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  1. El Heroe.

    jueves, 18 de agosto de 2011

    "Vemos a alguien en problemas y desearíamos poder ayudar, pero no lo hacemos.
    En el mundo en el que vivo, los héroes solo existen en los cómics.
    Supongo que estaría bien, si los malos que nos acosan también lo hicieran, pero no es así"
    Kick-Ass


    Iba yo tarde, como pocas veces.

    No encontré ningún paraguas, por lo que me puse un gorro para evitar la lluvia, unos cigarros para el frío, y las monedas que encontrara para la micro. Cuando salia de la casa, mire al cielo para ver las nubes, y por un instante, creí ver algo como una estrella fugaz, como una estela brillante, una flama en los cielos ... pero no había nada.

    Estaba ya en la micro cuando se subieron extraños seres

    - ¡Permiso Tío! -dijo uno de los tres subían

    - Pasen hueónes barsas ... -dijo a voz baja el chofer, como en señal de una pequeña protesta

    - ¿Que hueá dijo el viejo culiao? -preguntó uno

    - ¿Dijo algo el hueón? -agregó otro con rabia, mientras dejaba sonar su celular con su melodiosa música por todo el lugar.

    - Deja al viejo hueón, que nos diga alguna hueá.

    Casi una escena de pelicula; el chofer se dejaba encoger de hombros para no meterse en problemas, los "chicos malos" abusaban, el chico que observaba y se debía levantar y hacer justicia -yo- estaba en posición.

    Pero nada pasó, en la vida real no existían los héroes, y si llegaran a existir, yo no era uno.

    - ¿Y vo que mirai pokemon?

    - ¿Yo?, nada, la nieve -hasta ese momento no me había percatado que todo fuera de la micro era blanco.

    - Te meo pokemon culiao -decía, mientras se iba a la parte trasera de la micro (unos estudios basados en mi opinión y en lo que yo pienso, indica que estos seres tienen una extraña atracción por las partes traseras de las micros, quizás por el olor a humo y orina que acostumbran a sentir entre ellos)

    - Señores pasajeros mi intención no es molestarlos, pero quiero pedirles una coperación para comprarles audífonos a los flaites de atras ... -me dije a mi mismo, como una especie de pequeña protesta, imitando al chofer.

    No me di cuenta cuando se acercó, pero lo que si sentí, fue un enorme golpe en la cabeza.

    - ¡Te creis muy chistoso engendro culiao!

    Fue entonces que me percaté de que -como normalmente ocurre- no había hablado para mi, y había pensado en voz alta.

    - !Ya bájense todos los hueones! -dijo el chofer, encontrando en mi la excusa perfecta para deshacerse de sus amorosos pasajeros.

    Otro héroe... -pensé

    Cuando estaba ya abajo, en lo único que pensaba era en que no tenia plata para otra micro y en que era lo que tenia que hacer, pero aun quedaban cosas por resolver.

    - ¡Gracias engendro culiao! -escuché, antes de sentir el golpe en la cara, uno bueno, por cierto.

    De ese momento en adelante, todo fueron golpes. A unos cuantos metros a mi derecha se encontraba un paradero lleno de gente, a mi izquierda, un local con casi 5 personas comprando, a mi espada, una calle donde por cada golpe que recibía pasaban 11 autos.

    Y nadie se detuvo.

    Al tiempo que descubría mi increíble resistencia a los golpes y pensaba en como salir de allí, algo calló del cielo.

    Era un joven, un poco mayor que yo; con el pelo negro, la tez clara, una camisa manga corta roja a cuadros, unos jeans con hoyos, un piercing, e inmensas llamas saliendo de sus piernas y brazos.

    Cayó al suelo y corrió en dirección al tipo que se encontraba en frente mio, derritiendo la nieve que irrumpía su paso. Cuando lo tubo enfrente, lanzo su puño llameante contra la cara del tipo, dejándolo en el suelo. Los otros dos ya habían salido corriendo para cuando logré reaccionar.

    - ¿Estas bien?

    - Eh estado peor -le respondí-, gracias.

    - De nada.

    - En la mañana creí ver una llama en el cielo ... ¿eras tu?

    - Si, es que no me gusta mucho irme en micro al colegio, y aveces me voy así.

    - ¿Vas al colegio?

    - Obvio, algo tendré que estudiar, no creo que de superheroe me paguen mucho.

    - Lastima ... ¿y eso es lo que eres, un superheroe?

    - Bueno no se si un superheroe, pero cuando puedo ayudar lo hago.

    - ¿Y como conseguiste tus poderes?

    - Es una historia larga, y la verdad, ni tan interesante.

    Yo observaba las huellas que dejo en la nieve, en como la había derretido al pasar.

    - ¿No te asusto?

    - No, a todos nos gustan los superheroes.

    - Si pero ... no soy normal.

    - Una vez conocí a un vampiro, tampoco me dio mucho miedo.

    - Entonces creo que ninguno de los dos es normal -dijo al tiempo que sonreía- Bueno, ya me tengo que ir, cuídate, y trata de hacer que los flaites no te maten.

    - No prometo nada.

    El chico se preparaba para volar cuando le lancé una pregunta.

    - ¡Oye!

    - ¿Si?

    - Porque ... ¿Porque ayudas a las personas?

    Mi flamante nuevo amigo se quedó un rato pensando, hasta que contestó.

    - ¿Conoces a Spider-Man?

    - No en persona, pero si.

    - ¿Sabes por que pelea?

    - Por lo que le dijo su tio Ben.

    - ¿Y Batman?

    - Por la muerte de sus padres.

    - ¿Y Superman?

    - Creo que por lo mismo.

    - ¿Y el Punisher?

    - Venganza.

    - ¿Lo entendiste?

    - No.

    - Todos ellos tienen algo por que luchar, un motivo.

    - ¿Y? -pregunté desconcertado.

    - Que no es necesario tenerlo. Que no tiene que ser una gran responsabilidad, ni una venganza, ni una redención, ni por que hirieron a un ser amado el motivo por el cual hagamos lo correcto. No tengo un motivo para ser un héroe, no debo tenerlo, de eso se trata talvez ser un héroe ... luchar y arriesgarse por los demás, por el simple hecho de que es lo correcto.

    - Ahora entiendo.

    - Todos tienen la idea de que se necesita una gran convicción, o un gran poder para ser héroes, pero si todos decidiéramos hacer lo correcto por que es lo correcto, quizás todos podríamos ser héroes, y entonces, serian los villanos los que solo existieran en las historietas y películas.

    Entonces el se hecho a correr, y en unos instantes, se volvió una llama en los cielos. Yo recogí mi mochila, y al ponérmela, pensé en ella como una capa, mire la calle, di unos pasos, y comencé a volar. Al poco rato caí a tierra, pero lo sigo intentando, cada día, hasta que logre alzar vuelo, y de a poco, comenzar a ser un héroe.
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