé, pero por algo verdaderamente vacío, algo falso. Si hubiera sido por otro hueón creo que no sería tan terrible, pero ... en el fondo es como si yo siempre hubiera sido un consolador.

    Ambos guardamos silencio. Evité cruzar la mirada y me oculté en las fotos de Jerry con la chica. 

    -Mira, abajo de su teta izquierda.

    -Más respeto compadre, que de cierta forma sigue siendo mi mina.

    -Pero mira, mira bien. Tiene un pituto, ¿cierto?

    Miró detenidamente y abrió los ojos.

    -Oh, mierda.

    -¿Qué?

    -Esa es la Kimi, mi muñeca inflable.

    -¿Kimi?

    -Tu sabís que siempre me han calentado las chinas. Además, cuando te dije que el consolador se llamaba Jerry no dijiste nada así que no me hueís.

    Tenía razón.

    -Entonces, ¿dónde está tu mina?

    Sacó el teléfono y se alejó a un rincón. Luego volvió a mi lado.

    -¿Y?

    -Parece que después de que peleamos, mi mina fue al gimnasio. Se estaba yendo cuando sin querer pasó sobre una trotadora. La hueá se prendió y ahí a estado todos estos meses, trotando. Ella también pensaba que estaba viajando.

    -¿Entonces?

    -Nada, dice que ahora que terminó su viaje es una persona distinta, que no guarda rencores y podemos intentarlo de nuevo. Creo que no es mala idea. Hasta podríamos viajar. ¿Que creís tu?

    Pensé en el Jerry y la Kimi.

    Sentí a la distancia el aroma de su romance plástico y me pareció auténtico.

    Miré a mi amigo a los ojos y percibí la muerte de un destello, similar a la batería baja en los celulares.

    Miré su cuerpo, que de a poco, dejaba de vibrar.
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