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  1. Cuando no se avanza.

    domingo, 12 de febrero de 2012

    I.

    Antes de comenzar, debo jurarles que todo lo que aquí contaré es completamente cierto, y que la prueba de que salvé el mundo y el tiempo, son el mundo y el tiempo en si, aunque aun no se entienda.



    II.

    Abrí los ojos, algo extraño había en el aire.

    - Levántate- se escuchaba la voz de mi madre.

    - ¿Que ... porqué?

    - Al colegio, apurate.

    El oír esa horrible frase despertó en mi una angustia tremenda, y la sorpresa se hizo notar en mi voz.

    - ¿Al colegio, me estay hueviando?

    - Déjate de bromas, y no digas garabatos.

    Pensé en decirle que no era broma, y que los garabatos y las groserías eran cosas distintas, pero extrañamente mi incomprensión le gano a mis impulsos. Mi madre hablaba en serio, la conocía, era pésima mentirosa (uno de los motivos que me hace dudar de nuestros lasos sanguíneos), y si me estuviera haciendo una broma yo me hubiera dado cuenta, por lo que solo accedí a ir a la ducha, tragar el desayuno, y finalmente subir al auto.

    Colegio en verano ... puta pesadilla, anoche estaba tranquilo en la playa y ahora esto. Pensé que quizá fuera el vodka, siempre que me emborrachaba tenía pesadillas.

    Pero esto era peor que una pesadilla.



    III.

    - ¿Que hacemos aquí?

    - Dejate de bromas. Colegio, bajate, tu papá va a llegar tarde.

    - ¿Es enserio?

    - Deja de lesear, toma tu almuerzo y bajate.

    - ¿Enserio?

    El auto se fue y yo me quedé mirando la entrada.

    Mi viejo colegio.

    El lugar en si era una maraña de recuerdos, risas y tristezas, pero por sobre todo, emitía una energía repulsiva, como alguien diciéndote constantemente al oído: vete.

    Cuando logré volver en mi, me dispuse a entrar. Me dirigí hacia la ultima que había sido mi sala. Me sorprendía de como había pasado tanto tiempo, y nada parecía haber cambiado realmente: los mismos lugares, la misma infraestructura, las mismas personas ... las mismas personas.

    No eran las mismas personas.

    - ¿Axel, también estay atrapado en esta mierda?

    - ¿En que? -me dijo, con un tono de normalidad en el que no se parecía reflejar que estuviéramos aun en febrero pero en clases, que parecíamos haber vuelto atrás en el tiempo, o principalmente que el sea mi compañero de curso en mi colegio actual, y que por algún motivo esté aquí, como si hubiera vuelto atrás conmigo, pero formando parte de la normalidad de esta ... ¿realidad?

    - Este no es nuestro colegio, y estamos en verano hueón.

    - Siempre hemos ido en el mismo colegio, y estamos en julio. ¿Que onda De Lefént, de nuevo estay tomando ron los domingos en la noche?

    - No hueón, te estoy diciendo que algo raro pasa, mira a nuestros compañeros, son personas de otros cursos y de distintos colegios, a algunos ni los conozco ... ¿julio?

    - Julio.

    Me quedé en silencio un rato, mientras escuchaba una clase que ya había escuchado años atrás, con el mismo profesor que por lo que yo recordaba, ya ni siquiera hacia clases en ese lugar.

    Esperé el recreo.

    Cuando salimos, me senté en una escalera con Axel. El guardaba un silencio típico en el, y yo pensaba en lo que realmente estaba pasando.

    - ¿De verdad que no notas lo que esta pasando? -le pregunté.

    - ¿Te estay volviendo loco?

    - Enserio -debí haber dejado notar la pena en mis ojos, porque la mirada de Axel cambio, y pareció tomarme en serio.

    - Bueno, supongamos que te creo, ¿que se supone que pasa, volvimos en el tiempo?

    - Eso creía, pero si hubiera vuelto sería solo, tu hubieras vuelto a otro lado, ademas, todo sería igual, pero no es así.

