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  1. Jessica no creía en nada que pudiera ver.

    martes, 15 de noviembre de 2011

    Un amigo se acercó a mi con entusiasmo, sabiendo que me iba a gustar la noticia: me llevaría a conocerla.

    - ¿Como la conociste?, nunca me lo dijiste -le pregunté.

    - Bueno, la verdad no la conozco, eso dice ella.

    Me llevó hasta una casa de la villa donde yo solía vivir, una por la cual yo había pasado unas mil veces, y que hasta este momento jamas había notado.

    El tocó el timbre, y una mujer mayor abrió la puerta reciviendolo con mucho cariño. Nos invitó a pasar, y sin darme cuenta, yo ya había aceptado un té.

    - Que bueno que vengan a ver a la Jessica -dijo la señora, con una voz triste, bajando la mirada y perdiéndola en el remolino que hacia en el té con la cuchara-, hace tiempo que ya nadie la viene a ver ... es que igual es difícil.

    Recordé lo que me había dicho mi amigo hace unas noches en una botillería, mientras yo lo intentaba convencer de que pusiera dos lucas para un vodka.

    - Hueón enserio, si con jugo en polvo queda bueno.

    - Pero escúchame hueón, la mina se volvió loca, o algo así.

    - Ya si te escucho, pero mira con dos lucas que pongai nos alcanzan y nos compramos un jugo en polvo.

    - Si me escuchai y te callai te paso tres lucas.

    Y yo callé.

    - Resulta que esta mina era como cualquier otra.

    - ¿Con dos tetas y todo?

    - Si hueón -dijo molesto, sin entender mi poca habilidad para tomarme enserio las cosas que no me interesan-. La hueá es que un dia ella se cayó.

    - ¿Como?, ¿a un hoyo o algo así?

    - No, no ese sentido. Aunque quizás, de alguna forma si calló. Pero a lo que me refería, era a que no hablo mas. Pronto también dejo de comer, y cuando la gente le habla, parece no escuchar.

    - ¿Es alguna enfermedad sicologica?

    - Eso creían todos, hasta que un día se puso a hablar.

    - ¿Con quien?

    - Con la soledad.

    - ...

    - Enserio hueón.

    - ¿Con la soledad?

    - Eso. Un día su mamá entro a su pieza a dejarle algo de comida y la escucho hablando con alguien a quien llamaba Soledad. Entró, y como parecía que su presencia no le afectaba, se quedo escuchandola.

    - ¿Y que le decía a la soledad?

    - Que estaba agradecida de su compañía, pero que le producía un poco de Tristeza.

    - ¿Y entonces?

    - Entonces Tristeza las escuchó y se sintió mal, ya que pensaba que aunque su presencia fuera dañina, ayudaba a florecer a sentimientos bellos. Entonces Jessica, la chica, se disculpó; y se quedó callada, con Soledad y Tristeza.

    La historia daba para pensar, pero esa noche tenía un vodka que terminar, y olvidé todo sobre Jessica hasta el día de hoy.

    Pero aquí estaba, en el living de su casa, queriendo verla.

    - Ya se lo que le pasa -dijo la señora, dando la impresión de que se dirigía a alguien mas, a cualquiera que no fuéramos nosotros.

    - ¿Que ocurre? -pregunté con ganas.

    - Lo supe ayer, mientras se encontraba en su habitación.

    - ¿Hablaba con la Soledad?

    - No ... con la Fe. Le gritaba, le decía que no la podía ver, que se había vuelto muy pequeña. Luego parece que la Fe le preguntó algo, y Jessica le dijo que ella no creía en nada que pudiera ver.

    Todos guardamos silencio.

    - Pasen a verla.

    Nosotros entramos a una habitación en la que solo había un closet, una cama, y Jessica en el suelo.

    - Si quieres hablarle, tienes que fingir ser algo que no se puede ver -dijo su madre, la que nos dio la espalda y se retiro rápidamente de la habitación, como si así pudiera olvidarse de lo que en ella ocurría.

    - Hola, Jessica.

    - ...

    - Soy un alma.

