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  1. Sivel.

    miércoles, 22 de junio de 2011

    Eran cerca de las 10, y por estar sacando vueltas donde no debía, estaba sentado en el paradero esperando la única micro que llegaba a mi casa -y probablemente por la hora, la última-. Ni siquiera tenia un cigarro para hacer la hora mientras esperaba descubrir si la ultima micro ya había pasado o no, por lo que no me quedo mas que esperar.

    Entonces lo sentí.

    ¿Alguno se a parado frente a un espejo cuando de pronto crees haber visto a alguien que se movía detrás tuyo?, bueno, esa era la sensación que estaba sintiendo, pero de todas direcciones, como si el suelo fuera de espejos y todo a mi al rededor fuera reflejos.

    Comencé a sentirme observado. Al principio pensé que era esa paranoia lamentablemente común en mi, pero no: alguien me observaba.

    - Ven.

    En ese momento un escalofrío recorrió con delicadeza cada una de mis vertebras y mis brazos quedaron rígidos. Fue como si alguien me hablara al oído, pero el tipo que estaba mas cerca se encontraba atrás mio a unos 2 metros, apoyado en la reja de una farmacia.

    - Disculpe...

    - ¿Si? -era un tipo de unos 40 años, pero su voz no se parecía en nada a la que creí escuchar.

    - ¿Dijo algo?, me pareció oírlo hablar.

    - No, se equivoca -pareció molestarle mi pregunta y dirigió su mirada hacia algún otro lado en clara señal de que no lo molestara mas.

    Fue entonces que empecé a pensar en irme a la casa de una amiga que vivía cerca, o irme caminando, o...

    - Ven

    Esta vez la voz fue mucho mas clara, y parecía venir de la calle que se encontraba detrás mio a la izquierda, y como buena persona que soy, fui.

    Había pasado varias veces por esa calle cuando iba a ver a mi amiga. Era obscura ya que no tenia mas de dos postes de luz buenos, ademas se encontraba cerrada por dos portones que solo permitían el paso de peatones, por lo cual nunca se encontraba muy transitada.

    Comencé a caminar por la calle e intenté hacer lo mas lento posible mi paso por los espacios que alcanzaban a quedar iluminados. Cuando los crucé y quede en la oscuridad, todo empezó.

    Algo desde mi izquierda se movió rápidamente hacia mi, un perro quizás, pero ni siquiera me dio el tiempo para pensar. Se volvió increíblemente rápido contra mi, puso lo que parecía ser una mano sobre mi hombro, me volteo hacia el y empujo fuertemente hasta el otro lado de la calle, donde quede de espaldas contra el muro de una casa y mi cabeza reboto contra el cemento dejándome aun mas aturdido de lo que ya me encontraba.

    - Viniste -era la misma voz suave que me había llamado antes, pero esta vez tenia un toque alegre, como de victoria.

    - ... ¿Que? -el golpe en la cabeza, el susto, la oscuridad, y la mano que apretaba fuertemente mi cuello me tenían demasiado aturdido como para pensar en que era lo que ocurría, o mas bien, en que era lo que me tenia contra el muro intentando reventarme el cuello.

    - Que viniste, ¿estas bien?

    Su voz era suave y su pregunta parecía demasiado honesta como para la ocasión. Ademas, seguía escuchándose un tono feliz, casi burlesco. Esto me mantuvo perplejo un momento, pero al instante logré reaccionar.

    - ¡Suéltame conchesumadre! -mi voz sonó desesperada, y mi cuerpo reaccionó de igual manera convulsionándose de toda forma humanamente posible, pero entonces desde la oscuridad apareció lo que se presentaba como un brazo y con este le fue suficiente para controlar todo mi frenesí.

    - Honestamente, tus modales son como las hueas.

    Soltó mis brazos (aun manteniendo su otra mano presionando contra mi cuello), y se acerco a mi rostro revelando el suyo. Tenia la cara delgada y era de tez blanca, sus labios no eran muy marcados y contenían permanentemente una sonrisa que parecía involuntaria. Su cabello era corto pero dejaba caer una casquilla lisa color café claro, justo en el punto exacto entre rubio y moreno. Pero lo mas increíble eran sus ojos: llevaban un verde esmeralda que brillaban incluso en la oscuridad que nos rodeaba, y que opacaba todo el resto de su rostro, matando con una pupila totalmente contraida, como si se encontrara mirando permanentemente el sol.