    Tome un respiro, Axel no dijo nada.

    - Nada parece tener sentido.

    - ¿Como si todo estuviera desordenado?

    Eso era, el tiempo estaba desordenado. Como si alguien hubiera tomado las mismas cosas de siempre, y las hubiera tirado para dejarlas tal como cayeron.

    - Me gusta como pien...

    Ya no estaba. Volvimos a estar en la sala, ahora el profesor era uno de mi colegio actual, Axel tenia una cara horrible.

    - ¿Que pasó? -dijo Axel, como si se hubiera percatado de lo que acababa de pasar.

    - Se desordenó de nuevo, pero esta vez fue mas brusco, no solo yo me di cuenta.

    - Debe ser un sueño.

    - Ya intente con esa mierda, no sirve, algo pasa y hay que arreglarlo.

    Salimos de la sala, a nadie pareció importarle. Afuera, todo era peor.

    IV.

    - ¿Te acuerdas de el?

    - Si -me dice, con unos ojos brillantes que aun no pueden admitir todo lo que por ellos veiamos-, salió de cuarto cuando nosotros íbamos como en sexto, cuando estábamos en este colegio.

    - ¿Y de ellos?

    - Salieron el año pasado, pero de nuestro colegio actual.

    Disfrutamos un rato sentados juntos. Si bien todo parecía volverse cada vez peor, era mas que un caos lo que nos rodeaba, nos vimos rodeados de nuestras memorias, de la gente que de a poco había aportado a irnos construyendo, de las risas, las peleas, los problemas, cada persona que aparecía y desaparecía a nuestro alrededor era un buen recuerdo, un minuto perdido en el tiempo que en este momento, parecía valer la pena encontrar.

    Pero no todo podía ser tan bueno. El que Axel se hubiera percatado de lo que estaba pasando significaba que las cosas se estaban desordenando mas y mas. La primera vez que ocurrió (cuando desperté), el desorden había tomado cierta coherencia: mis padres, las personas, Axel, nadie se percataba de lo que pasaba, para ellos esto era la realidad. Pero ahora, sea lo que sea que estuviera haciendo esto, no se había tomado la molestia de darle coherencia a lo que pasaba, quizás Axel y yo no eramos los únicos que se estaban dando cuenta de lo que pasaba, lo que solo podría terminar en confusión, y posteriormente, caos.

    - De Lefént ...

    Ahora estábamos en el casino, otra vez todo había sido arrojado al suelo, otro mundo se había creado.



    V.

    - Si, cambio de nuevo -le respondí.

    - Mira de nuevo, se esta poniendo feo.

    Muchas personas mostraban rostros de incomprensión, algunos gritaban pidiendo explicaciones, mientras otros de los que se acababan de percatar de lo que pasaba mantenían discusiones con los que aun no se daban cuenta.

    - Doy unos 10 minutos antes de que todos se pongan a pelear y quede la cagá, yo digo que nos vallamos -me dice Axel, con una sonrisa en la cara.

    - Si es que no cambia todo de nuevo en 10 minutos, y sobre irnos, ni cagando, siempre he querido ver una pelea en un casino, como en las películas gringas.

    Cuando las peleas ya se estaban armando, como en una especie de baile, todas las cabezas voltearon, las miradas se desviaron hacia las ventanas, y detrás de estas, el cielo se dejó ver.

    Un cielo de extraños colores, como un arco iris retorciéndose sobre si mismo, para después separar sus franjas en formas fantasmales que se espacian por el cielo.

    - Que mierda ... Axel...

    Pero Axel no estaba, ya ni siquiera estaba en el Casino, aparecí en el segundo piso.

    - Esta cambiando muy rápido -me dije a mi mismo, para después ponerme un poco triste, ahora si que me encontraba solo.

    Todos a mi alrededor se estaban golpeando. Eso es lo que pasa cuando la gente tiene miedo: busca a quien culpar. Nunca se intentan ayudar entre ella, ni intentan superar sus miedos, solo buscan a quien culpar, a alguien a quien golpear, como si entre sus golpes fueran a hallar alguna respuesta.

