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  1. Las plumas.

    domingo, 14 de agosto de 2011

    Me encontraba en Curauma, un lugar descrito por mis anfitriones como un "pueblo-nada-zona" de Valparaiso. Cuando iba allá no hacía mucho, generalmente nos quedábamos jugando videojuegos todo el día y aunque no suene como lo mas divertido, toda esta falta de movimiento tenía algo que me encantaba.

    Nos llamaron a almorzar, y mientras bajabamos las escaleras, una criatura negra y peluda comenzó a jugar con mi pierna.

    - ¡Bianca, sale! -escuché la voz de mi amigo, a la vez que tomaba en brazos a la pequeña Bianca y la llevaba al patio trasero.

    - ¿Bianca?

    - Si, la compramos un poco después de que se muriera la Diana.

    - Ah...

    El día que murió la Diana yo estaba acá. Despertó muerta, cuando mis amigos la fueron a ver pareció que a nadie le importaba, y cuando su madre les preguntó si querían otra perra uno de ellos respondió:

    - ¡Que chucha!, ¿acaso si se muere la abuela vamos a comprar otra?

    Y ahí estaba, un reemplazo.

    Nos fuimos sentando, y mientras servían un plato que no recuerdo que tenía, mi tía se dio cuenta de que miraba demasiado a la pequeña Bianca.

    - Bonita para ser una kiltra.

    - Si, es simpática.

    - Es que nos hacia tanta falta compañía desde que se fue la Diana.

    - Si ... supongo que por eso no eh tenido mascotas.

    - ¡Pero si tu tuviste mascota! -interrumpió mi vieja

    - ¿Cual?

    - Una catita.

    - ¿Esos pájaros?

    - Si po

    - ¿Y cuando me compraron eso?

    - No te la compramos. Erai chico, un día jugabai en el patio y llegó la cata, tu fuiste a buscar una caja de zapatos y la atrapaste, luego te la quedaste. Me acuerdo que también le compraste una jaula y ahí la tuviste en tu pieza.

    - ¿Y después?

    - Se murió.

    - ¿Como?

    - Porque esos pájaros se mueren si no están en pareja.

    - ¿Enserio?

    Todos rieron.

    - Como no sabis eso hueón, con razón se te murió -exclamó alguien, entre risas.

    Pero yo pensaba en como la soledad podía matar a algunos animales, y en nosotros como animales.

    - ¿Y si yo la hubiese dejado libre no se hubiera muerto?

    - Quizás -respondió un amigo-, las Catas buscan una pareja y se quedan con ella hasta morir, pero mueren muy jóvenes si no encuentran a la pareja.

    - Que apasionados.

    - Que biológico.

    Entonces todos nos retiramos de la mesa, y volvimos arriba.

    Jugué un rato, pero me quede dormido rápido, como sin ganas de seguir despierto.

    Empecé a soñar contigo.

    - ¿Que pasa, idiota?

    - Nada, solo quería verte...

    - Tan llorón que saliste.

    - ...

    - Yo también quería verte -susurraba, mientras me dedicaba una sonrisa.

    - Hoy me contaron que tenia una cata y que ...

    - Se murió sola.

    - Si, y me preguntaba, si es que eso le puede pasar a las personas.

    - ¿Y porque la pregunta? -mientras me lanzaba una mirada coqueta.

    - Por que yo creo que me voy a morir de soledad, como la cata.

    Entonces Rosseta comenzó a reír, como si fuera lo mas ridículo.

    - No te vay a morir de soledad, no eris un pájaro ... no entero al menos -dijo mientras reía-, nadie se muere de soledad.

    - Pero y si ...

    - Pero y si nada, no te va a pasar nada hueón.

    - Bueno.

    Entonces desperté, y todos dormían. Miré hacia la ventana y supe que ya era hora de ponerme en pie, cuando ya lo estaba, sentí algo en mi espalda.

    Una pluma.

    Mire a la cama y ahí estaban: un montón de plumas verdes ... mis plumas.

    Las tome una a una y las guarde en mi bolsillo, por si un día me atrevía a levantarme, y pegarlas a mis brazos, salir de mi jaula ... ir a buscarte.
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