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  1. La Isla de Los Sueños (Parte 1).

    miércoles, 17 de agosto de 2011

    Fue el día que mas cerca del mar estuve.

    El viento soplaba al punto exacto entre suave y fuerte, y mi pelo se movía mientras yo hundía mis pies en la arena.

    - Esta húmeda -dije, sin darme cuenta que pensaba en voz alta.

    Iba a sacar un ultimo cigarro cuando me di cuenta que el ultimo que había sacado, efectivamente había sido el ultimo.

    Decidido a irme, mire una ultima vez la puesta de sol.

    - No va a llegar ... ni siquiera existe, como los sueños -me encontré diciendo nuevamente en voz alta.

    Pero quizás, como toda historia, se entienda mejor si es que la cuento por el inicio.




    Fue una de esas pocas veces en que me acerqué al mar, por que algo tiene que me ahuyenta.

    Yo daba vueltas por la arena, y hacia como que miraba lo que ofrecían las ferias artesanales (de las cuales tengo la teoría de que se encuentren al sur, al norte, en la costa, o en la capital, siempre enseñan lo mismo).

    - Consulte nomas joven -me dijo una anciana, con una voz calmada

    - No gracias, estoy mirando nomas -e intente esbozar una sonrisa

    - ¿Te gustan los colgantes? -lanzó al tiempo que observaba los que llevaba a mi cuello

    - Si, bastante la verdad.

    - Creo que tengo algo que te va a gustar.

    Antes de que pudiera encontrar la manera mas cortés de pedirle que no buscaba nada, la anciana abrió una caja con cubierta de cuero y comenzó a enredar sus delgados dedos entre los cordeles de un montón de collares y colgantes que guardaba en la caja. Dentro albergaban miles de piedras de distintos colores, y casi daba la impresión al ver sus largos y delgados dedos entre las piedras, de que era un pulpo moviendo sus tentáculos por el coral.

    - Toma -me dijo decidida- este te va a gustar.

    Y si que tenia razón la vieja. Era una piedra semi transparente (como estas de vidrio que se encuentran de adorno en las casas) de un anaranjado cálido que parecía haber guardado una puesta de sol dentro de ella. No tenia una forma concreta, si se observaba detalladamente, no era mas que una piedra ordinaria, pero cuando la veías fijamente, por un instante, casi podías sentir un sol de enero.

    - ¿Que piedra es esa? -fue lo único que logre articular

    - Es una piedra de la Isla de Los Sueños, muy difícil de encontrar.

    - ¿La Isla de Los Sueños?

    - Si, cuenta una historia que existe una isla donde se encuentran todos los sueños de las personas, todo lo que siempre han deseado.

    - Señora ... ¿usted a visto muchas veces los piratas del caribe?

    - No, solo persigo mis sueños, algo que parece hacerte falta.

    Ambos nos quedamos en silencio. Ella buscaba mi mirada, como intentando encontrar mi reacción, yo solo miraba la piedra ... la puesta de sol.

    - Dicen que cuando te estas acercando a la isla, toda el agua parece tomar el color de estas piedras. Los que han llegado cuentan que a la puesta de sol, parece que el astro rey se hubiera desmembrado, y que sus partes se hubieran hundido en el mar, reflejándose en cada parte de este, brillando desde las profundidades.

    - Pero, ¿y de donde sacan las piedras?

    - Están al fondo. Tienes que hundirte al mar y llegar hasta lo mas profundo, entonces, toma una piedra, y cuando vuelvas a la superficie, la podrás ver brillar ... y será tuya.

    Pensaba en lo ridículo que sonaba todo; los sueños, las piedras brillantes ... pero cuando volvía a fijar mis ojos en ella, parecía que todo fuese real, como una suerte de romance, en el cual todo te parece ridículo hasta que logras sentirlo.

    - Entonces ...

    - ...

    - ¿Te la llevas?, son dos lucas.

    Creo que eso mato un poco la magia del momento.

    - ¿No se supone que debo yo conseguir la mía?

    - Claro, solo si es que crees en los cuentos de una vieja que vio muchas veces los piratas del caribe.

    Sonreí.

    - Entonces, ¿como llego?

    - Hay un viejo marinero que pasa con un gran bote cada cierto tiempo, recoge a los que quieran ir a buscar sus sueños. Lo puedes encontrar en la puesta de sol, por el lado de la playa donde la arena siempre se siente húmeda.

    - ¿Y si no llega?

    - Entonces quizás todo esto fue un sueño.




    Aquí me encontraba, decidido a marcharme, pensando si es que todo había sido un sueño, y en la utilidad de estos.

    - Deja de soñar, De Lefént -me dije

    Y Cuando me disponía a darle la espalda al sol, lo escuche llegar.

    Así fue que empezó.

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