    - ¡De Lefént, ayudame hueón!

    Oí la voz de Axel desde atrás hacia mi derecha. Ni siquiera miré, solo corrí hacia esa dirección. Cuando estuve cerca de el, distinguí dos cuerpos peleando, el de Axel dándome la espalda. Lo tomé del cuello de su polera y lo corrí hacia atrás, aún no lograba ver el rostro del contrincante, pero mi puño ya estaba arriba, listo ... para hacer su mejor intento.

    Pero lo que vi fue mas fuerte que cualquier golpe que hubiera logrado dar.

    Era Axel.

    - Que ... ¿Axel?, pero...

    Mira hacia mi lado y ahí estaba Axel, y hacia el frente, una versión mas pequeña de el, mas joven, con un espíritu altanero, y sus mismos hermosos ojos. Pero estos diferían en algo: aunque igual de hermosos, se conservaban puros. No necesitaba hacer preguntas, esos ojos aun no contemplaban el dolor que habíamos vivido hace algunos años, aun no perdían su brillo.

    - ¿Tu crees que estamos en el 2009, cierto? -le dije al Pequeño Axel

    - Si ... ¿Como sabes?

    - Una corazonada. ¿Me reconoces?

    - Si ... pero te ves mas viejo.

    - Son solo unos años la verdad, pero si, ya me estoy poniendo viejo.

    El Pequeño Axel soltó una sonrisa que duró hasta que vio al Axel actual a mi lado, su cara se desfiguró, se transformó en miedo puro.

    - ¡¿Quien es el?! -dijo furioso el Pequeño Axel, lanzándose hacia Axel, intentando golpearlo, pero no con el fin de herirlo, sino como una persona tratando de alcanzar el arco iris, como una persona tocando un espejismo: intentaba saber si era real.

    - Calmate -mientras lo detenía entre mis brazos-, se que esto es raro, pero el es tú en el futuro, el tiempo se esta desordenando, algo extraño esta pasando pero debes calmarte.

    Siguió convulsionándose entre mis brazos hasta que pareció aceptarlo. No completamente convencido, pero eso ya no importaba, todo se estaba desmoronando, había que aferrarse a algo, y para el yo era lo único que tenía.



    VI.

    Nos encerramos en una sala. No iba a servir de mucho cuando el tiempo volviera a desordenarse, pero era lo mas seguro por el momento. Afuera todo eran peleas, y hasta se estaban formando bandos. El Pequeño Axel no era el único que estaba fuera de lugar, cuando me acercaba a la ventana podía ver cada vez mas "dobles" de tiempos pasado luchando con sus partes iguales actuales.

    Algo común entre estas peleas de "dobles" era que buscaban resolver quien era el verdadero, y por algún motivo, los del pasado les partían el culo a los del presente, y al ritmo que esto avanzaba, en unas horas todos serían reemplazados por sus temerosos y confundidos alter egos pasados.

    El pasado pateandole el culo al presente, quien lo diría.

    Mientras yo miraba por la ventana, los Axel conversaban, se daban consejos entre ellos, y el Pequeño Axel le preguntaba cosas al actual, casi en su totalidad sobre las mujeres que tendría en los años posteriores.

    Axel parecía tratar bien con su pasado. Quizá esa era la clave de todo esto, en lugar de golpearlo, ocultarlo y tratar de acabar con el.

    De pronto la tranquilidad de quebró, un cristal reventó, alguien intentaba entrar a la sala.

    - Mierda, ¿que hacemos? -pregunté sin saber a quien, solo deseando una respuesta.

    - No abrir -dijo Axel-, esos tipos tienen miedo, están confundidos, y si me ven a mi y a mi mini-mi, lo mas probable es que nos maten a ambos.

    - ¿Si salimos por la ventana? -dijo el Pequeño Axel.

    - Segundo piso, es mucho -dije- ... por la mierda, ahora este tiempo culiao no se puede desordenar.