    - ¿Un alma? -su voz se sintió distante, y sus ojos permanecían en la muralla, a la vez que emitía una sonrisa-, hace mucho que no hablaba con una, quizás por eso no te reconocí.

    - No te preocupes.

    - Lo siento, de verdad, es que estaba conversando.

    - ¿Con quien?

    - ¿Acaso no los ves?, el que se ve aburrido allá en la esquina es Destino, y el que parece enojado que esta a su lado es Dios.

    - ¿Y de que hablaban?

    - Dios se quejaba de haber hecho todo mal, y de que nadie entendía las cosas que realmente quería decir, que todos arreglaban sus palabras para quedar bien.

    - ¿Y Destino?

    - Destino le decía a dios que no fuera hueón ni amargado, que como todo lo que existe y existirá estaba predestinado no tiene culpa de que las cosas salieran mal, que nadie tiene la culpa de las cosas, solo el.

    - Entiendo. Pero Jessica...

    - ¿Que es Jessica?

    - Tu eres Jessica.

    - No entiendo.

    - ¿Sabes lo que eres, o acaso lo recuerdas?

    - Recuerdo algo así como un sueño, donde yo era una cosa, una que se podía tocar, como esa de los cuentos fantásticos. Todas las cosas tenían un nombre y mi nombre de cosa era Jessica.

    - ¿Y por que crees que fue un sueño, por que no crees que esas cosas son reales?

    - Todos saben que no se puede creer en las cosas que se ven, o se tocan. Esas cosas son engañosas. En mis sueños habían cosas que te abrazaban y luego te hacían daño. También habían cosas que te decían que siempre estarían, pero se iban. Fue entonces que deje de creer en esas cosas, y me di cuenta que el dolor que había sentido era mas fuerte que el abrazo, y seguía conmigo, que los recuerdos siempre se habían quedado conmigo, pero las cosas se fueron y me dejaron, ahí comprendí que las cosas reales son las que no podemos ver. Entonces conocí a Soledad, y luego a todos los demás.

    Sentí que tenia que salir corriendo de ese lugar, que debía salir lo mas rápido posible de Jessica, pero no podía, quería seguir.

    - ¿Conoces al amor?

    - Si, es hermoso, pero mas que nada es increible, ¡tiene tantos efectos! Cuando viene a visitarme, Lógica se vuelve loca y se marcha porque dice que no pueden estar juntos en la misma habitación. A Tristeza le pasa algo muy raro con Amor, ya que se vuelve mas hermosa, como si siempre embelleciera ante el. Ternura, que es tan tímida, sale de su rincón y comienza a saludar a todos.

    - ¿Nunca te a molestado?

    - No, solo cuando viene con Ilusiones, a todos les encanta ese tipo, hasta que lo conocen realmente.

    Hasta cierto punto, todo lo que ella decía parecía ser verdad. Sin gestos, sin tonos, sin caricias, todo era intangible, solo voces y emociones en un pequeño espacio que ella había vuelto infinito, y aun así, todo parecía mas real que nunca.

    - Bueno, ya me tengo que marchar, otras Almas me esperan.

    - No te preocupes, se que no eres una Alma.

    - ¿Lo sabes?

    - Si, Verdad me lo dijo hace un rato, aunque Mentira insistía en que realmente eras un Alma.

    - Discúlpame.

    - No importa.

    Sin tener mas que hacer en aquel lugar, surgió en mi una duda.

    - ¿Porque puedes hablar conmigo, acaso soy real para ti?

    - Eso parece.

    - ¿Pero porque?

    - Quien sabe, tal vez no seas tan Cosa, puede que en el fondo, seas un Alma.

    Sonreí.

    - Adios Jess... Adios.

    Me disponía a retirarme cuando lo dijo.

    - Soledad te manda saludos ... dice que te extraña.

    - Dile que le devuelvo los saludos.

    Di unos pasos mas.

    - Soledad ... -se detuvo-, Soledad pregunta quien es ella, la que la remplazó.

    Yo lo pensé un poco, y finalmente respondí.

    - Pregúntale a Amor, el sabe.

    Así fue como conocí a Jessica, la mujer que no creía en nada que pudiera ver.






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