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  1. Me Siento Egoísta.

    lunes, 3 de octubre de 2011

    Aquí se entierran los que tienen mas money, osea, plata -decía con un entusiasmo y un humor que uno no esperaría del guía turístico de un cementerio.

    Era una visita guiada por el cementerio general, una ciudad muerta en donde la segregación no es tan distinta como la que se da entre los vivos. Pero ese no era el punto, el punto era que todo estaba bien, hasta que vi algo, algo que alguna vez creí real, que en otras ocasiones considere un , y que hoy se me presentaba como un fantasma.

    - ¿Y usted lleva mucho tiempo trabajando aquí? -le pregunté, intentando distraerme de lo que vi.

    - Unos 8 años ya.

    - ¿Que se siente pasar tanto tiempo con los muertos?

    - Puta ... nada, uno se acostumbra a las cosas y le dan menos susto nomas.

    - ¿Sustos?

    - Si po', ruidos, fotos, gente extraña, pasos, toas esas hueás.

    - ¿Usted cree en toda esas cosas?

    - ¿La verdad? -me dice, como vigilando que nadie lo escuche.

    - Claro.

    - No, no creo en niuna hueá de las que dicen, si al final, con pasar tanto tiempo entre los muertos, la gente de aquí se empieza a imaginar ruidos, pa no sentirse tan solos.

    - ¿Entonces no cree en los fantasmas?

    - No.

    - Entonces por...

    Pero dejé al hombre seguir haciendo su trabajo, y le evité tratar de responder una pregunta que le hubiera causado risa, ademas de desconcierto.

    - ¿Entonces porque la sigo viendo?

    Si, ella, la inconfundible Rosseta.

    No importaba lo que dijeran, yo la estaba viendo. Pero ella parecía no verme, o quizás ignorarme, o tal vez era como decía el guia: La imaginaba para no sentirme solo.

    Pero con Rosseta las certezas no existían, en el ámbito que fuese.

    Al rato de caminar por el lugar, el guía nos contó la historia sobre una hermosa novia que murió en el altar, y que en su tumba se le escribía para que ayudara a los problemas del corazón.

    Y yo le escribí.

    La seguí por la necrópolis hasta que llego el momento de irme, entonces la dejé de ver.

    .

    Unas horas mas tardes, yo salía de mi colegio, cuando me topé con un accidente. Mientras me acercaba a la escena, las cosas se iban haciendo mas claras: Mujer en el suelo, auto detenido, gente al rededor.

    Cuando me acerqué no distinguí por completo a las personas, pero logré percatarme de que algunos eran familiares de la mujer, que resulto ser una joven, probablemente de la misma edad que yo. Entre las personas que la rodeaban se encontraban unos profesores de mi colegio, los que trataban de ayudar de algún modo.

    - ¿Que le pasó profe? -pregunté al llegar al lugar.

    - Le pasó por encima, fue heavy el choque -me respondió con una calma fingida, que intentaba ocultar la rabia por la falta de ayuda, y la tardanza de la ambulancia.

    ¿Y saben?, yo no tengo claro el momento, si fue antes o después de la conversación, pero lo que podría jurar, es que en algún instante la miré, y ella me miró, y su cara parecía preguntarme quien era, que hacia yo ahí, por que me preocupaba.

    Pero mas que nada, vi dolor.

    Vi su blanco rostro en una quietud máxima, y sus ojos azules, los mas hermosos que he visto, parecían destellar como nunca debido al contraste del rojo que le dejó el llanto y el miedo.

    Y no puedo olvidar su rostro. Y quiero encontrarla, preguntarle si ya se encuentra mejor. Sobre todo, me siento culpable. Culpable por lo que le escribí en su tumba a la novia.

    "Desde la muerte ayúdame a olvidar, que no exista un dolor que sea inmortal".

    Es que me siento egoísta. Egoísta por sufrir por un fantasma de un amor, y por haber visto, en dos hermosos ojos, el verdadero dolor, y no uno inventado, no uno que imaginemos para no sentirnos solos.



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