    La puerta comenzó a moverse violentamente, no importa que hiciéramos, entraron.

    Ni siquiera se dieron el tiempo de mirarnos, solo nos golpearon. Una masa de gente golpeanonos. Intente mantener el conocimiento para ver que les pasaba a los Axel, pero por donde fuera que mirara salia golpeado. Recibí uno fuerte en el estomago y luego otro en la cara, al segundo siguiente estaba acostado en el pasto del patio, sintiendo aun el golpe que me acaban de dar.

    Se habia desordenado de nuevo.

    No tenia ganas de levantarme del suelo, y aunque las tuviera, tampoco tenia las fuerzas. Parecía como que ya nadie tuviera fuerzas, si el tiempo no se hubiera desordenado, de todas formas los tipos hubieran dejado de golpearnos. Ya ni de eso habían ganas, todo estaba desmoronado, el presente se había vuelto un ideal ingenuo, el futuro un sueño, y el pasado se había apoderado de cada rincón del mundo, reemplazándolo y dejándonos en un eterno atrás.

    Y pensar que ayer me encontraba tranquilo en la playa, fumando como un cerdo y borracho hasta no poder.

    Después de un rato logré levantarme. La cara me ardía por tantos golpes, y a la vez este mismo dolor me hacia levantarme. Hay algo en el dolor que nos hace mas fuertes, como si el dolor fuese una voz burlona que te pregunta con un tono chillon: ¿hasta donde puedes llegar?, y tu te levantas, con el cuerpo ebrio aun y el dolor palpitando en tu cuerpo, pero no te importa, quieres demostrarle que vas a llegar mas y mas lejos.

    Busque a los Axel, pero no los encontré, también me percaté de que las formas de las cosas estaban cambiando, los edificios se volvían amorfos, al igual que el suelo tomaba una consistencia casi gelatinosa. Esta vez si que la coherencia se había ido a la mierda. Lo mas probable era que el mundo solo soportaría desordenarse unas pocas veces mas, y luego ... luego nada.

    Seguí caminando y subí hasta un tercer piso que en cualquier momento caería sobre si mismo, una vez arriba, me apoyé en una baranda y observe el caos que había abajo, probablemente lo ultimo que observaría.

    De pronto escucho subir a alguien las escaleras. Era un profesor, uno al que le tengo bastante cariño. Llevaba un cigarrillo en la mano, en la otra un libro de clases, y la mirada completamente tranquila. Casi parecía que entraría a una sala a dar clases, como si nada estuviera pasando.

    Me acerque a el.

    - Profe.

    - ¿Si?

    - ... ¿Usted fuma?

    - Solo a veces.

    - Ah ... bueno no era eso, es que ...

    - ¿Si?

    Yo no me di cuenta, pero mi voz tomo un tono completamente infantil. Como la de un niño preguntándole a su padre que animal es ese, que dice en el letrero, o de que están hechas las nubes.

    - ¿Porque el tiempo se rompió?

    Y el casi sin pensarlo, respondió:

    - Supongo que es lo único que se puede esperar cuando no se avanza.

    Luego de decir eso se marchó, y yo me puse a pensar en la noche anterior.

    Como la pasé emborrachándome sin ningún motivo, para terminar durmiéndome solo. Eso hacia yo hace algunos años, me sentía mal, me emborrachaba, y me dormía, nada mas.

    Supongo que al volver a esas costumbres se podría decir que estaba dejando que el pasado volviera y se plantara sobre mi vida, y eso no era tan distinto, ni mejor, que lo que estaba pasando ahora.

    - Ya se que hacer.

    Me levante con mas fuerza, caminé hacia la sala que se encontraba al final del pasillo, y cuando abrí las puertas, una gran luz llenó todo, y me segó por completo.

    Cuando volví a abrir los ojos, el sol estaba dándome en la cara, la brisa del mar me enfriaba los pies, y yo descansaba sobre mi cama.

    Hora de levantarse, hay mucho por hacer.
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