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  1. Doce

    martes, 9 de diciembre de 2014

    Dejé Santiago porque pensé que allí no habría nada para mi.

    En el sur encontré techos altos, camas absorbentes y más tiempo del que quise para pensar. 

    Volví queriendo ser mejor, no que otro, no que el mundo, no que aquella.

    Que mi.

    El mejor De Lefént posible. 

    Enfrenté juicios, me enamoré de todas las piscolas del mundo, arrugué horas de sueño y arranqué de la caricia porque aquella lo haría todo más fácil, más cómodo, más habitual.

    Creí entender - o desentender-, no se que chucha, y asumiendo un año de errores fui tras la mujer que me amó y después ya no.

    Contra todo pronóstico, por cierto, me volvió a amar, y así volví con la mujer que me amó y después ya no y después ya sí.

    Abandoné las piscolas coquetas, dormí todas las horas que mi mamá y los médicos y los sanitos dicen que son buenas y abracé la caricia porque lo haría todo más fácil, más cómodo, más habitual.

    A la mierda el mejor De Lefént posible.

    El mejor novio posible.

    Y jamás me quise.

    Entré a estudiar una carrera que no me importaba. Me iba temprano todos los días porque sentía que todos eran hueones y yo también. No veía a mis amigos. Lloraba solo día por medio y le intentaba explicar a la mujer que me amó y después ya no y después ya sí que no era su culpa.

    Me encontró llorando un perro en un carrete, al otro día me llevó a mi casa. De aquí no se ha ido, por cierto.

    Cuando me saqué la pera del corazón y del culo, ya estaba borracho y mis notas se habían ido al fondo del vaso. Dejé de leer los diarios y desenchufé la zapatilla que extendía la autocompasión y la tele. 

    Vacilé y vacilé y vacilé y vacilé y recordé que unos meses antes quise ser mejor y vacilé y vacilé.

    Dejé a la mujer que me amó y después ya no y después ya sí (y ahora ya no). Dejé una vida que era llegar y llevar, una más fácil/cómoda/habitual.

    Conocí Valdivia y sus papás fritas y no vi su cine.

    Escribí unos cuentos, grabé un corto, hice amigos, le sonreí a minas en el metro.

    Ahora no tengo novia ni planes 
    tengo si, unos cuentos, un corto, piscolas coquetas y un perro que me quiere por llorón.
    pero me percibo menos ahueonao.


    .

    Tengo una amiga que me da besos y se ríe de la gente en el metro
    y yo también me río.


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  2. 3 comentarios:

    1. Que rico leer blogs de gente, es todo otro mundo que nosotros creemos muy privado, y en vda cualquier weon X (weona en mi caso) puede leer, pero es bacán hacerlo, porque siempre se aprende algo nuevo, yo no se qué aprendí leyend tu blog xD pero algo me dejó, lo siento. Sigue viajando, sigue creciendo y buscando un mejor De Lefént, por mi lado tabn estoy en esa, algunos creen que eestoy perdida porque me salí de una carrera que no me importaba, pero es mejor ir dándose cuenta ahora de lo que uno quiere o no, que hacerlo como robots y darte cuenta muy tarde de que desperdiciaste tu vida, y la manera más divertida de descubrirlo, es cayéndote, viajando y vacilando un poco.

    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.
    3. Anónimo dijo...

      y ahora eres un mejor De Lefént..