    Algo revelaban esos ojos, algo que yo no quería llegar a aceptar.

    - Q ... Que ... ¿que eres? -me di cuenta que mis manos y gran parte de mi cuerpo no paraban de temblar.

    - Ahora esa no es la pregunta adecuada, como sea, cálmate, si no lo haces voy a matarte.

    Esta vez su voz cambió su tono burlesco por uno mas serio, sin embargo no perdió en absoluto esa tranquilidad que antes me trasmitía. Como sea, su delicada proposición surgió efecto y casi al instante logre dominarme por completo.

    - Es... esta bien.

    - Me parece. Estar tan agitado no le hace bien al cuerpo.

    - Quizás si dejaras de intentar reventarme el cuello mi adrenalina disminuiría.

    - Quizás, pero no puedo darte ese lujo por ahora -añadió una sonrisa enorme al finalizar su comentario.

    Debido a la forzada calma que me poseía, me tome el tiempo para mirar la mano que le quedaba libre, y me sorprendí al notar que esta se encontraba completamente rígida, lista para convulsionar en cualquier momento. Sus huesos se marcaban demasiado lo que aumentaba el efecto de rigidez de su mano, y sus dedos arqueados, se encontraban listos para dilatarse y atravesar mi piel en el momento que fuera necesario, o al menos eso era lo que parecían querer comunicarme.

    - ¿Que quieres?

    - Sigues siendo descortés amigo, yo en tu posición pensaría en volver mi actitud un poco mas agradable. No es la pregunta correcta.

    - ¡¿Que mierda?!, si ... agh, esta bien, déjame pensarlo...

    - ...

    - ¿Cual es tu nombre? -el miedo a equivocarme se dejo notar.

    - !Bien¡ -se alegró- mi nombre es Sivel.

    - ¿Sivel?

    - Si, Sivel, ¿y el tuyo?

    - De Lefént.

    - ¿Eso es un nombre?

    - ¿Sivel lo es?

    - Buen punto -y se hecho a reír.

    Comenzó a reír estrepitosamente, lo que contrastó demasiado con su voz. Mientras lo hacia, no me di cuenta que ya había soltado mi cuello, pero ni siquiera intente moverme. Tal vez era el miedo, o la curiosidad (lo mas seguro es que el primero, honestamente estaba que me cagaba), pero fuese lo que fuese, algo mayor a mi no me permitió moverme.

    Cuando dejó de reír se percató de que me había quedado petrificado contra el muro y se dirigió hacia mi

    - Ya cálmate, no tengo ganas de matarme.

    - ¿No tienes ganas?

    - No, me las quitaste. Resultaste ser simpático.

    - a ... gracias.

    Ambos nos quedamos en silencio. Yo seguía ahí, rígido, y el me miraba sonriendo y casi riendo para si, como pensando en que es lo que iba a hacerme.

    - ¿Y?, ¿no te iras?

    - No.

    - Relájate De Lefént -sonreía-, ya te dije que estar así le hace mal al cuerpo, ademas, te deje claro que no te voy a matar.

    - Entonces vuelvo a mi otra pregunta

    - ¿Cual?

    - ¿Que quieres?

    - Mmm ... nada, solo hablar, la ultima vez que hable con alguien fue hace casi una semana y de vez en cuando hecho de menos una buena conversación.

    - Invitate un copete, agregame a facebook, lo que quieras, pero ir por la vida tomando a la gente por el cuello no es la forma mas convincente para hablar con alguien.

    - Funcionó contigo -sonrió.

    - Buen punto.

    - ¿Que haces aquí?

    - Tu me llamaste.

    - No, me refiero a ese horrible paradero hediondo a miaos, y a esta hora.

    - Allí espero a mi horrible micro hedionda a miaos algunas tardes, pero hoy cometí un error de calculo, por lo que llegué muy tarde. ¿Y tu?, ¿que haces aquí?

    - Ya te dije, buscaba alguien con quien hablar.

