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  1. Chicle.

    jueves, 30 de junio de 2011

    - Siempre se demora tanto...

    Miraba a los que salían mas tarde de el colegio dirigirse a sus casas e imaginaba sus rostros cansados. Mientas esperaba sentado en la única banca seca que encontré, fumaba tan rápido como podía y veía las hojas secas que nos dejó el otoño flotar sobre los charcos que nos dejó la lluvia.

    - Disculpa...

    - ¿Si? -respondí.

    - ¿Tenis un cigarro que me vendái?

    - Si -le entregué un cigarro y el saco un encendedor de su bolsillo.

    Luego de prender el cigarro saco 100 pesos del bolsillo y se sentó junto a mi, luego estiró su mano y me enseñò la moneda.

    - No te preocupis.

    - ¿Enserio?

    - Si, no me gustan esas cosas.

    - ¿Que?, ¿la plata?

    - No, bueno ... tampoco.

    - ¿Que es lo que no te gusta?

    - Cobrar por los cigarros ... mas bien, que estos se cobren.

    Se quedó en blanco un instante.

    - Pero ... si estos no se cobraran nadie los haría.

    - No creas.

    - Es así.

    - Hace un año los cigarros costaban unos 500 pesos menos y la gente los sigue comprando, ¿porque?

    - Porque les gusta fumar.

    - Exacto, ¿entonces?

    - ...

    - La gente sigue fumando porque quiere, y si en unos años las cajetillas costaran 3 lucas, créeme que las seguirían comprando.

    - Si pero eso solo deja mas en claro que el que fueran gratis no es posible.

    Entonces empecé a cabrearme un poco.

    - Pasame los 100.

    - ¿Que?

    - ¡Que me pasis los 100 hueón!

    Abrió los ojos por completo y saco los 100 pesos de su bolsillo. Acercó su mano lentamente como con el cuidado con el que que acercas la mano a un perro que no conoces. Entonces dejo los 100 pesos a mi lado, en el espacio vacío de la banca que existía entre los dos.

    Luego de tomarlos, comenzó a mirarme con claro desprecio mientras yo jugaba lanzando la moneda al aire.

    - ¿Que?, creí que te gustaba que te cobraran las hueás.

    - ¿Que hueá culiao? -se paró y subió la voz- solo intenté ser no se ... no sabia que te iba a molestar tanto la hueá.

    - Es que no me gustan esas cosas.

    - ¿Que?

    - Tu, las personas ... las que no entienden.

    - No ...

    Estuvo apunto de terminar la frase, pero logró contenerse, probablemente porque me iba a decir "no entiendo" y eso solo me daría mas motivos para seguir hueviandolo. Se quedó pensando y volvió a sentarse.

    - ¿Entonces a que te referías?

    - Lo mismo que te dije: la gente fuma por que quiere. No importa si el precio sube o si ya no los venden, la gente seguirá fumando, por que es lo que quiere hacer. Cuando uno tiene algo que hacer, algo que cumplir, no importa cuanto le cueste, lo hace. Pero hoy no se puede hacer nada para conseguir algo que uno quiera, porque todo es cobrable, todo se vende. Te lo dan ahí, listo, tómalo y llévalo, solo unas putas monedas, las mismas que cualquiera puede conseguir tanto mendigando como encerrado en una oficina. Nada tiene un valor.

    - ¿Como que nada cuesta? -mi ultimo comentario pareció molestarle de veras- todo cuesta, yo tengo un trabajo, no como vos pendejo, y se que las cosas cuestan, que hay que esforzare, que hay que ganarse la plata para conseguir las cosas. No es llegar y llevar sin ningún esfuerzo, la gente se esfuerza trabajando para pagar las hueás, ¿porqué?, porque todo cuesta.

    - Exacto, todo cuesta, pero nada tiene un valor.

    - ¡Es la misma hueá!

    - No mierda, no es lo mismo. Valor tiene para el pintor el lienzo que acaba de terminar, valor tiene para el padre el dibujo horrible que le hizo su hijo para su cumpleaños, valor tiene para el pendejo la entrada que escribe en la noche en un blog, valor tiene el cigarro que fuma alguien después de haber preparado el tabaco y haberlo enrollado con sus propias manos. Compra toda la mierda que quieras, total, todo tiene un precio, pero mientras sea cobrable, nada tiene valor, ni para el que le pagas, ni para ti, ni para nadie.

    Se quedo callado intentando contener la rabia, o quizás solo pensando.

    - Hablai puras hueás pendejo.

    - ¿Y?, hace algo contra mi; llena un formulario y lo metís al buzón de quejas, o haceme un grupo en facebook, o anda a marchar que esta de moda.

    Se levantó furioso y se fue.

    Probablemente me hubiera golpeado pero al ver el parche en mi cabeza creo que se compadeció. Entonces me levanté de la banca y me dirigí al negocio de la esquina, saque los 100 pesos, me compre un chicle de sandia y volví a la misma banca. Mastiqué el chicle hasta que no tubo sabor, y cuando me di cuenta que la persona que esperaba no llegaría, pegue el chicle a la banca y me fui.

    Y ahí quedó el chicle, sin color ni sabor, y sin que a nadie le importara.

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