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  1. Lloras de noche en medio de la carretera

    miércoles, 2 de marzo de 2016

    Espera.

    Deja que la luna hambrienta consuma las luces del cielo y la carretera.

    Presta atención.

    No se trata de algo sobrenatural.

    Tampoco de sentarse en un asiento específico.

    Limítate a escucharlos y entenderás:

    Los buses lloran de noche.

    Justo en medio de la carretera, cuando los pasajeros duermen y nadie los ve.

    Como tú, cuando aprietas los dientes y garugan tus ojos y te ocultas para que nadie te ofrezca un abrazo y dé inicio al diluvio.

    De norte a sur.

    De sur a norte.

    De tu casa al trabajo

    Del trabajo a tu casa.

    La misma senda.

    Sin desvíos ni paradas.
    Y claro, algún auto insomniótico se cruza con ellos.

    Les grita en un bocinazo optimista que no hay por que llorar.

    Que hay mucho más norte, e incluso más sur.

    Los buses escuchan y asienten entre cambios de luces.

    Como cuando tus amigos consiguen un nuevo trabajo.

    Como cuando tus amigos lloran por el término de una relación.

    Como cuando tus amigos sonríen por el comienzo de otra.

    Asientes.

    Asientes.

    Asientes.

    Pero no comprendes.

    Porque la depresión dejó de ser intermedia y no te basta que haya más norte, ni sur, ni amor.

    Porque son caminos recorridos y te angustia pisar tus huellas.

    Otra vez:

    Los buses lloran de noche.

    Y si esto no es noticia para ti, significa que algo anda mal:

    Esperas

    Las luces se consumen.

    Los pasajeros duermen

    Nadie te ve.

    Aprietas los dientes.

    Garugan tus ojos.

    Comienza el diluvio.


    Lloras de noche en medio de la carretera.

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