    - Para con esa mierda, si el humor de cualquiera de los dos hubiera amanecido diferente hoy, yo estaría muerto.

    Su rostro se volvió pensativo.

    - Si, tienes razón, no es por lo único que estoy aquí.

    - ¿Que mas te trae aquí?.

    - El hambre, tengo hambre.

    Al escuchar como pronunciaba la palabra, volvió a mi el mismo escalofrío que recorrió mis vertebras la primera vez que oí su voz.

    - ¿Hambre?

    - Hambre.

    - ...

    - ...

    - ¿Que eres?

    - Ya conteste esa pregunta; cálmate, o voy a matarte.

    - ¡No!, ¡tu me trajiste aquí, tu me dejaste ir, tu me pediste que preguntara las cosas que he preguntado!, tu...

    Esta vez ni siquiera logre percatarme, y antes de poder parpadear ya me encontraba contra el muro otra vez.

    - Cállate mierda -me susurraba furioso al oído- ¿crees que reventar tu bonito cuello es lo peor que te puedo hacer?, créeme, reventar es lo menos que planeo hacer con el, tengo planes mucho mejores, mas sofisticados, mas ... culinarios.

    Entonces se acerco un instante a mi cuello, y luego, se colocó frente a mi y enseñó lo que su eterna sonrisa burlona escondía: unos brillantes y enormes colmillos, tan imponentes como su mirada esmeralda.

    En ese minuto, me sentí muerto. Ni siquiera vi mis dos años de vida pasar en un segundo por mis ojos, ni siquiera pensé en alguien, ni en cual seria mi ultima frase -algo que me a atormentado por años- no pensaba en nada, estaba muerto, muerto antes de que Sivel tuviera el lujo de hacerlo el mismo.

    - No ...

    - ¿No?

    - No puedo, algo tienes ... no puedo matarte ... no ahora.

    Me dejé caer hacia atrás, me sentí un peso muerto. Quede sentado contra la muralla y mi vista quedó perdida intentando entender que pasaba. Cuando logré reaccionar, Sivel se encontraba frente a mi con todo su cuerpo rígido y sus huesudas y venosas manos parecían poder estallar en cualquier momento. Sus ojos esmeralda reflejaban una mezcla de rabia e incomprensión y sus diminutas pupilas blancas refinaban el toque bestial que todo su cuerpo reflejaba. Comenzó a hablarme, pero derrepente todo se volvió una película muda y mi visión comenzó a nublarse, entonces levante mi mano izquierda y toque la parte trasera de mi cráneo.

    Sangraba.

    No alcancé a verla, pero sentía el calor brotar de la sangre, y el palpitar de la herida que provocaron los dos encuentros contra el muro.

    Entonces dormí.

    Cuando desperté reconocí enseguida el techo de mi habitación, pero a pesar de eso sentía que no debía estar donde estaba. Me levanté y al verme al espejo encontré lo que parecía ser un vendaje por sobre la herida y entonces recorde todo lo ocurrido.

    ¿No fue un sueño?

    - ¡Despertaste! -era mi mamá, me abrazo muy fuerte.

    - Si ... ¿Como llegué aquí?

    - ¿No te acuerdas de nada?

    - No -mentí con naturalidad.

    - Eran casi las 11 y un amigo tuyo nos llamo diciendo que te encontró inconsciente y sangrando en la calle, pero que te llevó a la clínica y que te encontrabas bien.

    - ¿Un amigo?

    - Si, uno blanquito de pelo claro y ojos verdes.

    - Ah ... el.

    Me quede pensando en como era que había sobrevivido, en donde estaba el, en porque no me mató o porque no ... bueno, lo que el quisiera hacer.

    - Mejor acuéstate y descansa, yo voy a traerte el desayuno.

    - Gracias.

    No entendía de ninguna manera que era todo lo que había pasado. Cuando me estaba acostando comencé a buscar mi celular y dentro de mi bolsillo encontré un folleto de la clínica con un mensaje escrito con lápiz tinta:

    Espero que la próxima vez tu sangre brote de tu cuello y no de tu cabeza. Me debes una De Lefént. Cuídate, no soy el unico que te esta buscando.
    Sivel.


    Y asi fue como conocí a Sivel, el vampiro.
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